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La cuestión no es la dimisión sino el nombramiento

Maxim Huerta ha sido el ministro más breve en la democracia española. Ni una semana ha durado. Hemos pasado, como un péndulo, de un extremo al otro: de un gobierno cubierto de corrupción hasta el cogote que no soltaba sus escaños ni con agua caliente a un ministro que no ha terminado de aprender cómo se llega a su despacho y ya está saliendo de él.

Sí, Huerta defraudó a Hacienda hace diez años. O al menos estuvo a punto, porque le pillaron y él pagó lo que le pidieron. Bueno, más bien esto lo hizo el asesor fiscal de turno, que es el que le lleva los papeles a esta gente que gana semejante pasta y que no tiene ni idea de lo que tiene que hacer más allá de su papel diario, que viene a ser hincharse de cobrar por mantener girando la rueda del hámster. Ellos se encargan de eso y para mantenernos entretenidos cobran lo que ni nos imaginamos.

Y ponen sus cuentas en manos de representantes o de asesores. Y éstos, en el mejor de los casos, se dedican a “interpretar” las normas, engrasando por aquí y por allá, para que sus clientes estén encantados de la vida y “ahorrándose lo máximo posible”. Y digo “en el mejor de los casos” porque algunos ha habido que, además de “ahorrarle una pasta en tributos a sus clientes”, se han dedicado a trincarles. Que se lo digan a Luis del Olmo, que le desaparecieron 14 millones de euros.

Sí, de esto va el mundo de los que ganan un millón de euros al año, o más (Ana Rosa Quintana gana unos 4 millones de euros al año, como Pablo Motos, seguidos muy de cerca de Jesús Vázquez, que andaba en 3,5 millones por temporada, los 3 de Jorge Javier Vázquez, Matías Prats con 2 millones por el informativo del fin de semana). A esta gente, cuando tienen que hacer declaraciones, les suelen salir cantidades de cientos de miles de euros.

La primera vez que oí hablar de estas cosas fue en los pasillos de la tele. Eran varios los que se encontraban en “problemas” con Hacienda. Y todos comentaban precisamente que hubo un cambio de criterio: que venían tributando de una manera durante mucho tiempo y que de pronto, cambió la interpretación de la norma y les empezaron a pedir un dineral a todos. Algunos había endeudados para pagar lo que le debían a “Montoro” (según decían).

Lo de Huerta suena a lo mismo. Y yo sé que a los humildes mortales esto nos resulta escandaloso. Porque hablan de cientos de miles de euros que no se han declarado. Y es lamentable y bochornoso. Pero lo cierto es que también se ha cumplido por su parte con lo que se le reclamaba. Seamos justos. Dudo mucho que este señor tuviera la intención de defraudar a Hacienda: más bien me temo que se dejan en manos de esos asesores que “se lo afinan” para pagar lo menos posible y no prestan realmente atención a los apaños que les hacen. Y como eso funcionaba, nadie se preocupaba. Hasta que fueron a por ellos y les tocó pagar por todo lo que no habían pagado.

De aquélla, todos convencidos de que no podía aplicarse con carácter retroactivo una interpretación de la norma que hasta el momento se había interpretado de otra manera. La cuestión es que posiblemente alguien estuviera haciendo la vista gorda, que no se tratase de “otra interpretación” sino más bien de no haberse ocupado en serio del asunto. Hasta que llega alguien que se ocupa, y vienen las sorpresas.

Sea como fuere, el caso es que este señor pagó lo que se le dijo que debía pagar. Y como no estuvo conforme con el asunto se metió en juicios con la Administración. Y perdió. Pero desde luego que no trató de escurrir el “bulto”, sino más bien, a mi me queda claro en su actitud, que estaba muy convencido de lo que su asesor fiscal había hecho (a veces los asesores fiscales, por defenderse y proteger su “profesionalidad” tiran pa’lante y llevan a los clientes a lugares poco recomendables, dicho sea de paso).

Pero Huerta al llegar al ministerio estaba limpio. No tenía cuentas pendientes con nadie y había cumplido con la administración, con hacienda y con la justicia. Vaya, que me parece que su dimisión es carne para la jauría, como él mismo ha dicho. Y me preocupa. Porque abrimos un precedente extraño de baremar.

Me preocupa que se le haga dimitir por algo en lo que ahora mismo no tiene ninguna responsabilidad, ni siquiera es algo que esté abierto. Si nos basamos en el estado de derecho, esta persona pagó por su irregularidad y eso significa estar en paz con el sistema. Me preocupa que esto haya tenido más relevancia que las declaraciones públicas insultando a personas concretas (atendiendo a su ideología o raza). Me molesta que aún no se hubiera disculpado por ello, y que además, haya eliminado algunos de sus mensajes públicos, dejando otros igual de lamentables.

Es como Cifuentes: se fuerza su dimisión por el escándalo de las cremas, que en realidad nunca llegó a robar y que, en realidad, ponían de manifiesto algo peor que su intento de hurto: la mafia que funciona en este país y a la que nadie ha pedido responsabilidades. El hecho de mantener esa grabación, cuando debería haber sido eliminada por la propia empresa; la posibilidad de que se haya utilizado durante siete años para amenazar a una responsable política; el descaro en hacer caer a una persona de una manera o de otra en el transcurso de quince días. Lo de las cremas, lamentable, pero no suficiente como para provocar lo que se supone que aparentemente desencadenó. La evidencia de que consiguieron derrotar a una persona puesta entre las cuerdas porque alguien quería que así fuera, en ese momento y de cualquier manera.

Pues lo de Huerta igual. Algo sacado de madre que huele a mierda, pero que en realidad, con un poco de equidistancia, aplicando justicia al tema, no es para dimitir. Otra cosa es que, efectivamente, ni Cifuentes ni Huerta fueran los mejores perfiles para desempeñar semejantes funciones. Pero no sólo por una posible cleptomanía o por unas formas de vida “farandulescas”: sino por su propio perfil, su trayectoria y su manifiesta incapacidad para tomarles muy en serio. Pero somos a veces más papistas que el papa, y tragamos con cualquier cosa, qué le vamos a hacer. Y cuidado con criticar, porque entonces te verás envuelto en una maraña de incoherencias.

Huerta no debía dimitir ayer. Pero es que no debería haber sido nombrado hace una semana.

Beatriz Talegón

Abogada.

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