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EL PERIÓDICO
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La unión de las derechas


“Los periódicos de derecha se ocupan una vez más estos días del modo de llegar a una unión o colaboración de los elementos derechistas distribuidos en diferentes agrupaciones. Contienen todos en una cosa: en que para que la unión sea un hecho es menester que se acentúen más los puntos de coincidencia que los motivos de disparidad. Ello es evidente. Toda alianza ha de hacerse a base de lo que es común. En realidad, la alianza o fusión de fuerzas políticas diversas supone ya un estado psicológico previo para ser posible. Supone que los componentes estiman que la defensa de los principios fundamentales por todos sustentados es de tal importancia momentánea que vale la pena de sacrificar las reivindicaciones peculiares características de cada grupo.

Mientras ese estado de ánimo no se produzca será inútil el reconocimiento platónico de la necesidad de la unión; cuando se trata de hacerla efectiva, nadie querrá ceder en lo que estima fundamental, y la deseada fórmula no podrá encontrarse. En este respecto, es particularmente instructiva la discusión que sostienen los periódicos que representan los diversos grupos derechistas. Par a los unos el parlamentarismo ha hecho quiebra, y es menester substituirlo por una monarquía tradicional que encama lo que ellos consideran la verdadera tradición española El fracaso de la monarquía restaurada se debe a su alianza con el parlamentarismo. A esto replican los partidarios de una monarquía constitucional que el fracaso se debió justamente a que la monarquía abandonó el régimen parlamentarlo, en el que había vivido tranquilamente durante cincuenta años, para echarse en brazos de la Dictadura. Como es natural, los amigos de la Dictadura contestan, a su vez, que la monarquía se hubiera sostenido si no hubiera sido infiel en sus postrimerías al régimen dictatorial. Oyendo a los tres grupos: tradicionalistas, constitucionales y dictatoriales o fascistas, se tiene la impresión de que, a pesar de todo, para ellos lo fundamental, lo substantivo, es la forma de gobierno, el tipo de régimen que preconizan.

Las discusiones a que ante s se ha aludido demuestran que se h a adelantado muy poco en este camino. Cada grupo sigue aferrado a sus ideas, y si se siente la necesidad de la unión no es con fuerza bastante par a sacrificarle las preferencias personales. No ocultamos que difícilmente se llegará a eso. l a conveniencia de una coalición de fuerzas moderadas que Intervenga activa y eficazmente en la gobernación del país—hoy en manos de las izquierdas—es evidente. Pero reconocer que lo fundamental es llegar a esta unión a base de un amplio programa común llevaría lógicamente al acatamiento de la República, a lo que los elementos irreductibles no se avendrían aunque estuviesen en peligro sus Ideales e intereses más caros. Buena prueba de ello es que Acción Popular, que, sin duda, ha visto claro el camino, no se decide a proclamar sin ambages su adhesión a la República por temor a perder la cooperación de muchos elementos.

Para a las fuerzas genuinamente conservadoras no hay más que un camino, que es el que ha seguido, por ejemplo, sin vacilar la Lliga. Consolidada la República, unirse dentro de ella para defender con la mayor eficacia posible sus principios fundamentales, hoy en la oposición, mañana quizá en el Gobierno. Lo demás es forcejear en el vacío y entretenerse en discusiones bizantinas sobre lo que fué o pudo ser, mientras, gracias a la desunión de las derechas, la República es presa de las Izquierdas.”

(Ahora, 16 de diciembre de 1932)