Otra España

Durante mucho tiempo algunos, de manera interesada, nos han querido hacer creer que España era sólo aquella España machadiana de “charanga y pandereta, cerrado y sacristía” ; la España del “vuelva usted mañana” de Larra. Un país atrasado, perezoso, decadente y con aroma rancio de vieja dictadura.

Frente a esto, los defensores de la independencia de Catalunya esgrimían sus reivindicaciones que eran, nada menos, que la libertad, la democracia y los valores republicanos que nos debían garantizar nivel de vida a la altura de los países más desarrollados del mundo. Únicamente había que librarse del yugo español que nos oprimía y nos lastraba.

Y, de repente, todo ha cambiado. A principios de este mes de junio hemos visto emerger a otra España encarnada en un nuevo presidente del Gobierno y una composición del Consejo de Ministras/os sorprendente. Nos sorprendieron varias cosas que no deberían haberlo hecho, pero la verdad es que estábamos casi resignados hasta ese momento a tener un Gobierno poco reconocido en el resto del mundo. Un Ejecutivo sin políticas activas en el mejor de los casos, y regresivas en el peor, en campos tan prioritarios como la lucha contra las desigualdades sociales y económicas, las políticas de género o las urgentes necesidades para evitar el cambio climático. Por nombrar tres de entre otras muchas tanto o más importantes.

Sin duda, es muy importante tener un presidente capaz de sobreponerse a las dificultades y salir adelante gracias a unas profundas convicciones y capacidad de sacrificio. También es muy importante tener un Gobierno compuesto por personas preparadas y respetadas en sus respectivos ámbitos y que comparten una idea de país abierto, moderno, progresista y con oportunidades para todas las personas que viven en él, independientemente de su origen social, familiar o geográfico.

Pero, para mí, lo más importante no es sólo lo que se es, sino lo que se hace. Una de las primeras decisiones de Pedro Sánchez fue la de acoger a los 630 refugiados del Aquarius y que hace pocos días llegaron al puerto de Valencia. Fueron unas imágenes que nos emocionaron a muchos.

Ante una emergencia humanitaria un Gobierno decente tiene que actuar rápidamente para salvar las vidas de unas personas que deberían tener tantos derechos como nosotros y que vienen de pasar un calvario, no sólo en el mar, sino en la penosa travesía por África en la que han sufrido abusos, esclavitud, hambre y sufrimientos inhumanos. La actitud del Gobierno socialista español ha contrastado con la del Gobierno italiano, que ha cerrado sus puertos ante esta crisis.

Espero que esta actuación de nuestro Gobierno y la denuncia de muchas ONGs que hasta ahora predicaban en el desierto sirvan de lección para una Europa y un mundo desarrollado que se niegan a reconocer que estamos ante la gran crisis demográfica del siglo XXI y que, por muy altos que sean los muros y por muy profundos que sean los mares, no van a impedir que estas gentes que luchan cada día por sobrevivir continúen llamando insistentemente a nuestras puertas.

La apuesta valiente y urgente, cueste lo que cueste, por establecer condiciones democráticas y oportunidades de desarrollo económico en sus países de origen puede ser una solución, aunque posiblemente no la única.

Otra España se empieza a vislumbrar aquí y en el resto del mundo, por suerte.

Pere Navarro

Miembro del Comité Federal del PSOE, delegado especial del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona y licenciado en Biología por la UAB. Fue alcalde de Terrassa entre 2002 y 2012, primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC)entre 2011 y 2014, diputado del Parlament de Catalunya y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A lo largo de su carrera profesional ha desarrollado distintos cargos de dirección como presidente del consorcio Localret y presidente del Fons Català de Cooperació al Desenvolupament. En 2013 la Fundación City Mayors lo incluyó en la lista de los mejores alcaldes del mundo.

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