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EL PERIÓDICO
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Emilio Alonso Sarmiento

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

Desgana de cultura

Con la pandemia tan presente, hoy no es fácil contemplar manifestaciones públicas, mucho menos tumultuosas. Si embargo, el otro día hubo una en Fuencarral, que acabó a tortazos y ha dado mucho que hablar y escribir.

Identidades versus identidad

He escrito ya varias veces sobre el concepto de “Identidad”, una palabra que siempre me ha parecido muy peligrosa, pues no tiene usos contemporáneos respetables. Pero lo cierto es que a día de hoy, visto la felona utilización que hacen muchos de la misma, es muy difícil no reincidir en el tema.

El traje nuevo del presidente Mao

Hace poco más de 50 años – escribió David Trueba – los jóvenes e intelectuales que lograban evadirse de países bajo la disciplina soviética, algunos incluso recién invadidos por los tanques del Pacto de Varsovia, se quedaban perplejos ante la dramática confusión en parte de la izquierda europea. Recuerdo que yo tuve ocasión – cuando aún era universitario - de hablar con dos checos que se habían refugiado en París, con motivo de una recepción en la embajada francesa en Madrid. Al llegar a los paraísos soñados de occidente, París por ejemplo en este caso, estos expatriados se topaban con que los jóvenes universitarios de su edad en los países libres, se mostraban fascinados por las mismas dictaduras de las que ellos huían. Estos jóvenes universitarios europeos, españoles incluidos, una vez admitidos con pesar, los crímenes y las persecuciones del estalinismo, dieron una gran zancada hacia delante, y consagraron a Mao como el timonel de sus revueltas caseras.

Utopía

Hace algún tiempo, en respuesta a “La desilusión de los ilusos”, que publiqué en facebook, un amigo me contestaba: “Pues yo quiero seguir soñando con la utopía”. Me parece bien, pensar y soñar son las únicas cosas que nunca logró erradicar, ni la más sanguinaria de las dictaduras. Y si no soñáramos con algo mejor, jamás daríamos el siguiente paso: trabajar por ello. Y aún viviríamos en las cavernas. Pero ilusionarse sólo por una utopía (“proyecto, deseo o plan ideal, atrayente y beneficioso, generalmente para la comunidad, que es muy improbable que suceda o que en el momento de su formulación es irrealizable”) y no por algo más alcanzable, me parece andar un camino, que termina muy pronto en la desilusión y la frustración. Alguien dijo, que la realidad es la escoria de la ilusión.

“Morrinha” de mi padre

Mi padre perdió una guerra. Una desgarradora y cruel. Pero jamás se rindió, ni aceptó la derrota, en el plano intelectual.

Alguien a quien poder odiar

He hablado muchas veces y recomendado su relectura, del libro de Stefan Zweig “El mundo de ayer. Memorias de un europeo”. En él recuerda Zweig, el comienzo del siglo XX, desde el peculiar observatorio en el que había vivido como austriaco, judío, humanista y pacifista. Y nos relata como los jóvenes educados en la Austria imperial, en un ambiente seguro y estable, creían periclitado cualquier episodio de barbarie, y no veían en el futuro sino signos de progreso.

Ilusiones y Hechos

Hace como cuatro años, recorte y guardé un artículo de José Luis Pardo publicado en El País. El otro día lo recuperé y lo releí. Y su relectura me ha llevado, a igualmente volver a leer, algunas notas y párrafos subrayados, en un par de tomos de Bertrand Russell, referidos al recurrente tema de las Ilusiones y los Hechos.

Historiadores. Ni con unos ni con otros

Historiadores. Ni con unos ni con otros En 1979 Raymond Carr había finalizado otro libro más: “La tragedia española” Madrid. Alianza Editorial 1986. Se trataba de una reflexión propia, sobre la guerra civil española. El subtítulo de la obra, “La guerra civil en perspectiva”, dejaba bien clara su intención: pretendía analizar la guerra desde una posición distante, y supuestamente neutral. En el mismo prólogo anunciaba su propósito, con una cita ilustrativa: “Lloyd George informó al gobernador en Palestina, Ronald Storrs, de que tanto los árabes como los judíos, se quejaban de su actuación como gobernador (Storrs se veía ya de patitas en la calle). Si deja de quejarse uno de los bandos (terminaba Ll. George), dese por destituido”. Los historiadores, añadía Carr, no tienen que pasar casi nunca, por el riesgo de la destitución. Pero, quizá, serían mejores historiadores, si corrieran ese riesgo.

Pueblo, "Peuple", "People", "Volk" ...

“Cuando yo uso una palabra

significa exactamente lo que yo

quiero que signifique”.

(“Alicia a través del espejo”. Lewis Carroll)

Algunos ya me habréis leído protestando, cuando se invoca demagógicamente al “pueblo”. A aquellos que gritan: dejad de discutir (los políticos), y preocuparos de los intereses del “pueblo”, siempre contesto con la pregunta ¿quién es el “pueblo”? ¿son los Botín o los inmigrantes legales el “pueblo”?¿Los intereses de unos y de otros que hemos de defender, son los mismos?

El buen pueblo y la élite corrupta

Para bien o para mal, parece que hoy nuestra política se define como la ficción maniquea, de un mundo escindido entre el buen pueblo y una élite corrupta moralmente inferior. El relato interesado de “el poble sóc jo”, se construye siempre sobre un subterfugio, que esconde el simple afán de poder. Pero no hay ganancia alguna, en debilitar los poderes democráticos que nos protegen, garantizando el pluralismo. Es un axioma bastante olvidado: en democracia no se pueden escindir los elementos propiamente electorales, de los que facilitan su funcionamiento institucional, por mucho que algunos se empeñen, en identificar democracia con el puro acto de votar. Nos lo advirtió Todorov: la democracia engendra sus propios fantasmas. Y toda patria, todo pueblo, tiene también algo de presidio.

Pureza Socialista

No siempre estoy de acuerdo con Felipe González, y no de ahora desde que se ha jubilado. También lo estuve en su apogeo político, por ejemplo con el tema de la OTAN, aunque hoy ya está claro, que era él quien tenía razón, y yo el equivocado.

Althusser y las Sagradas Escrituras

Hay actualmente ¿será por la angustia del covid? discursos y acontecimientos, posicionamientos políticos y supuestos análisis intelectuales, que inevitablemente me retrotraen, al espesor literario, intelectual y hasta político, de los ya muy lejanos años sesenta y setenta. Ahora como entonces, no deja de intrigarme la propensión humana a erigir santones y gurús, y ha encontrar sentido en sus arcanos escritos, discursos y posts en las redes.

Un cierto regusto a “déjà vu”

En algo más de medio siglo, desde las primeras elecciones democráticas en España, muchas son las cosas que han cambiado en el mundo. Hemos sufrido, una crisis económica no vista desde 1929, una revolución tecnológica impresionante, una globalización imparable, la emergencia de nuevas organizaciones políticas, ahora una pandemia horrorosa, Filomena, el asalto al Capitolio… etc. Y, sin embargo, especialmente en política, no puedo evitar experimentar un cierto regusto a algo ya vivido a, como dicen los franceses, un “déjà vu”.

Afrancesado

Con motivo de que la literatura francesa, fue la invitada a la Feria del Libro de Madrid en 2017, Antonio Muñoz Molina escribió un hermoso artículo en Babelia, que me suscitó algunas reflexiones, de las cuales tome varias notas.

La política como profesión

Decía Claudio Magris, que si supiera como, regalaría a todos aquellos que tienen entre sus ocupaciones y pasiones la política, esa obra de arte, ese opúsculo de Max Weber, que es “La política como profesión”.

  • Publicado en Opinión

¿Democracia directa o representativa?

Este es un debate abierto desde la “polis” griega. Soy un gran defensor de la democracia representativa. De los debates pormenorizados, de las propuestas y contrapropuestas, antes de tomar una decisión. De instituciones de control sobre los líderes, para que no se conviertan en tiranos o salvadores. Pero también de que la militancia participe en la elección de los dirigentes, rompiendo la endogamia de los aparatos. Y de que se pulse la opinión de los afiliados en las grandes decisiones, como las coaliciones postelectorales para formar gobierno.

  • Publicado en Opinión

Isaiah Berlin

Hace unos tres años, Henry Hardy, el editor de los grandes ensayos del gran historiador de las ideas Isaiah Berlin, dio una conferencia en Madrid. Y ese hecho me llevó a releer las obras de Berlin que figuran en mi biblioteca. Especialmente la biografía que sobre él escribió Michael Ignatieff; y su libro de ensayos “Sobre la Libertad”.

  • Publicado en Opinión

El perdón

En estos tiempos en que andamos tan airados, y en los que tantos se creen poseedores de la única verdad, y defensores de una acertada moral intransigente. En el que a nadie se le perdona ni el mínimo fallo o error cometido en el pasado, como si en la vida ya no se pudiera tropezar y volverse a levantar. En el que ya no se le permite a nadie rectificar ni enmendar su andadura. Unas reflexiones de Hannah Arendt, me vuelven a diario a la memoria.

  • Publicado en Opinión

Las cartas de papel y “el petardo”

En casa era una norma no escrita, que cuando yo estaba en el despacho, leyendo o escribiendo, nadie entraba a interrumpirme. Mis hijos la respetaron. Luego fueron naciendo mis nietas, y lo mismo. Hasta que nació la cuarta Emma, “El petardo” (hoy ya tiene 11 años). Desde bien pequeña, cuando comenzaba a caminar, decidió que las normas, especialmente las no escritas, estaban para incumplirlas. Entraba en el despacho, sin decir nada, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, se sentaba en mis rodillas, y me pedía que le enseñara mis fotos (cientos) de montaña, y le explicara lo que se veía en ellas. Cuando ya conocía la mayoría de los picos, y el nombre de mis compañeros de cordada, se fue aburriendo del tema. Así que comenzó a interesarse por las múltiples pipas esparcidas por mi mesa. Me pidió que le enseñara como se carga una pipa, como se introduce el tabaco por tercios en la cazoleta: el primero apenas presionado por el atacador, el segundo un poco más presionado, y el tercero presionado casi a tope. Luego quiso saber como se encendía la pipa con las cerillas. Hoy ya es una experta, que me las prepara y me las va pasando listas para fumar.

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La casa de los veinte mil libros

Hace ya un par de años, leí un libro hermoso e intenso. En él arden la pasión por las ideas, el valor de la Historia, la necesidad de debatir. El inventario de Sasha Abramsky, acerca de la devoción de su abuelo (Chimen) por los libros y la lectura, me parece un bello testimonio, de la persistencia de la curiosidad humana, en un mundo en el que tener inquietudes intelectuales, parece algo ya muy a la deriva. Y es además un pedazo de la historia de Europa, creo que poco conocido.

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El refugio de Montaigne

Hace ya algún tiempo, subí a mi Blog la entrada “Habermas y la Razón (I)”. En la que comenzaba explicando como, cuando estoy angustiado o agotado intelectualmente, corro a refugiarme en mis clásicos, por ejemplo en Habermas.

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El comunismo y como lo viví

Estos días he acabado de releer el libro de José L. Pardo – sobre el que ya algo he escrito – “Estudios del malestar”, en el que trata de lo que fue el comunismo, en los países no-comunistas el pasado siglo. Esa relectura me ha llevado a rememorar, como yo viví el mismo durante mi juventud, mi etapa universitaria, y mis primeros años de militancia en el PSOE. Fueron años en lo que era bastante incómodo ir a contracorriente y no ser comunista, no entender el marxismo en su desviación leninista.

  • Publicado en Opinión

Plantear las preguntas correctas

Estimo a Máriam M. Bascuñán, como una de los analistas políticos más finos de estos tiempos. Pues bien, un artículo suyo en El País que guardo en mi archivo, y releí hace algunos días, me llevó a estas reflexiones y comentarios.