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EL PERIÓDICO
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Emilio Alonso Sarmiento

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

Carlos e Isabel

Publicó, hace unos tres años, en España, la Editorial Ático de Libros, “Cuatro príncipes” del historiador John Julius Norwich (en realidad su apellido es Cooper, lo de Norwich proviene de su título nobiliario: Segundo Vizconde de Norwich). Los cuatro príncipes que dan título al libro fueron: Enrique VIII de Inglaterra, Francisco I de Francia, el emperador Carlos V y Solimán el Magnífico. Un hecho extraordinario me parece, que coexistieran en la historia, cuatro titanes de su envergadura. Una de las virtudes, pero no la única, del relato, es presentar las historias de los cuatro protagonistas, no como compartimientos separados, sino entrelazados en el mismo hilo narrativo. “Es era la idea”, explica el autor. “Estaban constantemente enredados, todos interactuaron, salvo Enrique con Solimán. Es una manera de mostrar, que también los hechos están entrelazados”.

Arendt. Filosofía de la Existencia

Todos sabemos que el “existencialismo” fue una corriente filosófica europea, que considera que la cuestión fundamental en el ser es la existencia, en cuanto existencia humana, y no la esencia, y que respecto al conocimiento, es más importante la vivencia subjetiva que la objetividad. Kierkegaard, Heidegger y Sartre fueron los principales representantes del existencialismo, que se desarrolló sobre todo en el período de entreguerras y después de la Segunda Guerra Mundial. Pero “Filosofía de la existencia” no es, en la denominación de Hannah Arendt, el existencialismo – al que sí se refirió en una anterior obra – sino la derrota que ha seguido la filosofía europea, desde que Kierkegaard y Nietzsche respondieron al cambio que introdujo Kant en el orden filosófico, al demoler la identidad entre el ser y el pensar, creencia en la que la filosofía había vivido desde los griegos.

Carr. Renovación de la historiografía británica

Cuando Raymond Carr, el gran hispanista inglés, comenzó a interesarse por América Latina (después de muchos años de dedicación a su gran obra “España 1808-1939”) también lo hizo por la renovación de la historiografía.

Republicanismo y/o Economía

No asustarse antes de tiempo, el Republicanismo del que voy a hablar, nada tiene que ver con la cuestión de las formas de Estado. Se trata más bien de una teoría sobre la libertad y el gobierno, que fascinó a algunos socialistas de la “tercera vía”, a finales del siglo pasado y comienzos de éste.

Y en eso llegó el Estado y mandó parar

"El Estado es la más alta clase de comunidad y aspira al más alto bien… Muchas familias combinadas hacen un pueblo; varios pueblos un Estado… El Estado, aunque posterior en tiempo a la familia, es anterior a ella y aún al individuo, por naturaleza; porque lo que es cada cosa cuando se desarrolla por completo, lo llamamos su naturaleza, y la sociedad humana, completamente desarrollada es un Estado, y el todo es anterior a la parte… El que fundó el Estado fue el mejor de los benefactores, porque, sin ley, el hombre es el peor de los animales, y la ley depende, para su existencia, del Estado. El Estado no es una mera sociedad para el trueque y para impedir el crimen: El fin del Estado es hacer buena la vida"

(Aristóteles. “La Política”)

Sócrates según Arendt

Nos explica Hannah Arendt, como Sócrates parece haber creído que la función política del filósofo, era ayudar a establecer un tipo de mundo en común, construido sobre el entendimiento en la amistad, para el cual no se precisa ningún gobierno.

Pensamientos cautivos

Nos relata Tony Judt en “El refugio de la memoria”, como Czeslaw Milosz, que creció en la república polaca de entre guerras, sobrevivió a la ocupación y era ya un poeta de cierto prestigio, cuando fue enviado a Paris como agregado cultural de la nueva república popular. Pero en 1951 desertó trasladándose a Occidente. Y dos años más tarde publicó su obra de mayor influencia, “El pensamiento cautivo”. Su lectura sigue vigente, opina Judt, y es, con diferencia, el más intuitivo y perdurable ensayo, sobre la influencia que ejerció el estalinismo en los intelectuales y, más genéricamente, sobre el atractivo de la autoridad y el autoritarismo para la “intelligentsia”.

El sexo y la estética

La relectura estos días, de un maravilloso librito “La nuesa del silenci. Textos per a una ètica-estètica”, que me regaló mi buen amigo Miquel Rayó, me ha llevado a recordar, una anécdota que me sucedió hace ya años.

Intelligentsias y novismos

Cada generación quiere ser nueva, original, tiene necesidad de sentirse expedita y ligera, tiene que decir algo que no se haya dicho todavía, y contradecir lo que ya se ha dicho. Sino fuese así – escribía Giovanni Sartori – nuestra vida no tendría objetivo, ni la historia dinamismo. Pero no es fácil ser originales. El camino más fácil es la ignorancia. El que no sabe nada, puede despertarse cada mañana con una nueva ocurrencia, nueva para él. En los años sesenta mi generación, estaba convencida de que no había habido luz, hasta que fue encendida por nosotros, entonces veinteañeros. El más hábil entre ellos, decía sarcásticamente Sartori, redescubrió el paraguas. Sin embargo, la mayoría de las veces, el paraguas no se abría, y lo redescubierto estaba mal redescubierto (a lo mejor ya aparecía, mejor dicho y mejor explicado, en Aristóteles). Y muchos han buscado desde siempre la originalidad en el extremismo.

La Política ¿Un mal necesario?

Aunque a alguno le pueda sorprender, el pensamiento político mismo, tal como nos enseñó Hannah Arendt, es más antiguo que nuestra tradición filosófica, que comienza con Platón y Aristóteles; del mismo modo que la filosofía misma es más antigua y abarca más, de lo que la tradición occidental finalmente aceptó y desarrolló.

Contra el odio, reconciliación

Hace ya un tiempo se organizó un buen follón, cuando Miquel Iceta mencionó la posibilidad de un indulto – después de que la justicia hubiera hecho su trabajo – para los independentistas.

Desgana de cultura

Con la pandemia tan presente, hoy no es fácil contemplar manifestaciones públicas, mucho menos tumultuosas. Si embargo, el otro día hubo una en Fuencarral, que acabó a tortazos y ha dado mucho que hablar y escribir.

Identidades versus identidad

He escrito ya varias veces sobre el concepto de “Identidad”, una palabra que siempre me ha parecido muy peligrosa, pues no tiene usos contemporáneos respetables. Pero lo cierto es que a día de hoy, visto la felona utilización que hacen muchos de la misma, es muy difícil no reincidir en el tema.

El traje nuevo del presidente Mao

Hace poco más de 50 años – escribió David Trueba – los jóvenes e intelectuales que lograban evadirse de países bajo la disciplina soviética, algunos incluso recién invadidos por los tanques del Pacto de Varsovia, se quedaban perplejos ante la dramática confusión en parte de la izquierda europea. Recuerdo que yo tuve ocasión – cuando aún era universitario - de hablar con dos checos que se habían refugiado en París, con motivo de una recepción en la embajada francesa en Madrid. Al llegar a los paraísos soñados de occidente, París por ejemplo en este caso, estos expatriados se topaban con que los jóvenes universitarios de su edad en los países libres, se mostraban fascinados por las mismas dictaduras de las que ellos huían. Estos jóvenes universitarios europeos, españoles incluidos, una vez admitidos con pesar, los crímenes y las persecuciones del estalinismo, dieron una gran zancada hacia delante, y consagraron a Mao como el timonel de sus revueltas caseras.

Utopía

Hace algún tiempo, en respuesta a “La desilusión de los ilusos”, que publiqué en facebook, un amigo me contestaba: “Pues yo quiero seguir soñando con la utopía”. Me parece bien, pensar y soñar son las únicas cosas que nunca logró erradicar, ni la más sanguinaria de las dictaduras. Y si no soñáramos con algo mejor, jamás daríamos el siguiente paso: trabajar por ello. Y aún viviríamos en las cavernas. Pero ilusionarse sólo por una utopía (“proyecto, deseo o plan ideal, atrayente y beneficioso, generalmente para la comunidad, que es muy improbable que suceda o que en el momento de su formulación es irrealizable”) y no por algo más alcanzable, me parece andar un camino, que termina muy pronto en la desilusión y la frustración. Alguien dijo, que la realidad es la escoria de la ilusión.

“Morrinha” de mi padre

Mi padre perdió una guerra. Una desgarradora y cruel. Pero jamás se rindió, ni aceptó la derrota, en el plano intelectual.

Alguien a quien poder odiar

He hablado muchas veces y recomendado su relectura, del libro de Stefan Zweig “El mundo de ayer. Memorias de un europeo”. En él recuerda Zweig, el comienzo del siglo XX, desde el peculiar observatorio en el que había vivido como austriaco, judío, humanista y pacifista. Y nos relata como los jóvenes educados en la Austria imperial, en un ambiente seguro y estable, creían periclitado cualquier episodio de barbarie, y no veían en el futuro sino signos de progreso.

Ilusiones y Hechos

Hace como cuatro años, recorte y guardé un artículo de José Luis Pardo publicado en El País. El otro día lo recuperé y lo releí. Y su relectura me ha llevado, a igualmente volver a leer, algunas notas y párrafos subrayados, en un par de tomos de Bertrand Russell, referidos al recurrente tema de las Ilusiones y los Hechos.

Historiadores. Ni con unos ni con otros

Historiadores. Ni con unos ni con otros En 1979 Raymond Carr había finalizado otro libro más: “La tragedia española” Madrid. Alianza Editorial 1986. Se trataba de una reflexión propia, sobre la guerra civil española. El subtítulo de la obra, “La guerra civil en perspectiva”, dejaba bien clara su intención: pretendía analizar la guerra desde una posición distante, y supuestamente neutral. En el mismo prólogo anunciaba su propósito, con una cita ilustrativa: “Lloyd George informó al gobernador en Palestina, Ronald Storrs, de que tanto los árabes como los judíos, se quejaban de su actuación como gobernador (Storrs se veía ya de patitas en la calle). Si deja de quejarse uno de los bandos (terminaba Ll. George), dese por destituido”. Los historiadores, añadía Carr, no tienen que pasar casi nunca, por el riesgo de la destitución. Pero, quizá, serían mejores historiadores, si corrieran ese riesgo.

Pueblo, "Peuple", "People", "Volk" ...

“Cuando yo uso una palabra

significa exactamente lo que yo

quiero que signifique”.

(“Alicia a través del espejo”. Lewis Carroll)

Algunos ya me habréis leído protestando, cuando se invoca demagógicamente al “pueblo”. A aquellos que gritan: dejad de discutir (los políticos), y preocuparos de los intereses del “pueblo”, siempre contesto con la pregunta ¿quién es el “pueblo”? ¿son los Botín o los inmigrantes legales el “pueblo”?¿Los intereses de unos y de otros que hemos de defender, son los mismos?

El buen pueblo y la élite corrupta

Para bien o para mal, parece que hoy nuestra política se define como la ficción maniquea, de un mundo escindido entre el buen pueblo y una élite corrupta moralmente inferior. El relato interesado de “el poble sóc jo”, se construye siempre sobre un subterfugio, que esconde el simple afán de poder. Pero no hay ganancia alguna, en debilitar los poderes democráticos que nos protegen, garantizando el pluralismo. Es un axioma bastante olvidado: en democracia no se pueden escindir los elementos propiamente electorales, de los que facilitan su funcionamiento institucional, por mucho que algunos se empeñen, en identificar democracia con el puro acto de votar. Nos lo advirtió Todorov: la democracia engendra sus propios fantasmas. Y toda patria, todo pueblo, tiene también algo de presidio.

Pureza Socialista

No siempre estoy de acuerdo con Felipe González, y no de ahora desde que se ha jubilado. También lo estuve en su apogeo político, por ejemplo con el tema de la OTAN, aunque hoy ya está claro, que era él quien tenía razón, y yo el equivocado.