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La reforma se come al relato


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

La reforma laboral pone en crisis el relato distópico de la derecha a mitad de legislatura.

Lo peor en política no es hacer de la necesidad virtud ni construir un relato interesado que deforma la realidad en interés propio, sino sobre todo creérselo uno mismo y operar en base a él.

La reforma laboral pactada entre empresarios y trabajadores reequilibra, por primera vez en mucho tiempo, las relaciones laborales en favor de los trabajadores y lo hace además en base al diálogo social, en contraposición a la contrareforma impuesta por el gobierno del Partido Popular y de todas las reformas anteriores.

La recuperación de la causalidad en la contratación frente a la precariedad, la temporalidad y la subcontratación, el reequilibrio de la negociación colectiva en favor de los trabajadores y los mecanismos alternativos al despido, junto a la decena de acuerdos previos sobre los Riders, el teletrabajo y los ERTEs.. marcan un antes y un después en nuestro modelo de relaciones laborales, independientemente de que se mantengan aspectos favorables a los empresarios, pues también de eso se trata en una negociación.

Frente a ésta, las reacciones de la derecha han ido desde la crítica a la deconstrucción de su obra de liberalización de las relaciones laborales por el gobierno más radical de Europa, hasta el menosprecio de la misma como propaganda y humo por los cambios meramente cosméticos que según ellos supone. Si así fuera, no tendrían tantos problemas para votarla como sí lo han hecho con una enmienda de apoyo a las lenguas cooficiales, tan solo para aplazar por unos días la aprobación de los presupuestos.

Dos relatos contradictorios que se reparten entre el PP, sus gobiernos autonómicos y la propia faes de Aznar, que evidencian las grandes dificultades para el mantenimiento de la coherencia interna de su relato a mitad de legislatura.

Porque hasta ahora la derecha se había creído su propio relato de un gobierno de coalición frágil, radical e incompetente, basado en una mayoría parlamentaria armada como un puzzle antagonista del periodo austeritario, de retroceso en las libertades y del centralismo protagonizado por Rajoy, que además no lograría el reconocimiento europeo para sus principales compromisos de legislatura y al que la pandemia y sus consecuencias sociales y su funcionamiento interno le auguraban una legislatura corta.

Sin embargo, la realidad ha desmentido este relato distópico. Primero en la amplia mayoría de investidura y en la superación de las tensiones internas entre los socios de gobierno, luego en la primera negociación presupuestaria y más adelante ante el complejo reto de concretar sus principales compromisos en coherencia con las exigencias de los fondos europeos.

Así, la primera fase de la estrategia de la oposición conservadora fue la deslegitimación tanto de la censura como del posterior resultado electoral, como un atajo, poco menos que antidemocrático, orquestado por los socialcomunistas con los enemigos de España, de los herederos del terrorismo y de los separatistas.

A continuación fue la estrategia de desestabilización aprovechando el miedo y la incertidumbre de la pandemia para situar al gobierno como responsable, con la ultraderecha como avanzadilla de la criminalización y con Madrid como el laboratorio de la gestión alternativa de un negacionismo patriótico. La moción de censura fue el primer punto de inflexión con el espejismo de la desescalada de esta estrategia y el segundo ha tenido que esperar al acuerdo parcial para la renovación de los órganos constitucionales.

Mientras tanto, en lo externo, la estrategia de deslegitimación y desestabilización se ha traducido en la obstrucción sistemática de los fondos europeos y posteriormente de su gestión por parte del gobierno, aprovechando el intento de desbloqueo de la renovación de los órganos constitucionales y más en concreto del Consejo General del Poder Judicial, con la pretensión de colocar a España entre los gobiernos iliberales como el húngaro, y con ello inhabilitarla de hecho para recibirlos. El problema también aquí es que la derecha sigue con el viejo relato de la Unión Europea como vaticano del neoliberalismo y también eso ha cambiado como consecuencia de la pandemia.

Desde el fiasco de la moción de censura en Murcia y el posterior adelantamiento electoral y triunfo de Ayuso en las elecciones de Mayo en Madrid, a costa de Ciudadanos, se ha reforzado la refundación trumpista de la derecha y le ha dado alas en las encuestas, provocando una crisis orgánica de la dirección de Génova con el PP de Madrid que no es capaz de ocultar otra crisis un más grave de liderazgo.

Ahora, con la consolidación de la legislatura que suponen los segundos presupuestos de la legislatura, la liberación de una parte de los fondos europeos, junto con el avance en las reformas de calado como la de las pensiones y la más reciente reforma laboral, la perspectiva de dos años de una campaña electoral continua se le puede hacer muy cuesta arriba a la derecha, sobre todo si la agenda de reformas pendientes avanza y como es previsible la economía remonta superando sus desequilibrios de partida, y si además los partidos de la coalición y sus candidatos maximizan su gestión y sus espacios electorales sin mayores conflictos.

Desde el ámbito de la izquierda independentista también han aparecido las primeras reservas, cuando no rechazos de lo acordado en la reforma laboral, hasta el punto de que se puede poner en peligro la convalidación del decreto ley a finales de Enero. Se demostraría que también aquí los viejos relatos siguen empeñados en obstruir los cambios reales para los trabajadores y para la ciudadanía. Esperemos que prime la cordura.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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