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Sin explicaciones y sin responsabilidad


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El emérito ha vuelto de visita a las regatas de San Xenxo, tal y como si no hubiera pasado nada, aunque no haya logrado su principal objetivo de asentar de nuevo sus reales en el palacio de la Zarzuela, sede del Jefe del Estado. Vuelve con la altanería del inviolable y la soberbia que da la impunidad. Como en los desafíos del pasado, trata de sostenella y no enmendalla.

Dos años fuera del palacio de la Zarzuela y de España, en lo que algunos creyeron de buena fe que era un intento de proteger a la institución monárquica y a su hijo como Jefe del Estado, pero que en realidad ha resultado ser un desplante a la investigación de la Justicia y de Hacienda y por extensión al país, de quién no acepta ningún reproche por su conducta y en consecuencia no asume ninguna responsabilidad.

Un tiempo en el que ha elegido Abu Dhabi para seguir con su vida a cuerpo de rey, su derroche y sus complicidades con las autocracias con las que amasó su fortuna.

Entre tanto, a pesar de la opacidad y la falta de colaboración, se han confirmado los peores augurios sobre sus regalos y sus oscuros negocios de tráfico de influencias y sus comisiones millonarias, aprovechándose para ello de su alta responsabilidad como jefe del Estado. Dos años también los que han necesitado el gobierno y la casa real para convencer al rey emérito de regularizar una mínima parte de sus incumplimientos fiscales, todo para maniobrar y evitar el bochorno de un proceso judicial. Todo por la razón de Estado, la imagen de España y la estabilidad de la democracia.

Vuelve ahora de vacaciones para regatear con su tripulación del Bribón, sus amigos de la yet set y los monárquicos de la impunidad, eludiendo el código ético establecido por su hijo Felipe VI y despreciando las obligaciones del protocolo, que son la sustancia de su cargo como rey emérito.

Para el último día, la visita institucional al jefe del Estado, otra vez de mala gana y por mera cortesía, poniendo de nuevo en apuros la autoridad de su hijo como jefe de la casa real y a la monarquía como forma de Estado. Ya solo quedan las balas del reconocimiento o no como rey emérito y de la reforma de la inviolabilidad.

Al final, el rey emérito continúa con buena parte de su fortuna en paraísos fiscales sin dar cuentas, y establece su residencia lejos de España para no responder de ella ante Hacienda. Es el final de la visita, pero no de las informaciones ni de las investigaciones judiciales. Queda el acoso a Corina Larsen y seguro que algo más.

Sin explicaciones y sin responsabilidad.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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