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EL PERIÓDICO
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Emilio Alonso Sarmiento

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

Mani. Asignatura pendiente (y II)

Pero si alguna vez viajara a Grecia, por encima de todo, lo que desearía visitar es el “Mani” de Paddy, la punta de la península más al sur del Peloponeso. Y la casa que se construyeron allí el matrimonio Fermor, en Kalamitsi, a tres kilómetros de Kardamili, en el Golfo de Mesenia. Hoy pertenece al Museo Benaki de Atenas, al que la legó el escritor.

La acción y el discurso

La esfera de lo propiamente humano

El “homo faber” construye el mundo pero no habita en él. Para vivir en el mundo, tiene que transformarse en el hombre de acción. La acción y el discurso, constituyen la esfera de lo propiamente humano. Hannah Arendt se apoya en Aristóteles, para aclarar esta excelencia de la acción: el humano sólo lo es, cuando actúa no condicionado por las necesidades de la vida. La acción es el resultado de la pluralidad y la natalidad. La pluralidad consiste en que los hombres, siendo iguales por nacimiento no lo son cuando actúan y hablan, para explicar sus propósitos y decisiones a otros hombres, en un espacio público compartido. La natalidad, como requisito de la acción, le fue descubierta a Arendt por San Agustín (El concepto del amor en San Agustín: ensayo de una interpretación filosófica). Se trata de su tesis doctoral publicada en 1929 en Berlín). “Para que hubiera un comienzo fue creado el hombre”. El hecho de nacer, significa que algo comienza con la llegada de un nuevo ser a la tierra, porque el recién llegado tiene la facultad de hacer cosas. La libertad, en el sentido kantiano de espontaneidad, o capacidad para iniciar una serie de acontecimientos y poner en marcha procesos, que no habrían existido sin una decisión.

Fanatismo, sentido del humor, escepticismo

Durante toda mi vida, he intentado resguardarme del dogmatismo y el fanatismo, refugiándome tras mi escepticismo y sentido del humor. Pero desde hace ya algún tiempo, siento como que esos refugios ya me quedan pequeños, insuficientes. Y la verdad, no sé como ampliarlos o comprarme algo más grande, donde pueda resguardarme con más eficacia.

  • Publicado en Opinión

Alguna “infinita improbabilidad”

El jueves 31 de mayo y el viernes 1 de junio del 2018, los días de la ya famosa moción de censura, comenzaron a ocupar mi mente, recuerdos bastante confusos, de algo que había leído sobre los procesos naturales, interrumpidos con frecuencia por alguna “infinita improbabilidad”. Como digo, mis recuerdos eran imprecisos, pero sí recordaba que se trataba de una reflexión a la vez científica y política. Por ello deduje que lo más probable, fuera que se tratara de un texto de Hannah Arendt ¿pero de cual de sus obras? Comencé por repasar mis notas en las dos últimas leídas “On Revolution” y “Between Past and Future”.

  • Publicado en Opinión

Heráclito

Quizá mi griego preferido desde que me topé, hace años mil, con su metáfora del río. “En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]”.

  • Publicado en Opinión

Política y Felicidad Pública

En la antigüedad griega, Sófocles en “Edipo en Colona” – obra de su vejez – nos hace saber, por la boca de Teseo, el fundador legendario de Atenas y su portavoz, que lo que hacía posible que los hombres corrientes, jóvenes y viejos, pudiesen soportar las cargas de la vida: era la “polis”, el espacio donde se manifestaban los actos libres y las palabras del hombre, lo que podía dar esplendor a la vida.

Discurso sobre Europa

El doctor Andrés Laguna (Segovia 1511?-1559) fue una figura relevante de la España de Carlos V. Humanista, gran admirador de Erasmo, del cual compartía sus ideas religiosas, a favor de un cristianismo interior.

Arendt. Eichmann y la banalidad del mal

Del dilema que los jueces de Eichmann tenían ante sí: verlo como un monstruo depravado, o tomarlo como un mentiroso compulsivo y un fanático que odiaba a los judíos, optaron por la segunda opción. Pero Hannah Arendt escogió una tercera posibilidad. Al observar a Eichmann, oír sus argumentaciones, presenciar sus reacciones, concluyó que lo que tenía delante no era un ser antológicamente corrompido, ni una personalidad satánica, sino vulgar (“que no era un Yago ni era un Macbeth”) más bien un hombrecillo que había cometido crímenes horribles, gracias a una especie de estupidez moral, que procedía de una absoluta falta de juicio: “Eichmann no era estúpido. Únicamente la pura y simple irreflexión – que en modo alguno podemos equiparar con la estupidez – fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo”. Añadía Arendt que la personalidad del condenado permitía extraer una lección: “tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión, pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá, a la naturaleza humana.”.

La cultura y la moral

Un libro hace relativamente poco publicado en España (“Creer y destruir. Los intelectuales en la máquina de guerra de las SS”, del historiador francés Christian Ingrao) me ha llevado a reflexionar sobre la NO relación mecánica que hay entre la Teoría y la Política (esa manía de muchos políticos de falsear sus curriculums, para aparecer como más aptos para el desarrollo de la misma) o la Cultura y la Moral.

Todos escriben. Los Cooper (y II).

Ya he hablado de esta extraordinaria familia, en mi artículo de la semana pasada.

Hoy remato esta serie, con la sucinta biografía del último de los fallecidos y la de los dos que aún están en activo, y siguen escribiendo y publicando.

Todos escribían. Los Cooper (I)

En su día escribí sobre “Cuatro príncipes”, el último libro publicado en España, del gran historiador John Julius Cooper (2º Vizconde de Norwich). Pero investigando un poco sobre la biografía del autor, caí en la cuenta de que pertenecía a una familia increíble, de algunos de cuyos miembros ya tenía muy buenas referencias, los Cooper. Entre descendientes directos, y miembros de la familia por matrimonio, nos encontramos con un puñado de personalidades extraordinarias, básicamente políticos e historiadores. Pero todos escribían. Alguien debería llevar a cabo una biografía de toda esa familia.

  • Publicado en Cultura

Carlos e Isabel

Publicó, hace unos tres años, en España, la Editorial Ático de Libros, “Cuatro príncipes” del historiador John Julius Norwich (en realidad su apellido es Cooper, lo de Norwich proviene de su título nobiliario: Segundo Vizconde de Norwich). Los cuatro príncipes que dan título al libro fueron: Enrique VIII de Inglaterra, Francisco I de Francia, el emperador Carlos V y Solimán el Magnífico. Un hecho extraordinario me parece, que coexistieran en la historia, cuatro titanes de su envergadura. Una de las virtudes, pero no la única, del relato, es presentar las historias de los cuatro protagonistas, no como compartimientos separados, sino entrelazados en el mismo hilo narrativo. “Es era la idea”, explica el autor. “Estaban constantemente enredados, todos interactuaron, salvo Enrique con Solimán. Es una manera de mostrar, que también los hechos están entrelazados”.

Arendt. Filosofía de la Existencia

Todos sabemos que el “existencialismo” fue una corriente filosófica europea, que considera que la cuestión fundamental en el ser es la existencia, en cuanto existencia humana, y no la esencia, y que respecto al conocimiento, es más importante la vivencia subjetiva que la objetividad. Kierkegaard, Heidegger y Sartre fueron los principales representantes del existencialismo, que se desarrolló sobre todo en el período de entreguerras y después de la Segunda Guerra Mundial. Pero “Filosofía de la existencia” no es, en la denominación de Hannah Arendt, el existencialismo – al que sí se refirió en una anterior obra – sino la derrota que ha seguido la filosofía europea, desde que Kierkegaard y Nietzsche respondieron al cambio que introdujo Kant en el orden filosófico, al demoler la identidad entre el ser y el pensar, creencia en la que la filosofía había vivido desde los griegos.

Carr. Renovación de la historiografía británica

Cuando Raymond Carr, el gran hispanista inglés, comenzó a interesarse por América Latina (después de muchos años de dedicación a su gran obra “España 1808-1939”) también lo hizo por la renovación de la historiografía.

Republicanismo y/o Economía

No asustarse antes de tiempo, el Republicanismo del que voy a hablar, nada tiene que ver con la cuestión de las formas de Estado. Se trata más bien de una teoría sobre la libertad y el gobierno, que fascinó a algunos socialistas de la “tercera vía”, a finales del siglo pasado y comienzos de éste.

Y en eso llegó el Estado y mandó parar

"El Estado es la más alta clase de comunidad y aspira al más alto bien… Muchas familias combinadas hacen un pueblo; varios pueblos un Estado… El Estado, aunque posterior en tiempo a la familia, es anterior a ella y aún al individuo, por naturaleza; porque lo que es cada cosa cuando se desarrolla por completo, lo llamamos su naturaleza, y la sociedad humana, completamente desarrollada es un Estado, y el todo es anterior a la parte… El que fundó el Estado fue el mejor de los benefactores, porque, sin ley, el hombre es el peor de los animales, y la ley depende, para su existencia, del Estado. El Estado no es una mera sociedad para el trueque y para impedir el crimen: El fin del Estado es hacer buena la vida"

(Aristóteles. “La Política”)

Sócrates según Arendt

Nos explica Hannah Arendt, como Sócrates parece haber creído que la función política del filósofo, era ayudar a establecer un tipo de mundo en común, construido sobre el entendimiento en la amistad, para el cual no se precisa ningún gobierno.

Pensamientos cautivos

Nos relata Tony Judt en “El refugio de la memoria”, como Czeslaw Milosz, que creció en la república polaca de entre guerras, sobrevivió a la ocupación y era ya un poeta de cierto prestigio, cuando fue enviado a Paris como agregado cultural de la nueva república popular. Pero en 1951 desertó trasladándose a Occidente. Y dos años más tarde publicó su obra de mayor influencia, “El pensamiento cautivo”. Su lectura sigue vigente, opina Judt, y es, con diferencia, el más intuitivo y perdurable ensayo, sobre la influencia que ejerció el estalinismo en los intelectuales y, más genéricamente, sobre el atractivo de la autoridad y el autoritarismo para la “intelligentsia”.

El sexo y la estética

La relectura estos días, de un maravilloso librito “La nuesa del silenci. Textos per a una ètica-estètica”, que me regaló mi buen amigo Miquel Rayó, me ha llevado a recordar, una anécdota que me sucedió hace ya años.

Intelligentsias y novismos

Cada generación quiere ser nueva, original, tiene necesidad de sentirse expedita y ligera, tiene que decir algo que no se haya dicho todavía, y contradecir lo que ya se ha dicho. Sino fuese así – escribía Giovanni Sartori – nuestra vida no tendría objetivo, ni la historia dinamismo. Pero no es fácil ser originales. El camino más fácil es la ignorancia. El que no sabe nada, puede despertarse cada mañana con una nueva ocurrencia, nueva para él. En los años sesenta mi generación, estaba convencida de que no había habido luz, hasta que fue encendida por nosotros, entonces veinteañeros. El más hábil entre ellos, decía sarcásticamente Sartori, redescubrió el paraguas. Sin embargo, la mayoría de las veces, el paraguas no se abría, y lo redescubierto estaba mal redescubierto (a lo mejor ya aparecía, mejor dicho y mejor explicado, en Aristóteles). Y muchos han buscado desde siempre la originalidad en el extremismo.