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La parresía democrática contrapuesta a la retórica del saqueo


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Estos días en los que se han manifestado de manera clara desde todas las sensibilidades de Podemos las líneas de acción a las que aspira dicha fuerza política. Así lo han expresado sus principales dirigentes, frente al conjunto de alternativas cercanas al mantenimiento del statu quo franquista y monárquico. Como réplica se ha podido apreciar una respuesta, a esos principios esenciales del llamado pensamiento del podemismo, desde los alineamientos políticos y mediáticos de la retórica del histórico y minoritario progresismo amable. En definitiva, cómplice con el poder que ha sustentado su relato desde la llamada “transición” contrapeso necesario para neutralizar aventuras genuinamente izquierdistas.

Esto nos lleva a disponer del tiempo y espacio necesarios para esclarecer la confusión y desconcierto que se han expandido entre los que se sienten parte del cambio que supuso el fenómeno disruptivo del 15M con el statu quo. Las últimas ponencias de Pablo Iglesias son un ejemplo de exponer su pensamiento desde la veridicción. Esto supone hablar con libertad bajo el riesgo de la condena, incluso de muerte, cuando se trata de una confrontación con el poder,

Como forma de veridicción, la parresía tuvo que competir con otras existentes en la época, como la profecía, la sabiduría o la técnica. Como modo de discurso, además, hubo de soportar la dura competencia de la retórica, instrumento de gran potencia en el terreno político en sociedades en las que, como en la Grecia de las ciudades-Estado o en la Roma del Senado, el poder de persuasión era tan importante de cara al éxito público. Sin duda la parresía perdió muchas batallas frente a la retórica. Ello supuso que la persuasión prevaleció a la veracidad y, con ello, la Historia se escribió sobre renglones torcidos. De eso en España conocemos bastante.

Sabido es que Michel Foucault centró sus estudios en la relación entre subjetividad y verdad, para ello apeló a la noción griega de parresia, término este que se tradujo de modo apresurado al latín como libertas y que Foucault denomina veridicción.

Para Foucault todo discurso que pretenda llevar verdad puede estructurarse con elementos objetivos, construidos por conocimientos o, por otra modalidad subjetiva, que se alimenta de lo personal, lo ético y lo político, que se basa en expresar la verdad a alguien concreto sobre un asunto específico.

Por tanto, la parresía se opone frontalmente a la retórica, esencialmente porque esta última puede utilizarse para mentir. Las páginas de los principales medios de prensa del statu quo se elaboran siguiendo estas prácticas retóricas, siempre afines al poder, suelen tener escaso cuidado con la comprobación de la validez de las fuentes informativas. Desde ello hemos llegado a la postverdad trumpista sin rubores ni filtros morales.

Los términos verdad y veracidad, verdadero y veraz, son, más allá de sus indudables similitudes, radicalmente diversos. En el ámbito de la información, tanto en su dimensión jurídica cuanto, en su dimensión ética, “verdad” y “verdadero” han sido desplazados por “veracidad” y “veraz” como elementos nucleares del derecho a la información.

Porque la ciudadanía española está sometida a un bombardeo retórico, y manipulador, desde todos los medios de prensa del régimen, que busca consolidar, articulando una retórica del saqueo, la mentira del 78 para perpetuarla y, con ella, todo el sistema de privilegios que han supuesto el gran despojo que sufre España desde entonces.

La campaña electoral ha llegado con toda su crudeza. Es una guerra en la que ya no hay oponentes, sólo enemigos. Recuerda cuando te lleguen mensajes mediáticos que, como en la guerra, la primera víctima es la verdad.

Atenta ciudadanía.

 

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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