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Los fundamentos del federalismo

  • Escrito por Joaquín Mencos
  • Publicado en Editoriales

El establecimiento de un Gobierno en Cataluña al proclamarse la República, que inmediatamente se ha transformado en la Generalidad de Cataluña, ha horrorizado a muchos «patriotas». Su ignorancia no lee permite comprender la compatibilidad entre Gobiernos regionales y Gobierno nacional. Por testas partes los persigue el fantasma del separatismo.

Es preciso que los socialistas, que somos federalistas según lo expuso Marx en su obra «La guerra civil en Francia», expliquemos al pueblo el federalismo y sus fundamentos.

Marx, igual que Pi y Margall, defendía la soberanía del Municipio, consistente en reconocer que tiene fines propios que cumplir y que no debe ser, por lo tanto, una mera rueda de la máquina administrativa. He ahí el fundamento del federalismo.

La sociedad no tiene más misión que ayudar al individuo a vivir. Si las familias hubieran podido vivir aisladas, no se hubieran buscado las complicaciones que origina la vida en común; pero el hombre necesita del auxilio de todos sus semejantes. No le basta su madre cual a la mayoría de los animales. Salvaje, necesita de su tribu para defenderse de los innumerables peligros que le acechan. Civilizado, siente cada vez más la necesidad de la asociación. En la antigüedad le bastó la tribu; luego necesita crear la ciudad; en la Edad Media, el pequeño Estado; en la moderna, la nación; hoy ya no se bastan las naciones. El mundo siente la necesidad del Estado universal, hastas que se constituya le sirven de sustitutivos los Congresos científicos y artísticos internacionales y numerosos organismos internacionales, entre los que se encuentran las lnternacionales Socialista y Sindical y la Sociedad de las Naciones.

Pero ninguno de esos organismos absorbe a los demás. La Sociedad de las Naciones no tiene que intervenir en cuantas cuestiones se suscitan en asile Nadie siente la necesidad de que la Sociedad de les Naciones intervenga en la procedencia o no de construir un ferrocarril que una Valencia con Madrid o Bayona con Perpignan; todo el mundo comprende que España y Francia se bastan respectivamente para resolver estas cuestiones. Pues, por igual razón, debe comprenderse que Cataluña, Aragón o Galicia pueden resolver asuntos que peculiarmente les interesen a cada una de ellas, y sólo a cada una de ellas, sin necesidad de que España tenga que intervenir.

Y de la misma forma habrá cuestiones que sólo interesarán a determinado Municipio, cual es el alumbrado de sus calles, y en las que ni la región ni el Estado tendrán que tomar parte.

Así como el individuo tiene derecho a actuar dentro de un cierto límite sin que nadie pueda entrometerse en sus asuntos, que es en lo que consiste su libertad o autonomía, del mismo modo lo tienen los Municipios y las regiones, sin que la autonomía de unos y otras pueda perjudicar en !o más mínimo a la integridad de la nación.

Y los socialistas, que aspiramos a crear el Estado universal, no podemos menos de ser federales, que es el único régimen posible para un Estado de dos mil millones de habitantes.

Lo único discutible es cuáles sean los fines peculiares de cada uno de los organismos Municipio, Region y Nación que deberá determinar la Asamblea Constituyente.

Joaquín Mencos, El Socialista, 29 de abril de 1931, número 6933. 1 © Fundación Pablo Iglesias