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Constitucionalistas contra la Constitución


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Se cumple un nuevo cumpleaños de la Constitución del setenta y ocho en el que de nuevo nos encontraremos en un deja vu, atrapados entre la exégesis nostálgica de la Transición, el veto de la derecha a cualquier reforma y también con las posiciones constituyentes de máximos de algunos nacionalismos y de una parte de la izquierda.

Los actos han comenzado con la jornada de puertas abiertas, en la que los ciudadanos que se han acercado al parlamento han lamentado el clima de crispación política y de insultos en los recientes debates de la Cámara que han podido conocer a través de los medios de comunicación.

Y es que en los últimos tiempos la apropiación de la Constitución por parte de las derechas transcurre en paralelo, no solo con la interpretación interesada del origen de la misma, sino además con el incumplimiento de algunos de sus principales postulados. Ahora, por si fuera poco, con la creación de un clima de polarización extrema como una estrategia conscientemente orientada a provocar la desafección política de la ciudadanía.

El origen de todo ello se encuentra en la  deslegitimación sistemática de los resultados electorales desde el año 2004 y sobre todo de los apoyos parlamentarios de la moción de censura y del conjunto del actual gobierno de coalición de izquierdas. Hace años que el final del terrorismo y luego el Procés en Cataluña se han convertido en el combustible de la desestabilización política por parte de las derechas.

Por eso, en los últimos debates de este año sobre la reforma de la sedición y la transferencia del tráfico a Navarra hemos vuelto a oír los perennes argumentos de ETA y del Procés en boca de la derecha, con el objetivo último de excluir de la mayoría de gobierno a una parte de los grupos parlamentarios, entre los que inicialmente se encontraban los apoyos de la investidura, pero que ahora abarcan incluso a los propios componentes del gobierno. Partidos que en su momento formaron parte de los artífices de la Constitución.

No en vano han anunciado su voluntad de derogar la ley de memoria democrática cuando accedan al gobierno, quizá para borrar la relación entre la defensa de la República y el compromiso con la Transición de unos y el golpe antidemocrático y la guerra civil con la nostalgia vergonzante de la dictadura o la ambigüedad de otros.

Son los mismos partidarios de un constitucionalismo excluyente que en estos mismos días cumplen los cuatro años de bloqueo institucional a la renovación del CGPJ, bloqueo que ahora pretenden extender al Tribunal Constitucional en un intento muy poco constitucionalista de mantener una mayoría conservadora espuria y convertir con ella a las instituciones del Estado en un instrumento más de oposición política. Y lo que es aún más grave, como cámaras superiores de control del gobierno y del parlamento, supuestos garantes de la unidad y la permanencia de la patria, lo que contradice los principios básicos tanto de soberanía nacional como de independencia entre poderes contemplados en la Constitución.

La efeméride de este año coincide finalmente con las fake News sobre la situación económica, el rechazo a la revalorización de las pensiones por parte de las derechas y la crisis de la sanidad pública. Con ello el riesgo de añadir malestar social a la desconfianza política.

Por eso, la mejor forma de celebrar la Constitución es ante todo cumplirla, pero también evitar tanto su deterioro como su patrimonializacion como martillo de herejes. Se trata en definitiva de algo tan sencillo como respetar las instituciones, defender la sanidad pública y las pensiones, como joyas de la corona del estado de bienestar en un momento económico delicado y no caer en las provocaciones desestabilizadoras en el debate público.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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