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¿El suicidio del ultra neoliberalismo?


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Se diría que puede morir de éxito. Me refiero al capitalismo en su fórmula más exacerbada, ese ultra neoliberalismo que no para en mientes para imponer su dogmática e inexorable lógica. Maximizar beneficios a corto plazo sin más consideraciones y aunque la gallina no pueda seguir poniendo huevos, no únicamente los de oro, sino aquellos con que nos alimentamos. Al fracasar el socialismo real de la revolución soviética e imponerse como el único modelo posible, los desalmados que intentaban guardar las formas frente al pulso ideológico del paraíso comunista, dejaron atrás cualquier tipo de restricción a sus fantasías acaparadoras.

La depredación se ha desbocado. Cornucopia, el símbolo de la prosperidad y una inagotable abundancia sólo vale para unos pocos, aunque tampoco les pueda durar mucho tiempo justamente por su avidez. Tras la pandemia seguimos intentando consumir desaforadamente, aun cuando nos endeudemos por décadas con riesgo de perderlo todo y haya quien pasa hambre sin tener un techo bajo el que guarecerse. Nos insensibilizamos ante los dramas humanos que van agolpándose. Las guerras y la miseria provocan olas migratorias cada vez más ingentes. Los menesterosos en general resultan molestos como vecinos.

Seguimos esquilmando con saña los recursos del planeta pese a que han sonado todas las alarmas y nos quejamos del alto contraste de las temperaturas, que hacen los veranos insoportables y los inviernos muy duros. Las desigualdades culturales y económicas van segregando millones de seres humanos, que malviven incluso en los países presuntamente más desarrollados. Los discursos del odio siembran vientos que se tornarán tempestades. Renacen peligrosas ideologías intolerantes y autoritarias que parecen cosas del paseo, porque se creía haber aprendido algo de la historia reciente.

¿Hay algún indicio que nos invite a la esperanza? Los más jóvenes han cobrado conciencia de que les robamos el futuro. Tienen claro que se debería hacerse todo lo posible para revertir las consecuencias del cambio climático. La precariedad es uno de los mayores problemas que les afectan a las nuevas generaciones. Cabe pronostica un conflicto entre las generaciones más veteranas y los que se sienten ignorados por la sociedad.

El dinero ya no sirve como trueque. Se ha convertido en un instrumento para enriquecerse sin dar palo al agua. La ruleta de casino bursátil arroja siderales ganancias a unos cuantos y tiene un impacto brutal entre quienes nunca han pensado en jugar a bolsa, limitándose a trabajar para obtener unos ingresos que le permitan sobrevivir. Trabajar y no poder salir de la pobreza es algo insostenible, por mucho que las grandes empresas les parezca lo más razonable para seguir generando empleos mal remunerados.

Francia siempre ha sido pionera en la protesta social. Los trabajadores de las refinerías han encendido la mecha. Tras repetir dos mil ciento millones de dividendos entre sus accionistas, los patronos les dicen a sus obreros que no pueden aumentar su salario tanto como ha subido la inflación. Un razonamiento que no debe convencer ni a quien lo profiere. Un creciente malestar social aleja de las urnas a unos ciudadanos hastiados que desprecian a todos los periodos políticos y en todo caso prefieren votar a los que hagan más ruido, al margen del programa o la total falta de ideas que tengan esas formaciones políticas con estructura empresarial, hechas con un exclusivo ánimo de libro parapetado tras una parafernalia indecorosa.

Seguir apostando por el consumo a ultranza en esta coyuntura, desmantelando los cimientos más básicos del Estado de bienestar, puede acabar dinamitando el marco de convivencia. Se diría que asistimos a un suicidio del sistema ultra neoliberal. En esto el Reino Unido va por delante. Una primera ministra que fue republicana, se mofaba de Tatcher y no era partidaria del Brexit, mudó sus criterios con arreglo a su ambición personal. Esto le ha servido para despedir a la reina Isabel II y estrechar la mano del flamante Carlos III, quien a este lado puede conocer en siete meses más primeros ministros que su madre durante siete décadas, gracias a un partido que ganó unas elecciones hace tres años y tiene serias dificultades para encontrar un piloto competente.

La buena noticia es que la Unión Europea está rompiendo moldes y aceptando hojas de ruta que parecían inasumibles hasta hace muy poco. Esto debería poder favorecer pactos internos entre sus miembros que respondiesen a directrices consensuadas. Una cosa es que la política de austeridad para salvar al euro fuera un craso error y otra bien distinta que ahora mismos nos podamos permitir una política sin aire socialdemócrata, donde se pongan bridas a la insaciable codicia de quienes más tienen.

La miopía del intervencionismo trumpista es letal a medio plazo. Tanto como una radical bajada de impuestos parece totalmente desaconsejable, a la vista de cómo respondieron los mercados y le fue a la libra con su mero anuncio. Hay mediocres discursos electoralistas que van quedándose sin referentes en la realidad. Deberían tomar buena nota. Pero no suelen ser muy proclives a reconocer sus errores y mucho menos a intentar enmendarlos. Es lo que tiene creerse poseedor de verdades indiscutibles e infalibles.

 

Profesor de Investigación en el IFS- CSIC (GI TcP) e Historiador de las ideas Morales y Políticas. INconRES (PID2020-117219GB-I00) / RESPONTRUST (SGL2104001) / ON-TRUST CM (2019HUM5699) y PRECARITYLAB (PID2019-105803GB-I0)

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