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El PSOE a la deriva

Pedro Sánchez será recordado en la historia del Partido Socialista como quien le dio la estocada final a la formación. Ya lo decía Pérez Tapias: “135 años de historia no le garantizan al partido la supervivencia, ni siquiera 5 años más”. Y cuánta razón tenía.

Tras la primera “victoria” de Sánchez en aquellas “primarias”, el PSOE se convirtió en una formación de eslogan vacío, de imagen, de programa de Bertin, y de Calleja. Un reallity, un culebrón que iba generando pasiones. Por las declaraciones públicas de su líder, por las puñaladas internas, por las traiciones, por la reconfiguración de las familias, por las voces cantantes y las desaparecidas en combate.

Un episodio bestial, aquel golpe de estado el 1 de octubre de 2016 que sirvió para reconstruir una imagen, un relato: el del ave fénix Sánchez que resurgiría más fuerte de sus cenizas. Aquella entrevista a Jordi Évole en la que parecía “haberse caído del guindo”, como se suele decir, donde anunció que recorrería la piel de toro para reivindicar la izquierda: cantando la internacional, puño en alto, rodeándose de banderas republicanas. Todo pose, que incluso a mi, llegó a engañarme.

Esas promesas de sacar a Rajoy de Moncloa en cuanto fuera elegido Secretario General, los gritos de Iceta del “¡líbranos de Rajoyyyyyyy, Pedro!” han quedado para el recuerdo. Pues lo cierto es, que desde que Sánchez recuperase su trono, nada de lo prometido ha pasado. Más bien al contrario.

Aún recuerdo las conversaciones que manteníamos el pasado verano, sobre la necesidad de que el PSOE fuera el partido del diálogo, que promoviera el acercamiento entre las posturas más polarizadas con respecto a Cataluña. Y Sánchez decía que si, que esa era su intención. Incluso recuerdo, a pesar de su tibieza, la propuesta de reprobación a Soraya tras las cargas policiales del 1 de octubre. En una semana todo cambió: retiró la reprobación y dio un giro a su discurso. Ya no nos iba a librar de Rajoy sino que, más bien, le acompañaría en la foto del 155.

Al principio fue tímido, pues no quedaba del todo claro su papel en el sainete. De hecho, después de haber negado rotundamente el apoyo al Partido Popular en esa empresa, terminó aplaudiéndolo casi hasta que le sangraron las manos. Y lejos de rebajar tensiones, ha ido echando cada vez más leña al fuego, embuído en una actitud hooligan contra los soberanistas catalanes. Con sus comentarios sobre Puigdemont, demostrando no tener el más mínimo interés por acercarse, escuchar o facilitar de alguna manera el entendimiento.

Ya lo dijo en algún lugar: durante esta legislatura no tenía pensado mover un dedo. Seguramente porque es consciente de que está secuestrado por los diputados de Susana, por esos que se ausentan cuando hay que votar cuestiones sociales importantes en el Congreso.

Lo cierto es que Pedro lo ha tenido “a huevo” para conseguir ser lo que desde España hace falta: un partido socialdemócrata, que defienda las urgentes medidas sociales que han de frenar la regresión en derechos y libertades de una mayoría social que hoy ya no se siente representada por nadie.

Habría sido la clave para mantener el “capital” (nunca mejor dicho) que el PSOE había conseguido mantener contra viento y marea, y sumar, abriendo la organización, a tantas personas que se encontraban (con razón) decepcionadas.

Sin embargo, la deriva del PSOE le lleva de cabeza a su desaparición como fuerza de cambio, como organización con credibilidad y que pueda generar confianza a unos hipotéticos votantes progresistas, modernos y hastiados.

Sus planteamientos están resultando ya alarmantes: el hecho de no haber sido capaces de reconocer la existencia de presos políticos (cuando se cumplen los requisitos así considerados en el ámbito del derecho internacional), cuando ha mirado para otro lado ante las agresiones que desde el ministerio de Interior se ejercieron contra la población pacífica, cuando ha protagonizado la avanzadilla de los que han acudido al Tribunal Constitucional para tratar de judicializar cualquier cuestión en Cataluña…. Cuando ha perdido cualquier resquicio de republicanismo (si es que lo tuvo alguna vez). Cuando en lugar de calmar las aguas las ha revuelto más todavía.

Su última aportación a este sinsentido han sido las recientes declaraciones, de esta semana, del Secretario General y de su Secretario de Organización: proponen modificar el código penal para que así pueda adaptarse el delito de rebelión a lo que está sucediendo con el soberanismo catalán. Incluidos los actos pacíficos. Sí. Literal.

En lugar de fomentar diálogo, entendimiento y alcanzar puntos de acuerdo desde una supuesta perspectiva republicana y federalista (que dicen defender en sus estatutos y resoluciones), está echando carreras para ver quién gana la medallita del más retrógrado y limitador de los derechos y las libertades. No olvidemos su inestimable ayuda para hacer posible la última modificación del Código Penal en 2015.

En fin, que nada le queda ya a este PSOE de Socialista, ni de Obrero, ni de federalista republicano. Todo un engaño que pronto terminará por desegañar a los que todavía creen que de ahí puede recuperarse algo. Una lástima, sobre todo para tantas personas que se han creído, de buena fe, todo lo que les han contado.

Se valen de sus Ongs, de sus asociaciones camufladas para emitir comunicados que manipulan la realidad y que simplemente pretenden hacer un juego sucio en política. Parece que es para lo único que ha querido quedar este PSOE. Para enmarañar y generar confusión y caos. Porque para proponer, dialogar y traer aire fresco, no.

Beatriz Talegón

Abogada.

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