Cuatro veces clase obrera

El responsable de UGT Juventud denuncia en su último informe que las y los jóvenes tardan cuatro veces en encontrar un empleo que antes de la crisis.

El Partido Popular saca pecho de sus cifras de paro, sin prestar atención a que tiene mucho que decir el descenso de población activa, motivada en gran parte por el número de jóvenes que se resignan a acumular títulos universitarios y formación sin salir al mercado laboral.

Como se ha recogido infinidad de veces en esta sección de opinión: la mitad de las y los jóvenes está en paro, y el 90% de quienes trabajan desarrollan una labor por debajo de su cualificación.

La generación mejor formada de la historia no tiene cabida en el país del sol y playa.

Contratos temporales y jornadas parciales crean jóvenes pobres, de media un 13% más pobres que antes de la crisis. Estos salarios y sus cotizaciones serán responsables de bajas pensiones y de la quiebra del sistema público.

Si se logró crecimiento económico con salarios de cien mil pesetas durante los años 90, no es lógico pensar que son salarios de quinientos euros en 2018 se pueda seguir creciendo.

Cuando se emiten imágenes de multitudes pensionistas en las calles clamando por una subida digna de sus ingresos, surge la pregunta si alguien ha reflexionado sobre la estructura real del sistema de pensiones.

En España las prestaciones de quien no trabaja se pagan con los impuestos de quien trabaja. Y con la mitad de la población menor de 30 años en paro, y la otra mitad rozando el salario mínimo, poco se podrán pagar.

Blindar el sistema de pensiones, de prestaciones de desempleo, o cualquier otra trasferencia económica más allá de garantizar el pleno empleo y un aumento de la población activa es una falacia. Sin garantizar los ingresos no se puede garantizar el gasto.

La reforma laboral que permitió que la juventud estuviese a prueba durante un año en empresas de “emprendedores” no ha significado otra cosa que el despido libre.

Aún siguen sin creerse el contrato relevo porque es más barato despedir a un asalariado con sus derechos consolidados en los 90 y contratar a una precaria nacida en los años de la Expo y las Olimpiadas, que un contrato de pacto generacional, ya que supone una organización empresarial impecable, inalcanzable para el modelo patronal de empresa heredada y propietario con estudios básicos.

En la juventud encontramos cuatro veces clase obrera: prole de la clase obrera, sin empleo, contratada por debajo de su formación, y contratada por debajo de las garantías de supervivencia digna.

El gobierno del Partido Popular ha impulsado un mercado laboral que expulsa a las y los jóvenes del sector productivo, la reforma laboral ha institucionalizado que sean mano de obra barata.

No basta con los informes y con los datos, se hace más necesario que nunca que las y los jóvenes salgan a la calle, tomen los espacios públicos y reclamen sus derechos laborales.

Es necesario que reclamen un mercado laboral en el que tengan cabida los estudios superiores que les proporcionó el Estado, un mercado laboral del que no solo sean sujetos pasivos contratados, sino que puedan crear las empresas del futuro y la juventud tome el control de la decisión empresarial, y por supuesto, política y sindical.

El sistema de Seguridad Social es lo que salva del estallido social, la indignación de lo jóvenes sin futuro se está cocinando en una olla a presión. Cuando está generación alcance la edad adulta de formar una familia sin posibilidad de tener hijos o ni tan siquiera emanciparse, el estallido social por la quiebra de la sostenibilidad demográfica será impredecible.

Solo dejando en manos de la juventud el tejido productivo se podrá un patronal formada, convergente con la europea, y empresas competitivas, economías de escala e innovación tecnológica.

Dejar que quien nació en los 80 y en lo 90 acceda al mercado de trabajo es garantía de consumo, no hay mejor forma de satisfacer las necesidades de la generación más exigente y preparada de la historia que dotándola de capacidad adquisitiva.

El salario digno de la juventud es la mayor garantía del Estado de Bienestar.

Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.