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La ciudad, sucia y abandonada

  • Escrito por J. Comaposada
  • Publicado en Editoriales

La epidemia tífica que actualmente sufre Barcelona ha hecho recordar á todos que vivimos de milagro; que esta ciudad es una de las más sucias de Europa, y que tanto en el terreno oficial como en el particular no se observan ni las más elementales reglas aconsejadas por la higiene.

Los que han querido presentar una ciudad grande y bella, con soberbios edificios de construcción moderna, con suntuosos palacios y hermosos paseos, se han olvidado de que toda población importante requiere un régimen de saneamiento y de higiene, sin los cuales la vida se hace poco menos que imposible en ella.

Y aquí se ha olvidado lo más elemental en esta materia.

Nada reúne aquí las debidas condiciones. Ni las cloacas, ni los depósitos de agua con las casas, ni los hospitales, de los que nos hemos ocupado en más de una ocasión; ni los retretes de las habitaciones, careciendo en su casi totalidad de "water-closet"; ni la limpieza de las calles, ni nada, en una palabra, de todo cuanto se relaciona con la higiene pública y privada está debidamente organizado.

La Prensa clama hoy contra este inexplicable abandono, sin tener en cuenta que también ella es culpable de semejante estado de cosas. Si la Prensa, en vez de dedicar bombos á los concejales de sus respectivos partidos, poniéndolos hasta las nubes, se hubiese dedicado con preferencia á poner de manifiesto las deficiencias que en lo tocante á salubridad é higiene se observan en Barcelona, señalando como mal administrador á todo aquel que en el desempeño de su cargo no hubiese cuidado con el interés debido la salubridad y la higiene de la urbe, otro sería el resultado.

Así, la conducta de unos y el proceder de otros ha dado lugar al repetido abandono, sin precedente y sin igual en ninguna otra población.

Para que llegara á formularse la actual protesta de todo el vecindario y de la misma Prensa ha sido preciso que las invasiones tíficas se presentasen por miles, hasta el punto de no haber apenas casa que se halle exenta de atacados. En muchas el número de éstos es de tres, de cuatro y de seis.

Sólo ahora, cuando la invasión ha llegado á revestir verdaderos caracteres de gran epidemia, se les ha ocurrido á las autoridades ordenar hacer un análisis de las aguas que bebe Barcelona.

Del exámen hecho en las que proceden de Moncada, resulta que están inficcionadas del bacilo tífico. No se conoce todavía el resultado de las del Llobregat y de Dos Rius; pero es probable que resulten hallarse en idéntico ó parecido estado.

Así el pueblo se ha ido envevenando, sin que los encargados de velar por su salud hayan hecho lo más mínimo para evitar esta desgracia y esta vergüenza que pesan sobre Barcelona.

Después, cuando hayan pasado las actuales circunstancias; cuando las familias hayan vestido luto por la pérdida de los seres queridos; cuando se ataje el mal por ser combatido ó porque haya perdido su fuerza, las cosas volverán al mismo estado, como si nada hubiese ocurrido.

Nada se ha hecho después de la epidemia de viruela del año pasado, que causó miles de víctimas, y puede darse como seguro que nada se hará después de terminada la presente.

Es una fatalidad sin precedente la que pesa sobre esta desgraciada ciudad, cuyos administradores, pasados y presentes, han tenido por completo abandonada.

Barcelona es, según expresión de un periódico, la ciudad de las fachadas. Mucha construcción elegante, mucha magnificencia en el exterior; pero de interiores detestables, semejante á la mujer de hermosos vestidos y con la camisa sucia y haraposa.

Y esta situación no cambia mientras el pueblo no se decida á hacer un escarmiento ejemplar entre los que han aprovechado el cargo concejil para su conveniencia particular, abandonando todo cuanto sea de interés para el pueblo.