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EL PERIÓDICO
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Emilio Alonso Sarmiento

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

El refugio de Montaigne

Hace ya algún tiempo, subí a mi Blog la entrada “Habermas y la Razón (I)”. En la que comenzaba explicando como, cuando estoy angustiado o agotado intelectualmente, corro a refugiarme en mis clásicos, por ejemplo en Habermas.

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El comunismo y como lo viví

Estos días he acabado de releer el libro de José L. Pardo – sobre el que ya algo he escrito – “Estudios del malestar”, en el que trata de lo que fue el comunismo, en los países no-comunistas el pasado siglo. Esa relectura me ha llevado a rememorar, como yo viví el mismo durante mi juventud, mi etapa universitaria, y mis primeros años de militancia en el PSOE. Fueron años en lo que era bastante incómodo ir a contracorriente y no ser comunista, no entender el marxismo en su desviación leninista.

  • Publicado en Opinión

Plantear las preguntas correctas

Estimo a Máriam M. Bascuñán, como una de los analistas políticos más finos de estos tiempos. Pues bien, un artículo suyo en El País que guardo en mi archivo, y releí hace algunos días, me llevó a estas reflexiones y comentarios.

Alain. El poder y la política

Recuerdo que hace meses en El País, una magnífica reseña de Carlos Prado sobre el libro “El ciudadano contra los poderes de Alain”, me llevó a tomar de mi biblioteca, un par de libritos que tengo de dicho autor francés y releerlos.

El genio y el hombre

A los humanos nos cuesta mucho, mucho, separar la calidad de las obras de los genios, de la calidad moral del hombre en el que habita el genio. Y me refiero sólo a los genios, no a los artistas de tres al cuarto de dudosa catadura moral, pues a estos últimos es fácil ignorarlos sin más. Pero con los auténticos maestros es más difícil, porque, al menos a mí, se nos hace complicado comprender, como personas de dudosa moralidad o de sucia ideología, realizaron obras que son una maravilla. Seguramente la respuesta me la dio George Steiner, cuando dijo: “No es posible comprenderlo todo”.

Envejecer es un rollo

Pues sí, envejecer es un rollo, aunque la alternativa tampoco es excitante. Se te olvidan las cosas, no recuerdas los nombres, las fechas se te borran… te cuesta mucho entender las novedades, las modas, las costumbres, los estilos y las nuevas ideas que se van imponiendo. Y es que no envejeces al ritmo natural/biológico de tu cuerpo y tu cerebro, lo haces mucho más rápido, por la velocidad increíble en que se mueve tu entorno: la tecnología, la ciencia, la filosofía, las ideologías… jamás la historia, me parece, había fluido a tal velocidad. Golo Mann afirmaba en sus memorias “Una juventud alemana”: “La vida también es larga, observada retrospectivamente. Son los cambios los que la alargan, los cambios en quien la vive y en el mundo en derredor”. A Schiller, en algún momento, parece que la muerte le pareció un reposo más apetecible, que la vida “envuelta en negro velo”. Es su conocida obra sobre Wallenstein, le hace decir a éste, recordando a su amigo Max:

Habilitados en razón

Soy muy consciente, de que esta larga y dolorosa pandemia ha habilitado aparentemente en razón a muchos ciudadanos en su indignación. Y muchos andan por ahí, cabalgando sus pasiones y emociones. Arrasando sin compasión, lo que pudiera quedar entre nosotros, de la herencia de las Luces, de la Ilustración.

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Consumo, posverdad y humanidades

Los medios consagran la palabra “posverdad”, para señalar como una novedad lo que es tan viejo como la historia humana, “que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a las creencias personales”. Hay que presentar, parece obligado, como un atraso y una rareza, que la economía del deseo condicione los comportamientos. Y, sin embargo – se preguntaba hace tiempo Ramoneda - ¿qué es sino, por ejemplo, lo que induce al consumo? Consumir es “Utilizar un producto para satisfacer una necesidad real o creada”. Pero también: “Desazonar, apurar, afligir”.

  • Publicado en Opinión

Los jóvenes y yo

Actualmente algunos de los militantes más apasionados del PSOE, tienden a identificar, descuidadamente o adrede, la dicotomía entre la vieja política y la nueva, como igual a viejos y jóvenes en edad cronológica. Lo bueno tiene menos de 40 años, lo de más de 50 ya es caduco. Como todas las generalidades, ésta me pone muy nervioso, quizá más porque me implica muy directamente. Y después de releer hace unos días “La deshumanización del arte” de Ortega y Gasset, se me ocurrieron estas reflexiones:

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Relación entre política y filosofía

Me referí el otro día aquí mismo (“El miedo es antipolítico”) apoyado en unas reflexiones de Hannah Arendt, a las relaciones entre la Política y la Filosofía, y me preguntaba si Donald Trump debería saber algo de eso.

  • Publicado en Opinión

Las élites y la “posverdad”

Seguimos con reflexiones acerca de las próximas elecciones en EE.UU. Y, a este respecto, he repasado unas notas que tomé en noviembre de 2016, sobre las primarias en Francia, en el Partido Republicano francés, para elegir a su candidato a Presidente de la República. Todos los que optaron al mismo, con excepción de uno, se presentaban como “anti-sistema”. El veterano Alain Juppé, fue el único que mantuvo la decencia, de no entrar en esa vergonzosa subasta por el electorado populista de Marine Le Pen ¿y así le fue?

El miedo es antipolítico

Ahora que se acercan las elecciones presidenciales en EE.UU deberíamos recordar algunas cosas. La primera, que si los norteamericanos van a ser gobernados, cuatro años más, por el populismo puro y duro, atención, significa que todos estaremos aún más expuestos a ello. El panorama de Occidente en la próxima década, desdichadamente, podría estar expuesto a que se repita el fenómeno populista por doquier. Al menos aparentemente hoy, es como si la Modernidad hubiera colapsado universalmente.

En la batalla: coraje y decisión

No sé si es por culpa de los tuits, de la cultura de la inmediatez y la simplicidad, de los análisis en un máximo de 140 caracteres, de la terrible falta de matices, pero tengo la impresión, que la política actual se está infantilizando, o es que hay nuevos políticos inmensamente ingenuos.

Un largo sábado

Como antídoto, contra la angustia que me producen los destrozos humanos y económicos de la pandemia del covid-19, y la tensión política que parece haberse instalado en España, nada conveniente (mi angustia) para mi dañado corazón, suelo refugiarme en la lectura de mis clásicos, por ejemplo en George Steiner. Ahora estoy releyendo su “Un largo sábado”. Lo leí por primera vez ya hace unos años. Me llamaba la atención el título. Y además creía recordar que esa enigmática frase, ya se la había leído en “Presencias reales”. De manera que no pude sino comprarme el librito, una serie de entrevistas con la gran periodista francesa Laura Adler (autora de una biografía de Hannah Arendt) para desentrañar el misterio de la frase mencionada.

La política como profesión

Decía Claudio Magris, que si supiera como, regalaría a todos aquellos que tienen entre sus ocupaciones y pasiones la política, esa obra de arte, ese opúsculo de Max Weber, que es “La política como profesión”.

Política. La “Llamada”

Entré en contacto con Michael Grant Ignatieff, a través de la lectura de su magnífica biografía de Isaiah Berlin, el gran filósofo político liberal. Y hace ya un par de años, me leí su interesante “Fuego y cenizas”, en el que narra su desastroso paso por la política, como líder del Parido Liberal de Canadá. Es un magnífico, a mí entender, análisis de lo que significa hoy dedicarse a la política. Y el capítulo final de este libro “La llamada” me ha emocionado, pues además de coincidir totalmente con las ideas que expresa, me parece una lúcida y responsable llamada, a seguir la vocación política (muy a pesar de su dureza) como el mejor servicio a los intereses más nobles de los ciudadanos.

La riqueza de ser esto y lo otro

Mis apellidos, hasta donde he podido averiguar, son: Alonso, Sarmiento, Rubio, Porcel, Rubio, Salóm, Rodríguez, Bouché. Por tanto llevo en mis venas sangre de godos o visigodos (el solar más antiguo de los Alonso, con casa solariega en el valle de Valdivieso, Burgos, tiene como tronco a Desiderio, sobrino del Rey godo Wamba, que fundó la casa en dicho valle en el año 672) de viejos castellanos-leoneses, de canarios, de mallorquines y de franceses. Por un improbable azar, a causa de nuestra guerra civil que lo trastocó todo, nací en Mallorca. Mi esposa es mallorquina de pura cepa, descendiente por todos lados de estirpes isleñas. Mis hijos son mallorquines. Tengo cuatro nietas mallorquinas y uno y una catalanes. Hablo y leo castellano, catalán y francés. Y libros en esos idiomas, pueblan mi biblioteca.

La política y el poder

Los grandes líderes políticos en la historia, no han sido grandes moralistas, ni grandes intelectuales, ni grandes teóricos (aunque algo de todo ello pueden haber sido). El líder político se caracteriza, en los sistemas democráticos, por su determinación, por su valentía para arriesgarlo todo, por su empatía, por su paciencia para negociar y conciliar contrarios (un “culo di ferro” que diría Sandro Pertini) por su inteligencia práctica, por la coherencia de sus ideas, y por su ambición de poder. No hay gran político sin ese “chute” de ambición. Mendes France era más coherente y más sincero que Mitterrand; Adlai Stevenson, seguramente fue más sólido intelectualmente que Kennedy… Pero a Mitterrand y Kennedy, les empujaba su inconmensurable ambición. No, no hay liderazgo político sólido, sin ambición de poder. Poder no exclusivamente como satisfacción personal, también como posibilidad única, de llevar a la práctica su proyecto de sociedad.

Contra el odio, reconciliación

En estos tiempos en que andamos tan airados, y en los que tantos se creen poseedores de la única verdad, y defensores de una acertada moral intransigente. En el que a nadie se le perdonan fallos o errores cometidos en el pasado, como si en la vida ya no se pudiera tropezar y volverse a levantar. En el que ya no se le permite a nadie rectificar ni enmendar su andadura. En el que el odio, parece haberse convertido en el sentimiento más generalizado… En estos tiempos…