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La amenaza del paro sobre la salud


  • Escrito por El Socialista
  • Publicado en Editoriales

“En la última sesión celebrada por el Comité de Higiene de la Sociedad de Naciones fué examinada una Memoria en la cual se estudia la alimentación de los paradas en varios países industriales.

Las cifras consignadas en la Memoria muestran cuán grande es el peligro para la salud de los trabajadores afectadas por la crisis.

Los sintrabajo y sus hijos están subalimentados, y la subalimentación de los trabajadores prepara hecatombes insospechadas en algunos países.

Los parados, faltos de recursos suficientes, suprimen de su yantar cotidiano determinados productos alimenticios indispensables y los sustituyen con el pan o con las patatas.

En una gran Cooperativa alemana, que cuenta 36.000 miembros, de los cuales 18.000 están parados, la venta del pan ha quedado estacionaria, mientras que la de las demás clases de alimentos ha bajado de 20 a 30 por 1oo.

La alimentación de las familias de los mineros galeses parados se compone casi exclusivamente de pan, manteca o margarina, patatas, azúcar, té y tocino en escasa cantidad. Se ha reducido mucho el consumo de carne, de leche fresca.

En la Europa central, la patata tiende a ser el principal alimento de los parados.

En los Estados Unidos hay muchísimas familias que viven casi exclusivamente de patatas. Los médicos de los consultorios públicos han comprobado en los parados huellas de una alimentación insuficiente de leche, carne, huevos y legumbres.

En todas partes se observa disminución en el consumo de legumbres, fuera de las patatas. La clase obrera acude cada vez más a los alimentos que «llenan» y restringe el consumo de alimentos que «nutran».

Las estadísticas de mortalidad y de morbilidad no acusan todavía aumento perceptible. Pero si la crisis continúa y la subalimentación se extiende entre los trabajadores, no pasará mucho tiempo sin que suban en proporciones espantosas las curvas de la mortalidad y las enfermedades, debidas a la subalimentación.

La Dirección de Salud pública alemana ha hecho las siguientes observaciones acerca de este punto:

«El estado sanitario de los niños que frecuentan las escuelas primarias de Prusia, especialmente los hijos de obreros parados y de indigentes, que fué relativamente favorable hasta el otoño de 1931, se ha agravado desde entonces de un modo progresivo.

Entre las enfermedades cuya progresión es más notable hay que señalar los estados resultantes de la subalimentación, las enfermedades del crecimiento, la anemia, las escrófulas, los piojos, las lombrices, las enfermedades producidas por la suciedad, la caries dentaria y los estados nerviosos traducidos por un cansancio rápido y la falta de atención.

En un barrio obrero de Berlín, muchos hijos de obreros presentan una insuficiencia de peso y de crecimiento y constituyen un terreno abonado para el desarrollo de la tuberculosis, de las enfermedades de la piel y des- órdenes nerviosas.»

Como se ve, el paro obrero afecta ya los caracteres de una calamidad universal y pone en peligro incluso la existencia de las nacientes generaciones.

Hoy por hoy no existe otra solución práctica para el problema que facilitar colocación a los que carecen de ella, y esto sólo puede lacrarse reduciendo la duración de la jornada.

La propia existencia de la clase trabajadora depende de la implantación de la semana de cuarenta horas.”

(Fuente: El Socialista, nº 7473, de 18 de enero de 1933)