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EL PERIÓDICO
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La militarización de la sociedad


  • Escrito por Pietro Nenni
  • Publicado en Déjà Vu

Recogemos un texto del socialista Pietro Nenni, al que recurrimos con frecuencia en este periódico, donde explica la militarización de la sociedad italiana provocada por el fascismo de Mussolini, justo cuando se estaba desarrollando la Conferencia de Desarme de 1932. El texto se titula: “Como entiende fascismo el desarme”. Una opinión desde los años treinta para estos tiempos de resurgimiento de tentaciones autoritarias, con alientos de populismo, y de injerencias indebidas en los procesos políticos:

“La delegación polaca en la Conferencia del Desarme presentado proyecto muy interesante de desarme moral. Es de lamentar que delegación polaca no sea la más autorizada para hablar del desarme moral. Desde luego que la reducción de los armamentos no serviría de gran cosa si no iba acompañada del desarme moral. Ahora bien; en el preciso momento en que se presentaba a la Mesa de la Conferencia la proposición polaca se publicaba en Roma una «Hoja de Orden» del partido fascista—algo así como el «Diario Oficial»--con las disposiciones para la reorganización de los fascios juveniles de combate.

Trátase de un organismo militar intermedio, colocado entre las vanguardias fascistas y -la milicia, y en el que tienen cabida los jóvenes de dieciocho a veintiún años. Según la «Hoja de Orden» la nueva organización comprende en la base el pelotón con 25 hombres y la centuria, compuesta de tres a cinco pelotones. La jerarquía se compone del comandante del fascio local, del comandante federal y del comandante general, que es el secretario del partido fascista.

El uniforme y el equipo están cuidados en todos los detalles. La divisa de los fascios juveniles es la siguiente: “Creer, obedecer, combatir.»

El 28 de octubre de cada año se entregará al comandante del fascio que más se haya distinguido en la provincia el escudo «duce», consistente en da reproducción en bronce del escudo romano coronado por una espada. El reglamento consigna que todos los desfiles se harán a paso ligero. En cuanto a los castigos, comprenden la reprensión, la suspensión, la exclusión y la degradación. Esta última será aplicada según las normas militares solemnemente, en presencia de las tropas y del alto comandante.

Todos saben lo que es la milicia fascista, pero muchos ignoran lo que son los «Balilla». Estas forman el primer escalón de la militarización de la juventud italiana. Comprende cuatro secciones: los Balilla (de ocho a catorce años), los Vanguardistas (de catorce a dieciocho años), das Pequeñas italianas (de ocho a catorce años), las Jóvenes italianas (de catorce a dieciocho años). En total, dos millones y medio de niños y de jóvenes de los dos sexos que reciben una educación aprendan el manejó del fusil y toman parte en concursos de tiro.

Se ha oreado para su uso una canción que dice que siempre hay que estar apercibidos para defender al «duce», y por último se les ha dado para que lo aprendan, un «decálogo del miliciano fascista», cuyo texto es así:

1. Sabe que el fascista, y en particular el miliciano, no &be creer en la paz perpetua.

2. Los días de cárcel son siempre merecidos.

3. Se sirve a la patria hasta montando la guardia alrededor de una lata de esencia.

4. Un camarada debe ser para ti un hermano, puesto que vive contigo y piensa como tú.

5. El fusil, el puñal, etc., te son confiados, no para relegarlos a la ociosidad, sino para conservarlos para la guerra.

6. No digas nunca «El Gobierno es quien paga», porque eres tú mismo quien pagas y el Gobierno es el que tú has elegido y por el cual vistes el uniforme.

7. La disciplina es el sol de los ejércitos; sin ella no hay soldados, sirio la confusión y la derrota.

8. Mussolini tiene siempre razón.

9. El voluntario no tiene circunstancias atenuantes cuando desobedece.

10. Una cosa debe serte querida por encima de todo: la vida del «duce».

Así, pues, la dictadura se apodera de un niño desde que éste tiene ocho años, le endosa un uniforme, le pone en las manos un fusil, y le da una educación de salvaje con arreglo a la fórmula mussoliniana: «Amad el fusil, adorad la ametralladora, y en esta gama de sentimientos no olvidéis el puñal.»

Después de aedo esto, cuando el fascismo habla de paz, de desarme y de justicia, todavía se hallan mentiras para aclamarlo. A fe mía, la era de la necedad no lleva trazas de acabarse.”

(Fuente: El Socialista, número 7196, de 1 de marzo de 1932).