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Luz Modroño

Luz Modroño es doctora en psicóloga y profesora de Historia en Secundaria. Pero es, sobre todo, feminista y activista social. Desde la presidencia del Centro Unesco Madrid y antes miembro de diversas organizaciones feministas, de Derechos Humanos y ecologistas (Amigos de la Tierras, Greenpeace) se ha posicionado siempre al lado de los y las que sufren, son perseguidos o víctimas de un mundo tremendamente injusto que no logra universalizar los derechos humanos. Y considera que mientras esto no sea así, no dejarán de ser privilegios. Es ésta una máxima que, tanto desde su actividad profesional como vital, ha marcado su manera de estar en el mundo.

Actualmente en Grecia, recorre los campos de refugiados de este país, llevando ayuda humanitaria y conviviendo con los y las desheredadas de la tierra, con los huidos de la guerra, del hambre o la enfermedad. Con las perseguidas. En definitiva, con las víctimas de esta pequeña parte de la humanidad que conformamos el mundo occidental y que sobrevive a base de machacar al resto. Grecia es hoy un polvorín que puede estallar en cualquier momento. Las tensiones provocadas por la exclusión de los que se comprometió a acoger y las medidas puestas en marcha para ello están incrementando las tensiones derivadas de la ocupación tres o cuatro veces más de unos campos en los que el hacinamiento y todos los problemas derivados de ello están provocando.

Poesia en tiempos de Covi 1_R

El desordenado ruido de la calle

dio paso al canto olvidado de las aves.

Nuevos sonidos ocupan el espacio

patrimonio ayer de raudos motores

de fumígeno aliento.

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El beso

Quiero pintar un beso redondo y grande,

tierno y jugoso como fresa de primavera,

Un beso que selle, más allá del tiempo finito,

una alianza de pueblos

con vocación de eterna.

  • Publicado en Poetas

Una insensibilidad más peligrosa que el fuego

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Desde hace años, un grito de fraternidad solidaria resuena entre las paredes insensibles de despachos europeos, los de aquéllos que, teniendo que tomar decisiones, aplauden cualquier medida convertida en escudos levantados contra una población que sufre indefensa.

Todos molestamos en Lesvos

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Desde que hace cuatro semanas comenzaron los primeros ataques contra organizaciones, personas refugiadas y periodistas, provocando el cierre de las primeras y la salida masiva de cooperantes y voluntarias, Lesbos es un hervidero de rumores, noticias confusas y contradictorias que tienen como denominador común la aparición de un clima de confusión y desolación. La tensión y el desconcierto se dan la mano a la par que la preocupación y la incredulidad aumentan entre organizaciones de derechos humanos y ayuda humanitaria.

Europa y Derechos Humanos, la metamorfosis

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Cuando cada día supera en horror y dolor al anterior algo muy grave está ocurriendo. No hay tregua ni descanso para los desposeídos. Cuando en la memoria de Europa persisten aún las huellas de todo aquello que desembocó en la Guerra Mundial, una nueva oleada de insolidaridad, pensamiento único, exclusión, sangre y muerte nos sacude. Sobre los restos calcinados que dejaron los millones de bombas que estallaron noche y día, incansables, durante cuatro largos años, se erigió una Europa de derechos y solidaridad. Una Europa que se marcaba como meta que nunca más volvería a ocurrir algo como aquello, que las calles de sus ciudades y pueblos no volverían a ser mancilladas por el ruido de botas militares. El mundo, gracias a Europa, sería un poco mejor. No fue así. Ese sueño se transmutaría en una cruel pesadilla para cientos de miles de seres humanos que huyen de guerras interminables como las de Siria, Afganistán, Kurdistán… En estos días, la Europa de los derechos humanos se ha derrumbado hecha añicos. Con cada persona humillada, con cada persona perseguida, abandonada, a la que se niega asilo y protección, la Europa de los Derechos Universales se desmorona.

El peligroso virus

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Cada día, miles de personas caen muertas por el efecto de las bombas arrojadas en nombre de una idea, un dios, un poder. Entre 2014 y 2019, treinta y un millones de personas, entre militares y civiles, han muerto víctimas de la guerra. Cientos de miles de personas perecen víctimas de hambre. 8.500 niños y niñas mueren de desnutrición cada día, según datos de UNICEF; el año pasado murieron 6,3 millones de menores de 15 años, mientras 19.000 lo hacen cada día por causas evitables en aquellas zonas donde la desertización avanza inclemente.

Construyendo catedrales, empujando la historia, en femenino

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

La luz se hizo omnipresente y la mirada se volvió hacia ella llenando el espíritu de quien traspasaba su umbral de alegría y felicidad. Se crearon espacios ausentes de miedo y llenos de vida. Sus constructores fueron los maçons y las masonas -que ambos lo fueron- y sus construcciones, las catedrales góticas. Fueron obras llenas de belleza y originalidad, de espiritualidad. Desde ellas el ser humano trascendía y se elevaba a la divinidad. Tomaba conciencia como ser humano. Cantería, herrería, albañilería, carpintería, escultura y tallado de piedra, vidrieras… todos los oficios, sin distinción de género, se dieron la mano para levantar estos templos a la humanidad que tanto admiramos aún. Levantar ese templo era una obra colectiva dirigida por el Maestro arquitecto que exigía la concurrencia bien trabada, bien coordinada, de todos los oficios para que la sinfonía sonara plena de armonía. El maçon dirigía, coordinaba, ponía la primera y la última piedra. Grunnilda fue la primera maestra registrada que se conoce, en 1256; antes, en el siglo X, la maestra Ende, pintora, dirigía el taller miniaturista del monasterio de San Salvador de Tabarra, en Zamora, y terminó de iluminar uno de los libros de Los Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana, hoy en la catedral de Girona. Pero esto es solo una pequeña muestra de las miles de mujeres que en la alta edad media tuvieron una participación activa en la sociedad en que vivían. Muchas de ellas dirigieron talleres y cuadrillas de obreros. La mayoría, desconocidas e invisibilizadas sistemáticamente por historiadores más centrados en esa tarea que en la de dar una imagen de un mundo que ni fue tenebroso ni supuso la marginación de la mujer.

Estrasburgo: la legalidad frente a la legitimidad

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Huyen con la esperanza de alcanzar una meta soñada. Apenas en sus retinas se perfila la meta de un mundo que conocen a retazos por conversaciones oídas de labios de los que han tenido la suerte de nacer en un mundo más rico, más en paz, más seguro. Huellas que dejan en sus sentidos películas de otros lugares, músicas que hablan de amor, de riqueza, de derechos humanos… y ellas, personas que nada tienen, que por no tener no tienen ni esperanza, un buen día deciden partir. Huyen del hambre, de la guerra, de la miseria, de violaciones y golpes, de miedos e incertidumbres. No es fácil tomar esa decisión. Saben que el camino que les espera está sembrado de espinas, que deberán ir escondiéndose como si de animales acorralados se tratara, que tendrán que confiar su vida a mafias que se alimentan, muy bien, de sus despojos. Reunir el dinero necesario para la travesía tampoco fue fácil. A éste le ayudo un hermano; a aquélla, su madre; el de más allá tardó dos años en juntar lo necesario para un viaje incierto que se comerá lo recaudado. No importa, allá en el horizonte espera la libertad, la bondad de un mundo en paz, un mundo sin guerra, un mundo que habla de justicia y derechos humanos. Espejismo. Las balas, las amenazas, los gritos, el miedo, el rechazo y los golpes ya no les abandonaran. Formarán un todo con sus cuerpos. El camino es duro y largo, es frío y pasan hambre. Caminan por la noche mientras se esconden durante el día como animales perseguidos. Pero siguen soñando. La meta está un poco más allá, siempre un poco más allá. Y van solas, una soledad incrustada en la piel, porque no hay mayor soledad que la que produce esa lucha por la supervivencia.

La eutanasia

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La libertad no parece que case bien con la derecha ideológica en este país. Pasó con la ley de divorcio, con el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, con el derecho a sentir pertenencia a un sexo que nada o poco tiene que ver con el que, aparentemente, se nace… y, ahora, con el derecho a decidir sobre la propia muerte, esto es, la eutanasia, mejor denominada muerte digna. Y es esto, lo de la dignidad, lo que conviene resaltar. Porque, en realidad y en el fondo, de lo que se está hablando es precisamente de dignidad. De reconocimiento de la dignidad para morir. Porque hasta para morir el ser humano tiene derecho a ser respetado en su dignidad y tiene, por consiguiente, derecho a que los poderes públicos reconozcan su derecho a decidir.

El Tarajal. Cinco años de espera

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En Ceuta hay una playa de arena fina y aguas cálidas. Desde ellas se ve Marruecos. Desde Marruecos se antoja fácil llegar a España. Dos países cuyas fronteras físicas están tan próximas como lejanas sus expectativas. Ceuta forma parte de España, de la rica y próspera Europa convertida en la mente de muchas personas, hombres y mujeres, en sueño y destino donde encontrar una vida mejor. Y, tras vender en muchos casos lo poco que tienen, deciden saltar la valla. La única valla que, junto a la de Melilla, separa la Europa rica de la pobre África. Pobre no, empobrecida por esa Europa que lleva siglos esquilmándola, apropiándose de sus bienes, de sus materias primas, de sus riquezas, convirtiendo a sus hombres y mujeres antaño en esclavos y hoy en mano de obra barata, con la connivencia y la complicidad de sus propios dirigentes.

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