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Tristeza, indignación y cabreo

Escribo esto, como dice el título, con una mezcla de infinita tristeza, gran indignación y mucho cabreo. Cuando este artículo vea la luz, probablemente, habrán pasado muchos y graves acontecimientos porque la fecha de entrega es el miércoles anterior a la publicación.

La escuela en el limbo

Henos aquí un curso más ante un panorama de incertidumbre con perspectiva de prolongarse por tiempo indefinido a la espera de ese pretendido pacto de estado por la educación. Ya lo padecimos el pasado año académico, cuando de la caja de Pandora de la última ley educativa parida por el ministro Wert sin consenso, la LOMCE (Ley orgánica de mejora de la calidad de la educación... ¿Sarcasmo involuntario?), salieron todos los males concretos derivados de la politización de una institución fundamental en todo Estado democrático y de derecho, por cuanto tiene entre sus funciones la de corregir desigualdades y, por ende, contribuir de modo primordial a la convergencia social. El curso pasado los profesores, alumnado y familias no supimos hasta bien superada la mitad de su duración qué se iba a hacer con la dichosa PEBAU (prueba de evaluación del bachillerato y acceso a la universidad) diseñada, en principio, de acuerdo con el marco de la LOMCE, como instrumento de estandarización de la educación de masas no declarado como tal; se trata de asegurarse el control político del mecanismo de ingeniería social seguramente más potente.

Aún estamos a tiempo

Hace solo dos días todo parecía perdido. El lunes día 9 en el Parlament de Catalunya se iba a producir una Declaración Unilateral de Independencia. Se iba a convocar un pleno de la Cámara para que el president Puigdemont compareciera “para valorar los resultados del referéndum del 1 de octubre, y sus efectos, de acuerdo con el art. 4 de la Ley de Referéndum de Autodeterminación”.

El despertar

Los norteamericanos llaman despertares a corrientes de reconversión religiosa, que en el apogeo de sus públicas manifestaciones de fe pueden desembocar en estados de histeria colectiva. El primer gran despertar tuvo lugar en los años cincuenta del siglo XVIII, el segundo en los años previos a la Guerra de Secesión. Un nuevo despertar religioso se produjo como reacción a los rebeldes años sesenta y setenta, durante la “revolución conservadora” de Ronald Reagan.

“Colonos”

Qué equivocado estaba yo, lo admito, en el asunto de “los colonos” en Cataluña. Obnubilado por las caravanas de pioneros en las películas del Oeste, me había despistado tal denominación, que reemplaza a la antigua, más clasista pero igual de despectiva, de “xarnegos”, pero leyendo lo que dicen los nacionalistas estoy obligado a cambiar de opinión.

Una gran irresponsabilidad

El 1 de Octubre es la fecha que el Govern de la Generalitat y la mayoría independentista que le apoya en el Parlament de Catalunya eligió para convocar el referéndum de autodeterminación.

La vía canadiense

En el año 2000 fue aprobada en Canadá la Ley de Claridad, que ponía límites a los plebiscitos de independencia de la francófona Quebec. El Tribunal Constitucional y dicha Ley aclaraban que una declaración unilateral de independencia no sería compatible con el derecho internacional. Además, establecía los siguientes principios y precondiciones:

Carta abierta al diputado Pablo Iglesias

Señoría: Perplejo me hallo ante el grito “Viva Cataluña libre y soberana” lanzado al aire barcelonés en la última Diada, efecto, sin duda, del clima político imperante, de la emoción del evento y de la devota lectura de “Victus”, novelesca versión de la ficción nacionalista de los hechos de 1714.

El “procés” y sus fantasmas

Ahíto estoy del “procés”, nombre de reminiscencias kafkianas, que algún fontanero de la Generalitat ha escogido para designar la operación de separar, de modo unilateral, Cataluña de España. Aunque por el procedimiento con que se va a consumar la secesión -la “desconexión”- más bien parece obra de un electricista.

Poner el contador a cero

Este sábado al mediodía los socialistas hemos celebrado un acto con la presencia de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE. Un acto necesario, emotivo, de unión y comprometido con la libertad, la legalidad y el respeto a los derechos. Un acto en el que los socialistas hemos vuelto a decir, una vez más, que no nos resignamos a ver como dos trenes chocan sin remedio. Hemos dicho bien alto y claro que, aunque sean momentos muy complicados, existe y está más vigente que nunca una vía de entendimiento para salir del inmenso atolladero en el que estamos metidos.

Sin garantías, con nosotros que no cuenten

La convocatoria del 1 de octubre carece de cobertura legal. Tanto la ley del referéndum como la llamada ley de transitoriedad y fundacional de la república catalana, aprobadas por el Parlament de Catalunya atropellando los derechos de la oposición, han sido suspendidas por el Tribunal Constitucional.

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