¡Únete!

Amor

“Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños”*

La vida se cuela entre procés y procés, entre máster fantasma y todo tipo de corrupciones integradas en las cabeceras de las noticias diarias. De hecho, creo que sería capaz a escribir los titulares de los próximos 10 días obviando eso sí, lo verdaderamente importante: la situación de las personas refugiadas; la inmovilización del Open Arms por rescatar vidas en el Mediterráneo; la huelga en Francia por los recortes; el triunfo de Putin; la situación de las Entidades Sociales en España; la brecha económica, educativa, sanitaria o laboral que nos separa cada vez más y, otros cientos de temas.

En esta vida, también se cuelan quienes las sesgan, como es el ejemplo de los asesinatos de niños y niñas a manos de adultos que debería protegerles, formarles y acompañarles en su crecimiento.

Por eso, en esta primera colaboración, quiero detenerme en las personas asesinas desde el tratamiento que la sociedad está dando a las mismas, y la diferencia de percepción entre unas y otras. Diferencia peligrosa que puede dar lugar a una justificación perversa del asesinato según las circunstancias que rodean. Es asesinato tanto el realizado por la novia de un padre hacia el hijo de éste, como el realizado por un padre hacia sus hijos.

“Estaba pasando por un mal momento” “No podía ver cómo sus hijos sufrían” “Era un buen padre, se desvivía por sus hijos”, son frases han acompañado el último parricidio. Y lo sorprendente es ¡que ha calado en la sociedad!

Una cosa es el respeto al dolor, inmenso, infinito; otra cosa es el estado de shock y otra muy diferente trasladar la idea de “buen padre”. Si mató a sus hijos ahogándolos, incendió la casa y se suicidó para no afrontar este horrendo crimen, no era un buen padre. Aunque les regalase millones de besos, aunque les llevase todos los días al colegio, aunque les dijese que les quería. No hay amor. Es un asesino. Y merece el mismo respeto social que todos los asesinos.

Lamento mucho desmontar la construcción social que a este hombre se le está haciendo. Este crimen es igual de horroroso que otros crímenes en los que se desnuda públicamente a la persona asesina. Me niego a entrar en este juego perverso.

No concibo una crianza sin aceptación, sin enfados, sin dificultades, sin médicos, sin enfermedades crónicas, sin separaciones, sin encuentros y desencuentros, sin aprobados y suspensos, sin respeto, sin alegrías y tristezas, sin conversaciones por el uso del móvil, sin gamberradas, sin ruptura de límites, sin juegos a ser adultos, sin responsabilidad, sin corresponsabilidad, sin presencias o ausencias, sin pérdidas o sin ganancias, sin regateos…

No concibo una crianza sin Amor.

Por eso, me aterra que haya momentos, en los que alguien pueda decir que los mató porque era un buen padre.

*Khalil Gibran, poeta, pintor, novelista y ensayista libanés

Psicóloga.