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Doble rasero, riesgos laborales y emergencia climática


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

La crisis climática está provocando que las temperaturas extremas, como las que estamos viviendo, sean cada vez más habituales. La emergencia climática se ha hecho presente este verano con sucesivas olas de calor y en forma de una sequía sin precedentes y una cadena de incendios explosivos, en algunos casos catastróficos.

Sin embargo, los sectores conservadores han intentado rebajar cuando no negar la influencia del cambio climático, así como las carencias en la gestión, en particular de sus gobiernos autonómicos, con respecto a las medidas de prevención, la adaptación a la crisis climática, el cuidado de los montes y en el freno al despoblamiento.

En este sentido, la profesionalidad y los modelos estables de contratación laboral del personal de prevención y extinción de incendios hubieran sido una garantía no solo de mayor efectividad sino también de seguridad de los trabajadores.

Por otra parte, la emergencia climática y la exposición a unas temperaturas cada vez más elevadas, en particular en las horas centrales del día, cuando se realiza además un trabajo con gran esfuerzo físico, se ha transformado de un riesgo ya conocido en un peligro extremo para la salud tanto en la agricultura, la construcción, las infraestructuras, como en el turismo, la industria y los servicios. Es por eso, que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) pronostica que el cambio climático aumentará el estrés térmico: 'es decir la carga de calor que se recibe y acumula en el cuerpo humano como consecuencia de las condiciones ambientales'. Como efecto más grave de estas altas temperaturas, durante este verano la sobre-mortalidad relacionada con el calor ha aumentado en los registros oficiales del instituto Carlos III en relación a los veranos anteriores. Así, a nivel nacional desde el 01 de enero de 2022 MoMo ha identificado 9.692 defunciones adicionales atribuibles al calor extremo.

Aparte de los accidentes sufridos en la extinción de los incendios, lo más llamativo ha sido el incremento de las muertes como consecuencia del golpe de calor entre los trabajadores de la limpieza, la agricultura, el reparto a domicilio así como de la construcción entre otros. Todo esto se ha producido en el contexto de un nuevo incremento de la mortalidad general como consecuencia de los accidentes laborales a la salida de la pandemia, algo sobre lo que vienen alertando los sindicatos.

Sin embargo, la actitud de algunos responsables políticos municipales y autonómicos con respecto a los mismos ha sido, como ya ocurriera en la pandemia, la negación de mirar para otro lado o cuanto menos el eludir cualquier responsabilidad con la plantilla subcontratada, aludiendo a la situación de externalización y el carácter privado de los servicios, y por tanto dejándolo todo en manos de los comités de prevención de riesgos laborales de las respectivas empresas privadas y en última instancia de la inspección de trabajo. En este sentido la Inspección de Trabajo ha vuelto a poner en marcha el Plan especial para proteger la salud de las trabajadoras y trabajadores ante los golpes de calor.

Hay quienes parece que pretenden ignorar su responsabilidad en el seguimiento del cumplimiento de las clausulas establecidas en los pliegos de contratación sobre las condiciones de trabajo, así como sus competencias en la incorporación a la revisión de dichos pliegos de la urgente adaptación de ritmos y horarios, así como de la ropa y el calzado de trabajo para hacer frente a situaciones límite como las actuales olas de calor.

En definitiva, se trata de estudiar, anticipar y alertar sobre sectores, empresas, puestos de trabajo y horarios que pueden representar un peligro para la salud de los trabajadores. Además, es necesaria una evaluación de dichos efectos en términos económicos, sociales y de salud, así como del impacto de las medidas de prevención de riegos en la reducción de las desigualdades sanitarias y sociales.

Por si no fuera suficiente, estos mismos sectores políticos conservadores se han opuesto también a las medidas de ahorro y eficiencia energética aprobadas recientemente por el gobierno en el marco del Reglamento aprobado por la Unión Europa, por razones de forma y de fondo, para hacer frente a la probable restricción del gas en Europa a consecuencia de la invasión y la guerra de Ucrania y en particular de la respuesta rusa a las sanciones contra la Unión Europea. Algo que forma parte también de la adaptación al cambio climático en el marco de la estrategia para garantizar una transición justa.

En esta ocasión, lo rechazan haciendo referencia a la posible repercusión de las medidas de restricción de la temperatura en los comercios y de la iluminación en los escaparates contempladas en el decreto, y más allá de su repercusión en la hipotética reducción del atractivo de sus negocios, haciendo referencia a su impacto en la seguridad ciudadana de las calles con la reducción de la iluminación, así como sobre de la limitación de temperatura sobre la seguridad laboral de los trabajadores, ignorando los propios términos del decreto que pretenden combatir que, como no puede ser de otra manera, hace prevalecer las condiciones laborales establecidas en la ley de prevención de riesgos laborales sobre las mencionadas instrucciones para la minimización del riesgo del cambio climático.

Una normativa que está vigente hace décadas, aún que da la impresión que con un escaso cumplimiento por parte de los sectores afectados y de control por parte de las respectivas administraciones.

En resumen, se trataría de que ya que no hemos logrado frenar el cambio climático, hagamos algo más para paliar sus efectos, en particular entre los trabajadores y los más vulnerables, al tiempo de contribuir decididamente con medidas de ahorro y eficiencia energética destinadas a frenar el agravamiento de lo que es ya una emergencia antes de superar el límite de la catástrofe climática.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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