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Defensa del optimismo


  • Escrito por J.M.
  • Publicado en Editoriales

“El optimismo, el alegre optimismo… ¿Y qué? ¿Se sabe de algún filósofo pesimista que haya hecho algo bueno? ¡Qué fácil es ponerle peros a las cosas y ser pesimista! El pesimismo es la brigada de obreros que derriba; el optimismo es la brigada que construye. La misma mano esgrime el pico o la paleta; pero el mismo espíritu, no. ¡El alegre crear! ¡El doloroso destruir! Cuando Dios hizo el mundo vió que era bueno; pero apenas lo concluyó empezó a ponerle peros: todo Dios que no tiene nada que hacer se dedica a poner peros a las cosas. ¿Quién engendra felizmente que lo haga con tristeza? ¿Y a quién le amarga la vida que no haga un gesto triste? El optimismo es acertar a ver cómo sonríe el horizonte; pura ser pesimista no hay que pensar siquiera con ser cazurro, basta. Y con no haber hecho nada. también; con no haber traído ni un ladrillo a la obra. Para ser optimista hay que estar sano, lo cual es, muchas veces, resultado de una perseverante voluntad; y el pesimismo radica casi siempre en el estómago o el hígado: pura tenerlos lesionados no hay que hacer nada; dejarse trabajar por cualquier vicio fácil, y es suficiente. El optimismo es inocente: he aquí su quiebra, a juicio de los experimentados. No es fácil tampoco ser inocente; bastante más difícil que ser un fracasado, que es lo que suelen ser el ochenta por ciento de los que presumen de experiencia. No nos sirve, pues, el pesimismo; no haremos nada práctico con pesimismo. Seamos optimistas, seamos inocentes, aunque nos motejen de ingenuos los avisados que se juzgan en todo al cabo de la calle.

¡El criticar y el producir!... ¡La cara y el cogote! ¡Cómo se "arriman" los "técnicos" del toreo!.. Para cualquiera literato, ¡cuán fácil es explotar en el sentido que él juzgue conveniente la carestía de las patatas! Mas ¿qué importancia tiene? Lo verdaderamente trascendente sería irse a la huerta, destripar los terrones, enterrar las patatas, hacerlas florecer, llevarlas al mercado... ¡Eso ya es digno de un hombre! Y totalmente fuera del radio de acción de cualquier crítico. Para lo cual hace falta optimismo; optimismo y un poco de inocencia para no darse cuenta del obstáculo ni del peligro para ser valiente y no sentir fatiga. Lo malo S011 esos que se dan del ojo, y presumen: "¡Cualquiera me la da a mil"

La vida se la dió con queso; con queso ratonado, corno decía Celestina. Y ésa es su triste ciencia de las cosas. No querernos nada con ellos: ni en política, ni en ciencia, ni en literatura. Son los reventadores del teatro, los que gozan cuando hay crisis, los que llenan de chismes todos los mentideros, y son incapaces de violar una cuartilla. De violarla para hacerla parir, que es lo que legitima todas las violencias. Con optimismo, sí. Con pesimismo, ni a la gloria.”

(Fuente: El Socialista, número 7031 de 22 de agosto de 1931).