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Josep Burgaya

Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.

Blog: jburgaya.es

Twitter: @JosepBurgayaR

Trabajo e identificación

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Lo que caracteriza a las últimas décadas es una extrema volatilidad del trabajo y, al mismo tiempo, el sentido de pertenencia a una clase social. Lo que antes se decía y se blandía con orgullo cómo era pertenecer a la “clase trabajadora”, en los últimos tiempos se ha diluido, difuminado y casi olvidado. Ahora, en este sector laboral y social se está siempre pendiente de la precariedad, de combinar períodos de trabajo con el subsidio o mantener varios trabajos a la vez para obtener ingresos mínimos. Aquí los miedos son básicos, elementales y dramáticos. No son temores infundados sobre la pérdida de estatus. Son posibilidades reales de perder ingresos, vivienda y mínimos vitales. Por el camino se tiene la sensación de perder la dignidad y la autoestima. El deterioro es muy acusado. El esfuerzo de mucho trabajo desgastante, pero al mismo tiempo la lucha y la erosión que implica la búsqueda constante de una nueva ocupación. Las condiciones del "proletariado del sector servicios" son mucho más duras que las que tenía el trabajador industrial clásico. Aquí no hay sindicación y a menudo se forma parte de una cadena de subcontratación dedicada a la limpieza, cuidados personales o reparto a domicilio. Trabajos aparentemente sencillos, pero de horarios interminables, ritmos frenéticos, condiciones inhumanas y salarios de miseria. Un mundo multicultural, con predominio de mujeres, en el que no es posible establecer salarios mínimos o bien de conciliación entre trabajo y vida privada. Nadie habla del bournout en este escalafón de nuevos sirvientes, aunque lo hay. Quizá tenga más connotaciones de desesperación. Y un miedo atroz.

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El pájaro y sus alas

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Como no podía ser de otra forma, Elon Musk ha entrado en Twitter haciendo ruido, o más bien como un elefante, como es su estilo. Le gusta ser singular y al mismo tiempo disfrutar de formas autoritarias. No se conforma con ser rico y poderoso, quiere que se note exhibiendo formas variadas de prepotencia. Afirma querer cambiar el mundo. "El pájaro ha empezado a volar", ha dicho de la nueva era que inicia la red social, pero de momento le han abandonado las empresas que se publicitaban. El trumpismo mundial está de enhorabuena. No tanto los partidarios de la gratuidad. La plataforma será de pago. A cambio, te ahorrarás publicidad y podrás publicar todo tipo de fantasías y animaladas sin límite. Esto es progresar.

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Impuestos, los justos

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El debate sobre la fiscalidad vuelve a centrar la pugna política en España y, probablemente, lo hará durante largo tiempo. Como mínimo, hasta que se celebren elecciones generales en un año. La derecha hispánica, tanto la de Feijoo como la de Ayuso y también la de Vox, han hecho suyo aquel precepto propagandístico del neoliberalismo que afirma que “los impuestos son una incautación de la riqueza privada y donde mejor están es en el bolsillo de los contribuyentes”.

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La fase más peligrosa de la guerra

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Las guerras no tienen un momento bueno, pero tienen etapas, algunas de las cuales resultan especialmente preocupantes. La invasión por Rusia de territorios ucranianos ha sido una agresión inaceptable con efectos humanos, sociales y económicos de inmenso alcance y no sólo para ucranianos y rusos. Se han roto la necesaria estabilidad que requiere el progreso en buena parte del mundo y los desequilibrios generados nadie sabe muy bien adónde nos pueden llevar. Todo cálculo en el terreno bélico resulta una mera aproximación. Como en una partida de ajedrez, cada movimiento abre una realidad nueva. En ese caso, se juega muy cerca del abismo. Rusia preveía una guerra relámpago que, en pocos días le permitiría ocupar la región del Donbass y provocar el colapso del gobierno ucraniano el cual sería sustituido por uno afín. Nada de esto ha pasado. La rusofobia ancestral en este país provocó una dinámica de cohesión y la emergencia de un liderazgo fuerte por parte de Zelenski, un cómico convertido en político. La resistencia militar de Ucrania resultó insólita, en gran parte por la ayuda militar occidental, pero también porque en Rusia de la gran potencia militar que había sido ya sólo le queda el arsenal nuclear. La guerra se alarga, con múltiples episodios de una brutalidad inusitada, y unos efectos económicos muy profundos más allá de los contendientes y de las sanciones impuestas por Occidente en Rusia. Parece que Europa no había previsto lo que significaría su posicionamiento en relación con la dependencia energética y el acceso a determinados alimentos y materias primas.

En defensa del Impuesto de Patrimonio

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Una vez más el PP cae en la demagogia y se presenta como el defensor de bajar impuestos. Más allá que bajar impuestos en un país donde la presión fiscal está por debajo de la media de la Unión Europea no resulta muy lógico, ya que se debilita la posibilidad de financiar unos buenos servicios públicos, ya resulta aleccionador que sólo se bajen o se hagan desaparecer aquellos que afectan a los ricos.

Chile como muestra

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En América Latina se va consolidando un nuevo giro hacia la izquierda en buena parte de los países, en una edición renovada de lo que fueron los regímenes nacional-populares de la primera década de siglo y que tuvieron su reflujo en los últimos años. Hay ejemplos muy interesantes, aunque en algunos países que a veces se contabilizan resultan indefendibles y donde no se superan ni mucho menos los estándares democráticos, como serían los casos de Venezuela o de Nicaragua. Pero existen modelos a tener en cuenta de transformación económica y social como los de Bolivia, una primera vez de ensayo de gobierno progresista en Colombia y el siempre dudoso y contradictorio kirchnerismo en Argentina. Será clave si en Brasil se logra deshacerse del ultraderechista Jair Bolsonaro y vuelve Lula y sus políticas de desarrollo e integración social. Seguro que, si lo consigue, dará un empujón y liderará las izquierdas democráticas del continente.

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La nueva extrema derecha

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El Partido Popular Europeo acaba de dar luz verde y reconocimiento a la alianza de la extrema derecha italiana. El conservadurismo continental abre la puerta así a que la derecha y la extrema derecha cooperen para recuperar el poder donde no lo disfrutan. Una buena noticia para el Partido Popular y Vox en España, no sé si tanto por el mantenimiento de los valores democráticos.

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La era del turismo

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Si algo define nuestro mundo es la profusión del viaje, del aleteo continuo. Es una actitud. Desplazarse, conocer entornos diferentes, ya no es algo asociado únicamente a las clases dominantes, a las élites, sino que se ha convertido en característica común y transversal de nuestro tiempo. Se ha erigido como un derecho inalienable de la ciudadanía en cualquier segmento social que se habite. Hay nichos y precios para todos, para que la democratización de la práctica turística y viajera no signifique la superación de las diferencias de clase, que tampoco se trata de eso.

Tipos de interés

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Las economías occidentales sufren procesos inflacionarios desbocados que, donde más donde menos, se acercan al 10% en la tasa interanual. Una mala dinámica. El resultado de un aumento de continuado de precios que devalúa salarios, ahorros y activos. En definitiva, nos hace progresivamente más pobres. Una de las preocupaciones siempre fundamentales de los gobernantes. Limita la estabilidad económica y la confianza de los inversores, así como la capacidad de los consumidores. Sobre todo, empobrece a los más débiles. Si la tasa anual no sobrepasa el 2% no sólo no es preocupante, sino que se considera saludable y activadora, pero a partir de ahí todo son problemas. Aumentar los tipos de interés para frenar la dinámica alcista de los precios es una solución tradicional, aunque con notorios riesgos. Lo ha hecho la Reserva Federal estadounidense dos veces estos últimos meses y de forma bastante contundente hasta llegar a tipos del 2,5%. Hay quien dice que el Banco Central Europeo, que lo hizo la semana pasada un 0,75%, va tarde y de forma demasiado modesta. No hay una varita mágica. Si estiras la sábana para tapar la cabeza, probablemente acabes por destapar los pies. Porque ese es el problema.

Un nuevo guión

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Una de las grandezas de la política son los giros inesperados. Dinámicas que parecen imparables durante meses, de repente se frenan e incluso dan la vuelta. Todo depende de saber utilizar los tiempos y no sólo construir relatos adecuados, sino ser capaces de tomar medidas que la ciudadanía entienda que son las que tocan y que no necesitan ser explicadas de forma compleja o con notas a pie de página. El debate de política general del Congreso de Diputados en Madrid nos dio la semana pasada una prueba bastante evidente de ello.

A propósito del cambio en Colombia

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La victoria de Gustavo Petro en las elecciones de Colombia tiene mucha significación. La tiene para un país que dispondrá, por primera vez en su historia, de un gobierno de izquierdas, pero la tiene para América Latina, pues el giro político colombiano refuerza la dinámica de retorno de gobiernos progresistas a buena parte del continente. El cambio resulta trascendente y de su éxito o fracaso se derivarán muchas cosas. Colombia ha vivido una sucesión de gobiernos entre derechistas y muy derechistas desde hace muchos años y una conflictividad interna que la llevó a una auténtica escisión social y política y al predominio de una violencia brutal, ya fuera procedente de las guerrillas de izquierdas, del narcotráfico o de los paramilitares, conceptos, además, que a menudo se mezclaban de forma indescifrable. El M-19, las FARC, representaron apuestas insurreccionales según el estilo del revolucionarismo poscolonial que se impuso en las décadas de los sesenta y setenta siguiendo la estela de Ernesto Che Guevara. Una salida quizás comprensible en un país de desigualdades sociales tan extremas y con una clase dominante de formas tan abruptas, pero que a pesar de los toques románticos que se le quisieran ver, no sólo estaba condenada al fracaso, sino que provocó reacción y violencia desenfrenada además de derivas de mala justificación cómo las narcoguerrillas o la eclosión de personajes vinculados al narcotráfico como Pablo Escobar. Tras los duros “años de plomo” el país ha vivido procesos de desmilitarización de los grupos armados y de cierta reinserción de sus miembros en la política democrática. Se ha avanzado en los últimos tiempos y de forma especial en el tema de la seguridad. El movimiento que hay detrás de la victoria de Petro pretende ahora estimular un progreso económico que, mediante la corrección estatal, no beneficie sólo a las minorías extractivas de siempre, sino que reequilibrio a la sociedad sacando de la pobreza los segmentos más bajos y excluidos a la vez que fomente el surgimiento de clases medias que puedan ser portadoras de cierta estabilidad política. El reto es inmenso y los planteamientos necesariamente moderados.

Andalucía

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Es la región más grande y poblada de España. También la que políticamente resulta más determinante por una cuestión de peso parlamentario. Feudo tradicional de la izquierda, especialmente del PSOE, la falta de alternancia política durante más de cuarenta años llevó a la práctica de un caciquismo de izquierdas que ahora se paga, y mucho. Como han determinado las urnas se seguirá sufragando la factura. La mayoría holgada del Partido Popular resulta una humillación. Que no necesite Vox para gobernar no disminuye el descalabro. Los populares gobernaran cómodamente y en solitario, no cargando así con el estigma de un pacto con la derecha más cavernaria, especialmente cuando representaba a ésta una candidata incorrecta y sobreactuada que parece una caricatura de sí misma. Pero, a pesar de ello, el electorado popular no hacía ascos a esta suma y que más bien se abonaba. En el contexto de “guerra cultural” desencadenada, solamente hay lugar para dos bandos. Se va normalizando lo moralmente injustificable. La polaridad política exagerada que se ha estimulado tanto en Andalucía ha generado este tipo de actitudes que más que democráticas parecen propias de la cultura de las reyertas. Sorprende que una sociedad modernizada y que parecía haber superado las sumisiones sociales de antaño se vuelva entregar de forma alegre al predominio de las formas y el fondo de la hegemonía de los señoritos.

AR-15

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Éste es el nombre comercial de un fusil de asalto muy de moda entre los cuerpos de seguridad y entre los aficionados a las armas. No es una pieza cualquiera, ni va asociada a un último recurso en la autodefensa para quienes creen que disponer de este equipo resulta disuasorio.

El influjo de Qatar

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Es un pequeño estado del Golfo Pérsico que nada sobre petróleo y especialmente de gas natural. Esto les ha proporcionado un lugar relevante en el mundo, pese a una superficie que no llega a ser ni siquiera la de la provincia de Lleida. Como además de gustarnos mucho el dinero lo que nos gustan de verdad son los ricos, ya hace años que profesamos respeto y gran consideración a esta monarquía absoluta anclada en lo medieval que resulta poco justificable y escasamente decente. Este territorio era un protectorado británico que logró la independencia como estado en 1971. A partir de entonces, ha sido un feudo administrado como una propiedad privada por la familia Al Thani. Incluso los golpes de estado se hacen dentro de la misma. Al pasar de practicar la pesca y el cultivo de ostras a explotar los yacimientos energéticos, la riqueza creció tan rápidamente como la espuma. Tiene una renta per cápita extraordinaria, que triplica a la de España y es de las primeras del mundo. Decir que su población es muy rica es sólo una apariencia estadística. Sobre una población total de 2,8 millones de personas, los realmente considerados ciudadanos qataríes son sólo 250.000. El noventa por ciento de los que viven allí son extranjeros, la mayoría inmigrantes que hacen, de forma estricta, de personal de servicio a los adinerados. Los orientales que trabajan en la construcción de sus admirados rascacielos en condiciones de esclavitud viven a las afueras de las ciudades en viviendas y zonas escondidas de la mirada de la gente y que poco tienen de “zona residencial”. Los que tienen más suerte, están ocupados en el servicio doméstico, el comercio o en su inmensa oferta hotelera.

Twitter

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Quien más quien menos está en Twitter. Es probablemente la red social más influyente, aunque no sea la más numerosa. No tiene más de 15 años de historia, pero las dinámicas que se crean en esta trama de microblogging condicionan sin duda la política, pero otras muchas tomas de decisiones en nuestro mundo. Aparentemente un espacio de opinión libre y contraste de puntos de vista, que funciona en realidad como un universo de presión y de manipulación. Parece una plaza pública, pero el anonimato de los opinadores hace que el todo acabe siendo rudo y poco sensato, donde las dinámicas de difamación y persecución pueden resultar a menudo estremecedoras. El comportamiento grupal en forma de manada que tiende a acentuar y priorizar las posiciones extremas es muy grande, como lo es que una parte de los actuantes son perfiles falsos automatizados -bots-, preparados para contraatacar de manera sistemática a determinadas personas o argumentos. Unos pocos individuos y máquinas organizadas pueden crear fácilmente sensaciones de pensamiento dominante y convertir temas irrelevantes en trendig tópic, el cual será emulado rápidamente por cualquier tema aún más vulgar. Hay quien se cree socialmente influyente porque hace cuatro tuits llamativos y algunos políticos en estos momentos son poco más que profesionales de lanzar mensajes ocurrentes. Una red social con más de 300 millones de seguidores en el mundo, pero un negocio que aún hoy en día no se ha logrado rentabilizar. Tiene un gran potencial por la aportación voluntaria de datos que los usuarios hacemos y las posibilidades publicitarias todavía pueden dar mucho de sí. Con tres mil trabajadores ocupados en monitorizar, controlar y poner al día el algoritmo, a pesar de su popularidad es una compañía que está económicamente en zona de pérdidas. Sin embargo, Elon Musk ha manifestado su voluntad de comprársela como quien se hace un pequeño regalo. Para rebajar la cantidad estimada de 43.000 millones de dólares ha hecho un amago de desdecirse y, así, hacer bajar el valor de la acción. Aunque parezca una excentricidad, probablemente hará los cambios necesarios para convertir esta red en un negocio más. Oiremos hablar de ello.

Comisionistas

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La corrupción no es extraña en el mundo político y, quien más quien menos, todos los partidos han sufrido sus episodios. Sin embargo, hay que reconocer que el Partido Popular se ha especializado y mucho en la cuestión, tanto por el número de casos como por su redundancia especialmente en tiempos que parece deberían haber aprendido a ser algo más cuidadosos. Acaban de sufrir la última condena del caso Gürtel y, de forma paralela, Pablo Casado ha tenido que abandonar el liderazgo por haberse atrevido a denunciar los negocios al amparo del poder de la familia de Díaz Ayuso.

Pendientes de todo y de casi nada

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Si algo ha cambiado de forma notoria en los últimos tiempos en el paisaje urbano, es la actitud de las personas, así como su posición corporal. Casi nadie observa, habla, mira, se abstrae o escucha. Se trata de mostrar el círculo cerrado que cada uno de nosotros forma con su smartphone. La corporeidad ha adquirido un elemento externo que se ha incorporado a nuestra persona. Se exhibe tecnología y una hiperconexión, cuya finalidad es evidenciar nuestras carencias y miserias cotidianas, así como practicar el culto al yo. Christopher Lasch escribió hace años sobre la cultura del narcisismo que es inherente a la sociedad de consumo de masas y del ideal individualista del liberalismo burgués llevado al extremo. Lo digital, todavía no se conocía. Un proceso este último que transporta a los individuos del interés por los demás hacia el interés por la ficción particular, de la preocupación por las injusticias colectivas hacia los problemas personales, un viaje hacia dentro mismo que pretende ser emancipador y que se concreta en el culto a salud física y mental, y donde se sustituye la figura de referencia del líder político por la del terapeuta. El ideal de felicidad ya no sería la paz exterior, sino la pretensión de llegar a una de interior. Un individuo que tiende a recrearse en las emociones, indiferente, egocéntrico y desenfocado, que practica el “minimalismo moral” y el espíritu de supervivencia.

En el alambre

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Una de las virtudes políticas de Pedro Sánchez ha sido, sin duda y durante bastante tiempo, la de transmitir serenidad, cierto sentido de la pausa. Frente a problemas ingentes, de difícil gestión y dudosa salida, y con una oposición que ha planteado la llegada del apocalipsis día sí día también, el recurso a la acción tranquila y sensata, el no entrar en la psicosis del nerviosismo ha funcionado razonablemente bien.

Tiempos de confusión

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El posliberalismo se impone como actitud y pensamiento en muchos movimientos políticos, algunos de los cuales, especialmente en el Este de Europa, han logrado hacerse con el poder y constituir lo que el húngaro Orban llama estados iliberales. Se mantiene la terminología y formas del Estado de derecho, pero subvierten los valores y los equilibrios más allá del mantenimiento de las elecciones como modalidad de legitimación. Especialmente, se pervierte la división de poderes, sometiendo el poder ejecutivo, o intentándolo, a los poderes legislativo y judicial y generar una dinámica polarizadora que acaba con la libre concurrencia de proyectos, políticas y opiniones por una tendencia al unanimismo forzado a partir de todos los mecanismos en manos del Estado y, muy especialmente, a un uso especialmente perverso de las posibilidades encuadradoras del instrumental digital.

Enemigos íntimos

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La política como espectáculo ha vivido uno de sus grandes episodios en la última semana. El Partido Popular ha escenificado una especie de tragedia griega en la que ha habido de todo: hechos imprevisibles, espectáculo, giros continuos de guion, efectos sorpresa, crímenes pasionales, evidencias de corrupción, traiciones, celos, deserciones, miserias humanas... Todo ello se ha asemejado a un programa de los de Mediaset para entretener donde sólo necesitáramos dosis importantes de palomitas. Pero más allá de la lectura frívola que se puede hacer de todo ello, lo preocupante es el deterioro de la política que se escenifica de manera descarnada. ¿Cómo creer en algo después del catálogo de bajas pasiones en estado puro que nos han exhibido? Pablo Casado siempre ha sido un líder débil, un trepa de manual con dudosa formación que supo aprovechar en el 2018 los intensos odios de Soraya Sáez de Santamaría y Dolores de Cospedal. Ahora muere políticamente de forma similar. Nadie preveía, sin embargo, que sería tan torpe en la gestión de esta crisis. Ya hace tiempo que las fuerzas fácticas del conservadurismo, tanto las económicas como las mediáticas le dan, más que por amortizado, por incapaz. Tienen prisa por recuperar hegemonía y poder y les cuesta imaginarlo como presidente de Gobierno.

El descrédito de los parlamentos

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Las cámaras de diputados son depositarias de la voluntad popular. Un poder fundamental en el Estado de Derecho cuya función radica en el control y construcción normativa del sistema político y donde, en definitiva, descansa la legitimidad del sistema democrático. El ámbito en el que se expresa la diversidad y la pluralidad de la sociedad. Justamente el término que lo define hace referencia a ser un espacio de diálogo y debate, también de confrontación, pero al fin y al cabo de acuerdo y consenso. Una institución que debe ser respetada y en la que las formas, la representación simbólica, tienen cierta importancia. Los representantes ostentan la dignidad que les confiere la elección, pero su actitud y comportamiento debe hacerlos merecedores de tal consideración y respeto por parte de la ciudadanía. Una cierta y necesaria teatralización de las funciones, el ritual, no debería transmitir la sensación de que es un zoco árabe. La prioridad debería ser legislar al servicio del conjunto de la ciudadanía. Más allá de la pasión que se puede poner en el ejercicio parlamentario, debería prevalecer la buena educación, la contención y evitar espectáculos que tiendan a la comedia, al sainete, a lo grotesco o, directamente, al teatro del absurdo. "Política es pedagogía" afirmaba un reputado político catalán de la época de la Transición.

Ucrania

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Suenan con fuerza los tambores de guerra en el Este de Europa. Rusia se siente fuerte y en manos de autócratas sólo formalmente democráticos y quiere restablecer su papel central en la política mundial recuperando y tratando como suyos todos aquellos territorios que habían formado parte de la Unión Soviética. Europa y Estados Unidos mantienen el pulso militar y todavía diplomático en nombre de la defensa de la soberanía y la libertad de un país que pide vínculo y protección frente al gigante ruso. Todo ello, reminiscencias y un cierto retorno de conflictos que nos retrotraen a una Guerra Fría que creíamos superada desde el derrumbe del modelo soviético allá por los años noventa del siglo pasado. Rusia ha vuelto y quiere ser alguien en el escenario geopolítico global. Y dispone de argumentos para serlo: potencia militar y territorial, un gran ejército, agresividad y abundantes recursos naturales algunos de los cuales Europa necesita. Que se acabe invadiendo Ucrania y se desencadene un conflicto bélico de gran alcance puede que no sea lo más probable que suceda, pero hay posibilidades reales de que se produzca. No todo está bajo control en estos envites a gran escala y la fuerza a veces se escapa de las manos. Europa, en nombre de sus principios de acoger a todo el mundo que quiera formar parte de ella, ha aceptado el reto siguiendo aquella máxima militarista que "si quieres la paz, prepara la guerra".

Ucraïna

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Sonen amb força els tambors de guerra a l’Est d’Europa. Rússia se sent forta i en mans d’autòcrates només formalment democràtics i vol restablir un paper central en la política mundial tot recuperant i tractant com a seus tots els territoris que havien format part de la Unió Soviètica. Europa i els Estats Units mantenen el pols militar i encara diplomàtic en nom de la defensa de la sobirania i la llibertat d’un país que demana vincle i protecció enfront del gegant rus. Tot plegat, reminiscències però també el retorn de conflictes que ens retrauen a una Guerra Freda que creiem superada ençà de l’ensulsiada del model soviètic allà pels anys noranta del segle passat. Rússia ha tornat i vol ser algú en l’escenari geopolític global. I té les bases per ser-ho: potencia militar i territorial, un gran exèrcit, agressivitat i recursos naturals abundants alguns dels quals Europa necessita. Que s’acabi envaint Ucraïna i es desencadeni un conflicte bèl·lic de gran abast potser no és el més probable que succeeixi, però hi ha possibilitats reals de que es produeixi. No tot està sota control en aquests envits a gran escala i la força a vegades se’n va de les mans. Europa, en nom dels seus principis d’acollir a tothom que en vulgui formar part, ha acceptat el repte seguint aquella màxima militarista que “si vols la pau, prepara la guerra”. 

La sociedad del miedo

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Toda sociedad y todo individuo sienten y se les manifiestan múltiples formas de miedo. Pero quizás nunca como ahora el miedo inquieta y condiciona a los grupos sociales intermedios y determina su comportamiento social y sus actitudes políticas. De entrada, por una cuestión de lógica. Sufren miedo aquellos que tienen algo que perder.

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