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Hay que escuchar y agilizar las medidas ante las protestas


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Las importantes movilizaciones de estos últimos días, tanto en el transporte por carretera como en el sector agrario, tienen una base objetiva en la subida de los precios de los insumos, la energía y los combustibles de amplios sectores, algo que se ha demostrado también en la composición transversal de los convocantes, con afectados de muy diverso tipo e intensidad, y con unos apoyos que van de la lógica reacción de preocupación y de empatía ante una situación crítica al intento de manipulación política más descarado.

Por eso, el error de la izquierda y sobre todo del gobierno ha sido tomar la parte por el todo, respondiendo con el rechazo de unas reivindicaciones, algunas de ellas justas y que en todo caso deben ser escuchadas, como meros pretextos y a sus representantes como instrumentos en manos de la estrategia de la ultraderecha para atacar al gobierno. Que la extrema derecha intente manipular el malestar social contra el gobierno y las instituciones democráticas no nos debe extrañar, por eso mismo no debemos facilitárselo, hasta el punto de convertirlos en los genuinos representantes del descontento. No hay más que ver la diferencia de asistencia entre la exigua presencia en las convocatorias realizadas por la ultraderecha y la masiva participación en las movilizaciones del transporte y del medio rural este fin de semana, para darse cuenta de la diferencia entre el problema real y su manipulación interesada.

Entre los convocantes y sus apoyos hay de todo, aunque por sus condiciones objetivas puedan estar más a la derecha que a la izquierda en el espectro político. Lo que no tiene sentido es ponerles una etiqueta de ultras para a continuación negarse a reconocer a sus representantes y dialogar.

Por otra parte, se ha demostrado una vez más que el conflicto social no tiene solución solo por la vía del mantenimiento del orden público, cosa que en todo caso es imprescindible para no paralizar el proceso de recuperación a la salida de la pandemia, y mucho menos estigmatizando a los participantes en la protesta, sino que puede ser contraproducente provocando su enquistamiento.

Por el contrario, las movilizaciones nos muestran que el camino a seguir es ante todo el reconocimiento del problema real de una inflación de precios que han situado a una parte de los transportistas y de los agricultores al borde de la quiebra. Un gobierno progresista no debe negarse a hablar nunca, ni siquiera cuando acaba de acordar unas medidas de emergencia con los representantes mayoritarios del transporte, que se han aprobado casi por unanimidad en el Congreso de los Diputados. Porque desde entonces, al rebote inflacionista de la recuperación al final de la pandemia y al efecto de la transición energética, se le ha añadido el impacto de la guerra de Ucrania en la energía, los carburantes, fertilizantes, piensos.. etc, provocando el empeoramiento de la situación, lo que obliga a nuevas iniciativas de fondo en Europa pero también a más medidas urgentes en España. Tampoco el hecho de que haya colectivos en dificultades que no se sienten representados por los cauces reglados es razón suficiente para no reconocerlos y negarse a dialogar, sobre todo cuando llueve sobre mojado y cuando el primer interesado en el diálogo es el propio gobierno. Existe un problema de sostenibilidad en las condiciones de una parte del transporte por carretera que ahora se ha visto agravado, igual que los transportistas tienen un problema con su representación y no es nada nuevo. Por ello, sin negar los cauces regulares y los acuerdos con la representación mayoritaria, hay que hablar con todos y al mismo tiempo tomar decisiones de forma más ágil, antes de que el problema se agrave. Ya estamos tardando si esperamos al Consejo de Ministros de fin de mes después del Consejo Europeo.

A los que sí hay que poner ante el espejo es a los que pretenden enturbiar las aguas solo en provecho propio. Los que ponen en cuestión la representación democrática y la financiación pública de los sindicatos de trabajadores y no dicen una palabra de la de las organizaciones de agricultores, los autónomos y de los empresarios salvo cuando estos llegan a acuerdos con el gobierno de izquierdas como ha ocurrido recientemente con la reforma laboral o los transportes. Siendo tan constitucionales unas organizaciones como las otras. Son los mismos que dicen apoyar a transportistas y agricultores y luego votan en contra de las medidas de las últimas medidas de reducción de precios de la energía y de la reciente ley de la cadena alimentaria pactada con los representantes del sector. Los mismos que acuden a dos manifestaciones en su vida, se las apropian y concluyen que es la izquierda la que ha perdido la calle. Habría que decirles aquello de que los muertos que vos matáis gozan de buena salud. En definitiva, la izquierda, que tiene las suelas gastadas de movilizarse en la calle en favor de los derechos ciudadanos, no debe considerarse con la exclusiva de la protesta ni ignorarla cuando está en el gobierno. Muy al contrario es cuando más debe aprender de ella.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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