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Emilio Alonso Sarmiento

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

Las fuentes históricas afganas (II)

A pesar de que todas las fuentes afganas, que he citado en mi anterior artículo, son bien conocidas (al menos la mayoría de ellas) por los historiadores afganos que hablan el persa dari, que las utilizaron en sus obras de corte nacionalista, entre las décadas de 1950 y 1970, es más que sorprendente que los historiadores anglófonos – al menos hasta donde llega mi información – nunca las hayan tenido en cuenta, y que ninguna de ellas – al menos hasta hace poco –esté traducida al inglés.

Las fuentes históricas afganas (I)

A pesar de la enorme importancia estratégica de Afganistán, son pocos, a día de hoy, los ensayos históricos de calidad sobre el mismo. Mientras que los acontecimientos, de la Primera Guerra Anglo-Afgana, han sido relatados en múltiples ocasiones y en diversos formatos, ni siquiera las publicaciones académicas más especializadas, se han nutrido de las propias fuentes afganas, de principios del siglo XIX, o de las de la resistencia afgana anticolonial. Testimonios contemporáneos que permiten analizar las invasiones posteriores (rusa y americana) en clave interna.

Robespierre, ¿quién fue en realidad?

¿Fue Robespierre el primer dictador moderno, inhumano, fanático, un obseso que utilizó el poder político, para tratar de imponer un ideal rígido de una tierra de “virtudes espartanas? ¿O fue un abnegado visionario y con principios, el gran mártir revolucionario, que consiguió conducir a la Revolución Francesa y a la República a un puerto seguro, ante los abrumadores reveses militares? ¿Fueron las restricciones de las libertades individuales, y las detenciones y ejecuciones masivas de la época del “Terror” (1793-1794) el precio que hubo que pagar para salvar la Revolución? ¿O fue ese año, un periodo espantoso de muertes, encarcelamientos y privaciones innecesarias?

El Entusiasmo

El hombre civilizado se distingue del salvaje, principalmente por la “prudencia” o, para emplear un término más amplio, por la “previsión”. Esta dispuesto a sufrir penas momentáneas, para obtener placeres futuros, incluso aunque estos sean muy lejanos. La verdadera “previsión” no sólo aparece, cuando el hombre obra sin que ningún impulso lo dirija, sino porque su razón le aconseja que en el porvenir, sacará más provecho así. Pero la civilización contrarresta el impulso, no sólo por la previsión, que sería un freno voluntario, sino también por la ley, la moral y la religión.

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La estabilidad de la circunstancia, de la conyuntura

Hace tiempo en un artículo “El sustrato carlista”, recordaba algo que había escrito Jordi Gracia en la prensa: “El ‘imperio de la coyunturalidad’ sigue vigente y nada es, todavía, ni fatal ni irreversible”. Tanto “coyuntura”, como “circunstancia”, “fatal”, e “irreversible” son conceptos muy relacionados, con mi concepción heracliana de la Historia como algo siempre fluyente, nunca estático ni fijado a perpetuidad.

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La felicidad

"Anoche cuando dormía soñé ¡bendita ilusión! que una fontana fluía dentro de mi corazón". Antonio Machado

Pero yo aún no dormía cuando hace dos noches, leyendo unos textos de Spinoza, experimenté unos minutos casi de éxtasis. Tranquilos, no levité, estoy seguro de que mi cuerpo, permaneció siempre pegado a la cama. Pero sí creo, como alguien ya adelantó, que la felicidad se compone de minutos discontinuos de exaltación, como esos que experimenté. Y en El País, Winston Manrique Sabogal nos reseñó en su día tres libros, que tratan de todo eso.

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A vueltas con la transición

Por experiencia propia, sé lo difícil que es transmitir a quienes no vivieron los largos años del franquismo, la euforia que se desató en las primeras elecciones auténticamente democráticas. Por fin votar de verdad, escuchar en campaña algo tan simple como los acordes de “La Internacional”, tener un Parlamento homologable, con todos los requisitos exigibles a las democracias representativas.

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Escepticismo y gusto refinado (Cultivar las artes liberales)

En 1742 David Hume publicó un segundo volumen de ensayos, entre los que cabe destacar: “El epicúreo”, “El estoico”, “El platónico” y “El escéptico”. Los ensayos sospesan con viveza los alicientes y defectos, de cuatro concepciones de la buena vida: la vida del placer, de la virtud, de la devoción religiosa y del escepticismo. El ensayo sobre la vida escéptica, es más largo que los otros tres juntos, seguramente porque es el que despierta más afinidad en Hume. Aunque el escepticismo se asocia frecuentemente al nihilismo y la insensibilidad, Hume sugiere que en realidad tiende a la paz interior, la humildad intelectual y al afán por hacerse cada vez más preguntas. El ensayo también indaga en el método para alcanzar la moderación, el equilibrio y el humanismo de los escépticos, para lo cual recomienda “prestar especial atención a las ciencias y a las artes liberales”.

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Nos cogerá el toro (Problemas reales e imaginarios)

Nos cogerá el toro, y es un morlaco de aúpa, si seguimos prestándole menos atención a él que al ruido en los tendidos, a los gritos, aplausos, insultos y olés de los aficionados. Pedro Sánchez dijo en su momento:: “Sólo es ruido”. Sí, pero justo por eso, no deberíamos perder tanto tiempo con ello.

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Demasiado entusiasmo y ningún dios (La “religión” nacionalista)

Estoy estos días con un magnífico libro, “Gran Hotel Abismo” de Stuart Jeffries. Una especie de biografía coral crítica sobre la Escuela de Frankfurt. Y además releo un artículo que publicó Jordi Llovet, refiriéndose a Jürgen Habermas que, como sabemos, es uno de los últimos representantes de dicha Escuela.

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El militante Habermas (Defensa de posiciones ilustradas)

Según diversos autores, cabe concebir el pensamiento habermasiano en su conjunto, como un ingente intento de guiar racionalmente el camino de la “praxis” o, si se prefiere, de orientar la acción política en las complejas sociedades contemporáneas. La actitud militante, quizá pueda sorprender a quienes aún mantengan de Jürgen Habermas, la imagen de un típico profesor universitario encerrado en su torre de marfil, aislado con sus libros y papeles de todo lo que sucede en el mundanal ruido. Puede incluso chocar, a aquellos que tengan una somera idea del desarrollo de su trayectoria vital. Es cierto que, si bien sus intereses políticos resultan bastante notorios, tan solo se le conoce una breve fase de intervención directa en la arena política, y fue con ocasión de los acontecimientos estudiantiles del 68. Mostró en aquellos días una cierta afinidad ideológica, con los planteamientos de los estudiantes que participaban el las revueltas de Fráncfort, y tomó parte activa en las largas y masivas asambleas que por entonces tuvieron lugar. En este contexto, se enfrentó a los grupos más radicales, a los que tildó con dureza de “fascistas de izquierda”, en virtud del proceso de dogmatización ideológica del que adolecieron, y que incluía elementos autoritarios y estalinistas. De hecho, algunos de estos grupos luego dieron lugar, a la emergencia de asociaciones claramente terroristas.

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¿Ha habido alguna vez turbas ateas?

Las energías intelectuales, las agudezas de sentimientos que se ha invertido, en tratar de probar la existencia de un dios, son impresionantes. Los convencidos por ellas son innumerables, e incluyen a muchos de los más cualificados. Generaciones enteras se han sentido tranquilizadas, o aterradas. Millones, cientos de millones de personas, proclaman la evidencia de Alá. “Credo in unum deum”, es la profesión de fe del judeocristianismo.

Mani. Asignatura pendiente (y II)

Pero si alguna vez viajara a Grecia, por encima de todo, lo que desearía visitar es el “Mani” de Paddy, la punta de la península más al sur del Peloponeso. Y la casa que se construyeron allí el matrimonio Fermor, en Kalamitsi, a tres kilómetros de Kardamili, en el Golfo de Mesenia. Hoy pertenece al Museo Benaki de Atenas, al que la legó el escritor.

La acción y el discurso

La esfera de lo propiamente humano

El “homo faber” construye el mundo pero no habita en él. Para vivir en el mundo, tiene que transformarse en el hombre de acción. La acción y el discurso, constituyen la esfera de lo propiamente humano. Hannah Arendt se apoya en Aristóteles, para aclarar esta excelencia de la acción: el humano sólo lo es, cuando actúa no condicionado por las necesidades de la vida. La acción es el resultado de la pluralidad y la natalidad. La pluralidad consiste en que los hombres, siendo iguales por nacimiento no lo son cuando actúan y hablan, para explicar sus propósitos y decisiones a otros hombres, en un espacio público compartido. La natalidad, como requisito de la acción, le fue descubierta a Arendt por San Agustín (El concepto del amor en San Agustín: ensayo de una interpretación filosófica). Se trata de su tesis doctoral publicada en 1929 en Berlín). “Para que hubiera un comienzo fue creado el hombre”. El hecho de nacer, significa que algo comienza con la llegada de un nuevo ser a la tierra, porque el recién llegado tiene la facultad de hacer cosas. La libertad, en el sentido kantiano de espontaneidad, o capacidad para iniciar una serie de acontecimientos y poner en marcha procesos, que no habrían existido sin una decisión.

Fanatismo, sentido del humor, escepticismo

Durante toda mi vida, he intentado resguardarme del dogmatismo y el fanatismo, refugiándome tras mi escepticismo y sentido del humor. Pero desde hace ya algún tiempo, siento como que esos refugios ya me quedan pequeños, insuficientes. Y la verdad, no sé como ampliarlos o comprarme algo más grande, donde pueda resguardarme con más eficacia.

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Alguna “infinita improbabilidad”

El jueves 31 de mayo y el viernes 1 de junio del 2018, los días de la ya famosa moción de censura, comenzaron a ocupar mi mente, recuerdos bastante confusos, de algo que había leído sobre los procesos naturales, interrumpidos con frecuencia por alguna “infinita improbabilidad”. Como digo, mis recuerdos eran imprecisos, pero sí recordaba que se trataba de una reflexión a la vez científica y política. Por ello deduje que lo más probable, fuera que se tratara de un texto de Hannah Arendt ¿pero de cual de sus obras? Comencé por repasar mis notas en las dos últimas leídas “On Revolution” y “Between Past and Future”.

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Heráclito

Quizá mi griego preferido desde que me topé, hace años mil, con su metáfora del río. “En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]”.

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Política y Felicidad Pública

En la antigüedad griega, Sófocles en “Edipo en Colona” – obra de su vejez – nos hace saber, por la boca de Teseo, el fundador legendario de Atenas y su portavoz, que lo que hacía posible que los hombres corrientes, jóvenes y viejos, pudiesen soportar las cargas de la vida: era la “polis”, el espacio donde se manifestaban los actos libres y las palabras del hombre, lo que podía dar esplendor a la vida.

Discurso sobre Europa

El doctor Andrés Laguna (Segovia 1511?-1559) fue una figura relevante de la España de Carlos V. Humanista, gran admirador de Erasmo, del cual compartía sus ideas religiosas, a favor de un cristianismo interior.

Arendt. Eichmann y la banalidad del mal

Del dilema que los jueces de Eichmann tenían ante sí: verlo como un monstruo depravado, o tomarlo como un mentiroso compulsivo y un fanático que odiaba a los judíos, optaron por la segunda opción. Pero Hannah Arendt escogió una tercera posibilidad. Al observar a Eichmann, oír sus argumentaciones, presenciar sus reacciones, concluyó que lo que tenía delante no era un ser antológicamente corrompido, ni una personalidad satánica, sino vulgar (“que no era un Yago ni era un Macbeth”) más bien un hombrecillo que había cometido crímenes horribles, gracias a una especie de estupidez moral, que procedía de una absoluta falta de juicio: “Eichmann no era estúpido. Únicamente la pura y simple irreflexión – que en modo alguno podemos equiparar con la estupidez – fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo”. Añadía Arendt que la personalidad del condenado permitía extraer una lección: “tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión, pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá, a la naturaleza humana.”.

La cultura y la moral

Un libro hace relativamente poco publicado en España (“Creer y destruir. Los intelectuales en la máquina de guerra de las SS”, del historiador francés Christian Ingrao) me ha llevado a reflexionar sobre la NO relación mecánica que hay entre la Teoría y la Política (esa manía de muchos políticos de falsear sus curriculums, para aparecer como más aptos para el desarrollo de la misma) o la Cultura y la Moral.

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