“¿Y si fuésemos una provincia francesa?”

El 2 de mayo en Madrid se recuerda la insurrección armada contra las tropas napoleónicas que desembocaron en la Guerra de la Independencia Española.

Entre los españoles se encontraban los afrancesados, que fueron tildados de traidores por colaborar con la ocupación francesa creyendo que así se atraería la modernidad a España, eran la clase intelectual del país.

¿Pero realmente le hubiese ido mejor a la clase trabajadora española siendo francesa?

Más de 200 años después, la Reforma Laboral de Macron hace que se envidie menos a la república del norte.

Aunque como de costumbre, no lo llamen reforma sino flexibilización del mercado laboral, las propuestas del apartidista Presidente del República han crispado a los sindicatos de clase.

Despidos low cost

El mantra del liberalismo económico para garantizar la contratación es abaratar el despido.

Las grandes empresas se benefician del ERE a la francesa, lo denominan ruptura colectiva y significa que la empresa prescinde de los sindicatos y negocia con representantes de los trabajadores, que pueden no tener ninguna vinculación ni con la empresa, ni con la plantilla.

Las personas despedidas bajo esta modalidad no conocerán los motivos reales del despido, ni tendrán derecho a planes de formación para el empleo o a la cuantía total por desempleo.

Por otra parte, se ha reducido la indemnización por despido a una mensualidad por año trabajado hasta 10 mensualidades, y medio mes de salario por los siguientes 20 años máximo.

Los sindicatos franceses alertan que hacer desaparecer los convencionales “planes sociales” que organizaban las reducciones de plantilla y optar por ruptura colectiva, provocará el despido de la masa salarial con más antigüedad, y sin políticas para empleabilidad, se redundará en el desempleo estructural.

Otra vuelta de tuerca al sindicalismo francés

Dentro de cada empresa y de forma individual, se podrán pactar las primas salariales o las pagas extras en contra de lo pactado en el Convenio Colectivo. Y aunque el texto del convenio seguirá teniendo vigor para la calidad del trabajo o los mínimos salariales, en realidad con la excusa de la competitividad se podrá adaptar no solo el salario, sino también la jornada laboral.

Se llama flexibilidad a que la patronal pueda hablarles cara a cara, con cara de perro, a sus trabajadoras y trabajadores, en una relación totalmente desigual, para negociar la remuneración y el horario de trabajo.

La representación sindical queda circunscrita a las empresas de más de 50 trabajadores, y las diferentes instancias representativas de las y los trabajadores queda unificada en el Consejo Social y Económico.

Y para las empresas con menos de 50 trabajadores, se admitirá un representante, para hablar y negociar en nombre de las empleadas y empleados con la dirección, aunque no esté sindicalizado.

Los beneficios de la globalización no llegan a la clase trabajadora nacional

Las empresas francesas que operan en el mercado internacional pueden alegar causas económicas en los despidos si tienen pérdidas en la actividad económica nacional, aunque en su conjunto de operaciones como multinacional obtenga beneficios.

Facilitar el despido y dar más poder a la patronal es la clave del éxito económico y de la productividad para la derecha, pero ya sabemos que el exministro de Economía es liberal, nunca estuvo afiliado al Partido Socialista.

Cabe recordar que la clase trabajadora francesa siempre será más cara de mantener que el trabajo infantil de Bangladés.

De jóvenes y no tan jóvenes

Como todos los países cuya legislación laboral se ha basado en las fábricas y en la revolución industrial, ninguna reforma de los últimos años atiene a la dualidad laboral. Como en España, se ha dejado fuera del mercado de trabajo a las y los jóvenes con una preparación técnica e intelectual. Su sistema productivo no está preparado tampoco para la generación mejor formada de la historia.

La tasa de desempleo para la población general oscila el 10%, para los jóvenes entre 15 y 25 años se dobla hasta el 22%.

Desmantelar las prestaciones por desempleo

En Francia se podía llegar a cobrar 6.000€ aunque la media está en unos 1.221€, por prestación por desempleo, ya que allí los salarios son de los más altos de la Unión (unos 1.500€ mínimo) y en la prestación se cobra entre el 65% y el 80% del salario.

A Macron ya cuando era ministro socialista sin carné, le parecía demasiado dinero para el poco seguimiento que se hacía, sin tener en cuenta que las oficinas están desbordadas ni plantearse crear bolsas de empleo de personal laboral funcionario, su solución ha sido dotar de mayores competencias a las Empresas de Trabajo de Temporal, que son como ya se conoce, grandes garantes de la estabilidad laboral y los derechos sindicales.

La Democracia es demasiado lenta

Esta reforma se aprobó en 2017 recurriendo a un mecanismo que permite al Ejecutivo de Macron legislar evitando el proceso parlamentario, porque la democracia y el debate, no es ágil para el mercado, y aquí lo importante es el mercado.

Tampoco le gusta al liberalismo que la información sea pública, por lo que el Ministerio francés de trabajo pasa de emitir los datos de desempleo mensualmente a cada tres meses.

Durante la Quinta República Francesa, en los últimos cincuenta años, solo se ha disfrutado dos veces de gobiernos socialistas (18 años).

Aquel 2 de mayo de 1808 los afrancesados hablaban de más participación ciudadana frente al absolutismo español, pobres ingenuos. Quizá hoy los afrancesados votasen a Ciudadanos.

Aida dos Santos

Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.

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