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Madrid: de la primaria al ambulatorio y el botiquín


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Hace más de medio siglo, la asistencia sanitaria se repartía entre una asistencia pública domiciliaria (APD) en decadencia en el ámbito rural y los ambulatorios masificados en el medio urbano, en un contexto de intenso desarrollo de un moderno sistema hospitalario.

Resulta significativo que después de casi cuatro décadas de desarrollo de la atención primaria, los profesionales de los centros de salud sigan demandando hoy algo tan básico como un tiempo mínimo de diez minutos para una atención digna, con la única respuesta por parte de la Consejería de la Comunidad de Madrid de una alternativa distópica que mezcla el retorno al ambulatorio o el botiquín y la huida hacia adelante de la telemedicina.

Las urgencias extrahospitalarias han pasado de ser el comodín en plena pandemia a actuar como señal de alarma de la situación de urgencia del sistema sanitario público en la Comunidad de Madrid, cuando parece haberse olvidado la situación de colapso y la sobre mortalidad en particular en las residencias de ancianos.

El caracter masivo y transversal de la manifestación en defensa de la sanidad pública demostró al gobierno de Díaz Ayuso que los problemas de la sanidad pública y el malestar consiguiente no eran ningún invento bolchevique ni mucho menos un pulso por la hegemonía en el seno de la izquierda madrileña.

En estos últimos días, la inédita participación de buena parte de los profesionales sanitarios en la huelga de la atención primaria en defensa de algo tan básico como una agenda de pacientes que permita un tiempo mínimo de atención, así como de la carrera profesional y la conciliación con su vida personal y familiar pone encima de la mesa la profundidad del problema.

No es casual que el conflicto tenga lugar en Madrid, uno de los principales laboratorios sociales del neoliberalismo en nuestro país a lo largo de casi tres décadas y correspondientes medidas de austeridad y de privatizaciones de los servicios públicos tanto educativos, como sociales y en particular sanitarios. Tampoco que a pesar de ser la Comunidad más rica y hacer gala de ello con continuas rebajas fiscales para atraer a los sectores más pudientes, dedique la menor inversión de todas las CCAA a la sanidad pública y en particular a la atención primaria y a la formación de los especialistas en medicina familiar y comunitaria, y por contra la mayor a los conciertos y a las gestoras privadas.

Esa es la razon de que la situación de la atención primaria es de verdadera emergencia en la Comunidad de Madrid, mientras el diagnostico en el resto de España sea todavia de gravedad. Es verdad que la orientación general del sistema sanitario en España y en Europa es desde hace décadas eminentemente reparadora y hospitalaria, todo ello en detrimento de un enfoque más integrador con la prevención y la promoción de salud en la atención primaria, la salud pública y la salud mental comunitaria.

Pero frente a las excusas del PP, lo que no falta en Madrid ni en España son médicos generales, sino profesionales de determinadas especialidades como es el caso de la medicina de familia y también de enfermería.

El problema añadido es que con el auge de la sociedad del individualismo digital, el modelo comunitario de atención primaria y de atención continuada hace tiempo que dejaron de ser una prioridad de política sanitaria para pasar a ser, en particular para los gobiernos de la derecha aunque no solo, un reflejo incómodo de tiempos pasados.

En Madrid, a la herencia de los hospitales de tercer nivel de la seguridad social, se han sumado la nueva red de los nuevos hospitales de gestión privada, que con los fondos de inversión y los seguros privados se han convertido en el centro del negocio sanitario y en la prioridad politica de su gobierno.

De ahí el intento de la Consejería madrileña de convertir las urgencias extrahospitalarias en meros botiquines de curas y a su vez de retrotraer la atención primaria a los viejos ambulatorios, de manera que administren una asistencia de mínimos y con ello permitan el crecimiento del verdadero negocio sanitario en los hospitales de gestión privada y mediante las aseguradoras.

En este sentido, la dignificación de las condiciones de trabajo, empezando por lo más básico como el tiempo y las condiciones para la asistencia sanitaria es lo esencial, para desde ahí desarrollar el modelo comunitario, implicar a los ciudadanos y recuperar la atracción de nuevos profesionales.

Además, para recobrar de nuevo tanto la vida comunitaria así como el modelo de atención primaria como principales prioridades, es urgente adoptar medidas legales y presupuestarias para iniciar su revitalización.

En esta tarea, aparte de su principal responsable: el gobierno de la Comunidad de Madrid, ni el gobierno central ni el resto de las CCAA no se pueden permitir el mirar hacia otro lado. Es necesario seguir con el incremento de plazas del sistema MIR de familia y de la especialidad en enfermería o la inclusión en las facultades de medicina de la asignatura de medicina familiar y comunitaria. Otros asuntos de fondo son la legislación de equidad para limitar la competencia desleal del sector privado, así como la supresión de exenciones y bonificaciones fiscales a la sanidad privada.

Porque de ello también depende la reducción, reorganización y normalización de las listas de espera y en consecuencia el buen funcionamiento hospitalario.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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