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Lecciones de una encuesta


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Recientemente se ha conocido la encuesta de 40dB para El País y la Cadena Ser que dibuja la imagen de un gobierno de coalición, que según lo resume su directora Belén Barreiro, lo hace bien pero cae mal.

Algunas de sus conclusiones fundamentales avalan las conclusiones previas de los estudios sociológicos de CIS, como el cambio en la valoración de la gestión económica en favor de la izquierda, cuando tradicionalmente venía siendo poco menos que un coto vedado de la derecha.

La primera lección es pues si la imagen de politización del CIS debilita la autoridad técnica de sus estudios y por contra favorece la polarización con las encuestas al servicio de la estrategia de la derecha, en una suerte de neutralización política.

La principal conclusión de la encuesta a mitad de legislatura es la desmovilización del electorado de la izquierda y por contra la movilización y concentración del electorado de la derecha con un flujo significativo desde el PP hacia la ultraderecha, que de mantenerse supondría o bien un gobierno de coalición con una mayor fragilidad o una alternativa conservadora con el apoyo distópico de la ultraderecha fuera o dentro del gobierno. Tal parece que la deriva trumpista del PP favorece más a su competidor de Vox que a sus aspiraciones como alternativa de gobierno. Otra de las lecciones es que las encuestas tratan sobre todo de tendencias y que por tanto no dan margen de maniobra ni para continuar unos con su ya larga campaña electoral de deslegitimación del actual gobierno de coalición, ni tampoco para que éste se duerma en los laureles con el argumento del mantenimiento del liderazgo del PSOE, a pesar de un contexto crítico como es la gestión de las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia.

En un análisis más concreto llama sin embargo la atención el apoyo mayoritario tanto a la gestión de la pandemia, salvo la llamada cogobernanza con las CCAA, como en particular a la gestión de la economía por parte del gobierno de coalición, aspectos en los que sin embargo se ha centrado casi obsesivamente la oposición de obstrucción de la derecha hasta llegar al catastrofismo, todo ello al parecer con escasa fortuna. Se trata de una fortaleza del gobierno y una debilidad de la oposición inesperadas, que pueden aumentar con el próximo final de la pandemia y el previsible fortalecimiento de la recuperación económica y los fondos europeos en la segunda mitad de la legislatura.

Sin embargo, la principal debilidad del gobierno de coalición es la imagen de su gestión, fundamentalmente la interna, aunque también la gestión del gobierno orientada a la ciudadanía, en relación al incumplimiento de sus compromisos electorales a sus carencias de coherencia interna, y de la eficacia de sus medidas, y paradójicamente para un gobierno progresista de aquellas destinadas hacia los sectores más vulnerables y desfavorecidos.

La prioridad social, que ha estado presente a o largo de la legislatura y en particular en la gestión de la pandemia con el ingreso mínimo vital, la revalorización del salario mínimo y de las pensiones y ahora con la reforma laboral, no parece haber llegado con claridad a los sectores populares y por el contrario parece que se impone el discurso tranversal de la casta y de la alianza de la política y los poderosos, propio del relato populista. Un flanco que la izquierda no nos podemos permitir y que debería servir de lección para poner en un primer plano la agenda social, de igualdad de género y ambiental, sobre todo para remover los obstáculos que dificultan su gestión y la accesibilidad a la misma para los sectores empobrecidos y excluidos, pero también para cumplir con los compromisos de diálogo, transparencia y regeneración política que eviten la erosión permanente de credibilidad de las instituciones democráticas.

El ejemplo de la concertación social sobre los ERTEs, las pensiones y sobre todo el pacto de la reforma laboral deben servir no solo para consolidar de diálogo social, sino para avanzar en el diálogo político y la comunicación con la sociedad.

Por otra parte, la pluralidad es sin dudas un valor del gobierno de coalición que debe preservarse, sin embargo la gestión de las diferencias en base a la polémica y el ruido en el espacio público, como hoy mismo la de los presidentes de CCAA, los ministros y el propio presidente, a partir de las recientes declaraciones del ministro de consumo Alberto Garzón alertando sobre los riesgos del modelo de las macrogranjas, parece pues algo a prevenir en base al diálogo y el consenso interno. A mitad de camino, todavía tenemos tiempo para rectificar.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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