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Terceros presupuestos: entre el machismo y la sedición


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La noticia era la aprobación de los terceros presupuestos de la legislatura del  gobierno de coalición progresista, contando con más apoyos incluso que la mayoría de la investidura. Todo ello desmiente las acusaciones de la oposición sobre la supuesta inestabilidad del ejecutivo calificado de gobierno Frankenstein y en los últimos días caracterizado por Núñez Feijóo de gobierno en llamas como consecuencia de la ley del solo sí es sí. También el de tener una mayoría de investidura insegura y frágil, además de antiespañola, que finalmente se ha mostrado mucho más sólida de lo previsto.

Por eso, se esperaba un debate que girase sobre las previsiones económicas más o menos fundamentadas ante una coyuntura de incertidumbre, del amplio contenido social del presupuesto y de los correspondientes impuestos a los sectores que se han beneficiado de la escalada inflacionista o de las dificultades en la ejecución de los fondos europeos. Como también sobre la estabilidad política que sin duda éstos terceros presupuestos garantizan hasta el final de la legislatura.

Un debate que sin lugar a dudas beneficia a las izquierdas, ya que los argumentos a su favor son muchos y por contra las críticas se han demostrado muy débiles y las alternativas prácticamente inexistentes por parte de la oposición de derechas que ha adoptado una posición débil por su ambigüedad frente a la revalorización de las pensiones y a los incrementos del salario de los funcionarios y que fuera del parlamento vive el malestar y la primera huelga del personal sanitario después de la pandemia en su feudo de la Comunidad de Madrid.

Pero sobre todo de unos presupuestos que aunque criticados por sus previsiones optimistas por parte del Banco de España y la Airef, sin embargo han contado con el apoyo de la Comisión Europea y también de organismos internacionales como el FMI, tanto por sus medidas de apoyo a los más vulnerables como con respecto a los impuestos sobre los sectores energético y financiero que han resultado más beneficiados por la escalada de la inflación. Sin embargo, por una razón o por otra, se han cruzado en el camino los incómodos debates identitarios, primero el de la sedición y luego el de la aplicación de la reforma penal del consentimiento en las relaciones sexuales, con muchas más aristas y contradicciones que los fríos números de los presupuestos.

Está claro que la supresión de la sedición en el código penal era algo a lo que el presidente del gobierno estaba obligado, en particular desde la aprobación del indulto a los dirigentes del Procés, y no solo para abordar desde la política y desjudicializar la cuestión catalana, sino también para homologar los tipos delictivos con sus homólogos de la legislación europea y precaverse con ello ante un fallo negativo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La cuestión sin embargo es si este debate debía solaparse con la votación de los presupuestos, reafirmando con ello el prejuicio del mercadeo, o cabía la posibilidad de diferenciarlos en el tiempo.

Tampoco parecía evitable el aprovechamiento por parte de la derecha de cualquier iniciativa del ministerio de igualdad y sobre todo de las contradicciones de la reforma de protección integral frente a la violencia de género o ley del solo sí es sí. Aquí la cuestión es si la mejor defensa ante la revisión a la baja de algunos casos, por otra parte previsibles, es siempre un ataque, en este caso al conjunto de los jueces precisamente en un momento tan delicado tanto en el CGPJ como con respecto a la renovación del Tribunal Constitucional, o hubiera sido mejor una actitud más templada. 

Por si esto fuera poco, en este caso a consecuencia de la competencia populista en el seno de la derecha, se han producido desde la propuesta votación nominal de los parlamentarios de la reforma de la sedición, al parecer con objeto de retratar a los diputados socialistas de cara a las próximas elecciones, hasta la última escalada de descalificaciones, que ha sobrepasado cualquier límite con los insultos machistas de una diputada de la extrema derecha a la ministra de igualdad Irene Montero.

Así, cada día que pasa parece que hayamos llegado al límite en la degradación de la convivencia parlamentaria con las provocaciones de la ultraderecha en sede parlamentaria, aunque luego ésta siempre nos sorprenda con una nueva vuelta de tuerca aún más disparatada. Pero lo peor de todo es que los medios de comunicación del entorno de la derecha, lejos de contribuir a criticar y sancionar estás conductas para contribuir a aplacar los ánimos, por contra las disculpan, atizando con ello la polarización y lo que es peor la antipolítica al meterlo todo en el mismo saco de la tópica bronca parlamentaria.  

Menos mal que, al menos por ahora, la hipotética reforma quirúrgica de la malversación se ha dejado fuera.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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