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Un contrato para gobernarlos a todos

Tras el baño de masas de las elecciones catalanas, Albert Rivera se ha presentado en el Teatro de La Latina de Madrid con un contrato para gobernarlos a todos.

Este 2018 empieza para la agenda económica de los naranjas con recetas de 2015, entre otras la del contrato único que les diseñó Luis Graciano, uno de los invitados al club Bilderbeg en 2016.

Todo muy actualizado para atacar, según dicen, la precarización del empleo y la brecha provocada por la dualidad laboral entre temporales y fijos.

En síntesis prometen un contrato que eliminaría los actuales modelos de contratación (prestando atención a los regímenes temporales) y serían sustituidos por un nuevo contrato cuya indemnización dependerá de los años trabajados en la empresa -ya que estos señores, creen que ahora la indemnización se debe a otra cosa-.

Esperan, que la indemnización por despido pueda ser transportable de una empresa a otra, ya que será descontada mes a mes de la nómina en bruto, como si del IRPF o la contribución al desempleo se tratase, no queda claro si quedará dentro o fuera de la plusvalía empresarial. Esperan que el Estado asegure ese capital descontado, que será gestionado no se sabe muy bien por quién, con el fin de sacar rendimiento y que obviamente no sea una mochila-hucha que pierda capacidad adquisitiva con el paso de los años… El problema es que este cuento solo parece que pondrá de moda de nuevo el Fogasa. La indemnización “trans-empresarial” ya existe cuando se subrogan trabajadores porque cambia la empresa titular de la prestación de servicios, como ocurrió con SELUR durante la alcaldía de Ana Botella, a ver como convencen a las empresas para pagar indemnizaciones de trabajadores que hasta hace dos días no eran suyos.

Acabar con la dualidad que lastra a la juventud de este país no es una idea descabellada, los sindicatos llevan muchos años en esta tarea, y no es nada fácil.

No es nada fácil reeducar a las empresas para que paguen más a quien ahora pagan menos, ni que vayan a dar más seguridad laboral a quien ahora le dan menos. Pero ahí están los economistas de Ciudadanos para convencernos con una idea fantástica, la de igualar a la baja los derechos laborales, 20 días de indemnización por despido. Eso sí que es fácil de promocionar entre la patronal, pagarle menos al que antes le pagabas más. Que ya sean fijos o temporales, los nuevos contratos que se firmen tengan al mínimo común múltiplo los derechos del Estatuto de los Trabajadores.

Es increíble cómo se puede hablar de un fomento a la contratación hablando de facilitar el despido sin prestar atención ni a la brecha salarial entre hombres y mujeres, ni a la falta de conciliación, ni si quiera a las miles de horas extras y teletrabajo que no se remunera.

Parecen olvidar, que la principal escora a las reformas laborales que han pretendido abordar la dualidad en nuestro mercado laboral, es la irretroactividad. Ningún trabajador ya contratado puede ver reducidos sus derechos laborales sin indemnización. Los cambios sustanciales del contrato de trabajo dan la oportunidad a esta masa salarial a la que creen “privilegiada” de rescindir sus contratos con la indemnización correspondiente a la firma del mismo.

Nos vienen a decir, en definitiva que es un contrato único, con el que se elimina el contrato temporal y solo se mantiene el de formación (que no saben que oculta mucha contratación basura y que afecta a los jóvenes) y el de sustitución de trabajadores (que contempla 20 días de indemnización por despido, 33 días si es improcedente), mientras que en nuestro mercado laboral convivimos con personas que tienen derecho a 45 días, y no lo van a perder.

En su cabecita tienen que el mercado laboral español es rígido y hay poca movilidad porque quien tiene un puesto fijo no quiere cambiar de trabajo… como si estuviese perdiendo la oportunidad de su vida ignorando las ventajas de un contrato por obra y servicio. Ignoran que llevamos décadas sufriendo cierres patronales con cambios de denominación social para esquivar el incremento salarial y la indemnización por antigüedad.

Se envuelven en la bandera del progreso, niegan la dicotomía no solo entre izquierda y derecha, sino que se atreven a negar la dialéctica de intereses entre empresa y trabajadores, se ríen de la clase trabajadora, la que más ha perdido con la crisis al anunciar que “en vez de quedarnos en el siglo XIX, en vez de quedarnos en la lucha entre trabajadores, autónomos y empresarios, nos demos la mano, para levantarnos juntos de una crisis que ha sido muy dura, pero que España tiene el derecho y la capacidad de volver a ser un país equivalente a cualquier país de la Unión Europea".

Así, la dualidad laboral pasa a ser culpa de los trabajadores con antigüedad: los ya amortizados, los vagos, analógicos y poco productivos, pasan a ser los culpables de las pocas oportunidades laborales de la generación mejor formada de la historia.

A esos que vivieron la movida madrileña, que sepan ustedes que para el partido naranja, lucharon con tanta fuerza en las calles por sus derechos, que han dejado a mi generación sin espacio para los nuestros.

Y ya para terminar, mencionan la bonificación de cotizaciones sociales para aquellas empresas que premien la estabilidad y acaben con la temporalidad, olvidan la estructura productiva de este país.

Tenemos pueblos y ciudades enteras por las que campa el silencio de octubre a abril, o que se ha tenido que implementar el Plan de Empleo Rural para proteger a los jornaleros, porque en Ciudadanos tampoco saben que el campo es un trabajo duro, y estacional. ¿En qué empresas están pensando cuando piensan en empresas sin temporalidad?

¿Cuántos helados se toma un diputado de Ciudadanos en el paseo marítimo de Benidorm un 8 de enero, para poder asegurar que el turismo no provoca ni tiene nada que ver con la temporalidad?

Olvidan que incluso para solventar los problemas de “temporalidad”, ya se ha inventado el contrato para menores de 30 años que les ponía a prueba durante un año entero, y no el mes habitual; los seis meses de la magnífica Garantía Juvenil; o los cuatro meses de prácticas obligatorias no remuneradas que se “ofrecen” en los centros de Formación Profesional y Universidades.

Los jóvenes dejan de ser buenos cuando empiezan a ser caros, y eso no hay mochila ni contrato que lo cambie.

Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.