Hasta el coño

“Según la modificación presente de la sociedad, el placer es el asunto central de la vida de una mujer y, mientras continúe siendo así, poco puede esperarse de esos seres débiles. Heredada la soberanía de la belleza en descendencia directa del primer bello defecto de la naturaleza, para mantener su poder tienen que renunciar a los derechos naturales que el ejercicio de la razón les habría procurado y elegir ser reinas efímeras, en lugar de trabajar para obtener los sobrios placeres que nacen de la igualdad” Mary Wollstonecraft. Vindicación de los Derechos de la Mujer, año 1792.

Las mujeres, por norma hablada y escrita, estamos siempre observadas, vigiladas, recomendadas, insultadas, juzgadas, castigadas, categorizadas y sometidas a las imposiciones que la sociedad patriarcal determina.Aseveraciones como la de Plutarco: La mujer del cesar, no sólo debe ser honrada, sino parecerlo; las del refranero español: Mujer sin varón, ojal sin botón, Quien bien te quiere, te hará llorar, De la mala mujer no te guíes, y de la buena no te fíes, A la mujer barbuda, de lejos se le saluda, con dos piedras mejor que con una, Al hombre de más saber, la mujer lo echa a perder; son ejemplos reales de la consideración que las mujeres tenemos en lo más profundo de nuestro imaginario social trasmitido de generación en generación.

La lucha de las mujeres siempre es puesta en cuestión, siempre genera debate cuando se habla de igualdad en el amplio sentido de la palabra. Incluso tenemos que soportar que nuestras reivindicaciones globales sean consideradas en la categoría de “caprichos” rebajando intencionadamente la importancia que tienen en la transformación de nuestra sociedad.

Luchar por nuestros derechos es difícil, porque nos jugamos la vida. No se trata de un enemigo a batir. Se trata de cambiar la mentalidad. Se trata de no tener que justificarnos continuamente, de no tener que defendernos continuamente, de no tener que soportar juicios de valor continuamente. Se trata de que nuestra Libertad no tenga que ser analizada, debatida y puesta en duda en los gobiernos. Se trata de tener derecho a la salud y sanidad (se incluye el aborto), a la educación, al trabajo... Se trata de que se nos respete y valore por lo que somos, por lo que hacemos y por lo que queremos ser; no por lo que nos tienen preparado para que seamos o hagamos. Se trata de no consentir que nos incapaciten detrás de la preposición “de”: mujer de; hija de... Se trata de desmontar: detrás de un gran hombre, hay una gran mujer. Detrás de un gran hombre está su sombra, su espalda y su culo. Al lado, seguro que hay más gente.

Suena fuerte, pero tengo que escribirlo: Estoy hasta el coño de marichulos, de fachamonguers, de sobrados, de los “don limpio”, de quienes me quieren dar lecciones, de quienes terminan las frases que empiezo, o de quienes copian lo que digo atribuyéndose mérito e idea, de babosos, de perdonavidas, de falsos condescendientes, de falsos protectores, de falsos acompañantes, de curas, de imanes, de obispos, cardenales y papas. Estoy hasta el coño de quienes se creen con el derecho de manejar nuestra vida, a entrar en nuestra intimidad y pensamiento. En definitiva: estoy hasta el coño de quienes pretenden tener dignidad machacando la nuestra, de quienes pretender tener libertad, cercenando la nuestra, de quienes pretenden tener riqueza a costa nuestra. No nos vamos a rendir. Ya no.

Las mujeres no somos propiedad de nadie. No soy propiedad de nadie.

NOTA: Y Begoña es tan libre como cualquiera de nosotras.

Encarni Pámpanas

Psicóloga.

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