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Italia: la derrota de Europa en un momento crítico


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Como ya se esperaba y se temía, Giorgia Meloni del partido neofascista Hermanos de Italia ha ganado las elecciones italianas con el veintiséis por ciento de los votos. Además, por primera vez una mujer presidirá el gobierno con el resto de la derecha que ha quedado en un plano secundario muy por debajo de sus expectativas. En definitiva, el resultado acredita el fracaso del gobierno tecnocrático tutelado por la Unión Europea y el triunfo de la legitimidad que da el haber sido su única oposición. Sin embargo, la gran triunfadora ha sido una abstención con cifras de record como consecuencia de la desafección política. De nuevo el populismo cabalga a lomos del malestar social, la nostalgia nacionalista, la desdiabolización de la ultraderecha y la desafección política.

Un nuevo movimiento de péndulo desde la tecnocracia europeísta al populismo, que ha protagonizado los últimos gobiernos prácticamente desde la crisis política de manos limpias, aunque el hecho histórico sea la llegada a la presidencia del gobierno de un partido neofascista debidamente normalizado como atlantista, lo que imprime al gobierno de las derechas de una tipología más cercana al trumpismo, cancelando en la derecha italiana que le acompaña su tradicional carácter antifascista y europeista.

El caldo de cultivo es el malestar social por la escalada de la inflación, en particular entre las clases populares, junto a la cuestión migratoria agitada por la ultraderecha, pero sobre todo la incertidumbre sobre las consecuencias del estancamiento y los efectos de la prolongación de la guerra de Rusia en Ucrania y la huida hacia adelante de la amenaza nuclear.

La pérdida de un país fundador y de la tercera economía de la UE como Italia es una derrota sin paliativos para una Unión Europea, que a raíz de la pandemia había imprimido una orientación social a su tradicional política económica neoliberal, primero con la compra conjunta de vacunas y luego con la mutualización de la deuda y la aprobación de los multimillonarios fondos de recuperación y resiliencia, algo que a pesar de haber sido trascendental para Italia no parece haber formado parte del balance electoral. Todo ello explica la reacción de la Unión Europea, a medio camino entre la incredulidad, la preocupación y una contenida desconfianza por los precedentes de las negativas experiencia de Hungría y Polonia, con su falta de respeto al estado de derecho y su táctica de obstrucción al funcionamiento de la UE en los momentos decisivos.

Se acabaron los aires de superioridad y la mirada displicente de la Unión Europea en relación a la situación política de los EEUU, como también la práctica unanimidad en las medidas frente a la invasión de Ucrania.

Para algunos, al parecer, la culpa es del Partido Democrático de la Izquierda, por mantener hasta el final la defensa del gobierno Dragui y luego durante la campaña la estrategia de polarización frente a la ultraderecha, como si una vez constituido hubiera tenido otra alternativa, mientras para otros Cinco Estrellas recibe el apoyo por la gestión de Comte frente a la pandemia y también por distanciarse en el último momento del gobierno Dragui. Sin embargo, quizá el problema de ambos sea sobre todo el haberse sumado de nuevo a un gobierno técnico sin perfil político y finalmente la tradicional incapacidad de las fuerzas de progreso para superar las tendencias centrífugas en un sistema electoral que por el contrario premia las coaliciones. En este sentido, volverá el debate sobre el fracaso del cordón sanitario en Europa, cuando lo que predomina en realidad es la dinámica de desdiabolización por parte de las derechas europeas, que o bien quedan sumergidas en el programa populista, cuando no subordinadas como en Italia a los propios partidos nacional populistas.

Mientras tanto, en España avanza la normalización política del programa populista de la ultraderecha, ahora compartido por el partido popular con la impugnación generalizada de los impuestos y de su significado como uno de los pilares del estado social y del compromiso con lo público, así como el bloqueo de la renovación del Consejo General del Poder Judicial utilizado como instrumento de deslegitimación del gobierno y del parlamento a costa de la Constitución, e incluso la teoría de la conspiración y las fake News sobre la pederastia al estilo Qnon. Trumpismo.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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