Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

Un poco más de justicia 31 años después

La Audiencia Nacional ha condenado al ex coronel salvadoreño Inocente Orlando Moreno a la pena de 133 años y tres meses de cárcel por el asesinato de Ignacio Ellacuría y otros jesuitas en el año 1989. Esta noticia parece que ha pasado un poco desapercibida en un día de fuertes conmemoraciones y en medio de los problemas derivados de la pandemia y otros asuntos de intensidad tanto en la política nacional como internacional. Pero merece que nos detengamos en este hecho capital, en un suceso terrible que conmocionó a nuestro país, y a la opinión internacional, por un brutal asesinato de unas personas comprometidas con los que más sufrían en un El Salvador de tantos padecimientos y tanta sangre en los años ochenta.

Pero, además, al condenado se le atribuyen los asesinatos de otro jesuita salvadoreño, la cocinera de la Universidad y su hija, pero no se le ha podido juzgar por estos crímenes porque no fue extraditado por Estados Unidos por estos hechos. La sentencia establece que esta masacre fue planeada y ordenada por miembros del alto mando de las Fuerzas Armadas. En ese momento Inocente Orlando Moreno era viceministro de la Seguridad Pública, y participó en ese proceso, dando la orden al coronel director de la Escuela Militar, Guillermo Benavides, actualmente en prisión en El Salvador. Aquello fue un acto de terrorismo de Estado.

La sentencia apunta más arriba aún, al considerar que en los asesinatos participó un grupo violento, compuesto por el entonces presidente de la República, Alfredo Cristiani, y los miembros de la promoción de oficiales de La Tandona, que ocupaban los más altos puestos, y otros altos cargos. Asesinaron y mintieron a la opinión pública porque intentaron hacer creer que los jesuitas pertenecían al Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí, y que querían incitar a los campesinos a una conspiración comunista alentada por el Kremlin.

Nada devolverá la vida aquellos hombres y mujeres que se comprometieron por un El Salvador mejor, por intentar que la vida de los que padecían fuera menos difícil, por intentar ayudar para conseguir la paz, haciendo de mediadores, de un país en una guerra atroz.

Nada reparará el dolor causado, pero, al menos, se ha podido hacer un poco más de justicia, aunque no toda, porque sigue habiendo culpables que no han sido condenados.