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Las elecciones italianas: la democracia aún no se ha perdido


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

El resultado de las elecciones de Italia ha confirmado no sólo los sondeos, sino la impresión que adelantaban muchos analistas de que se trata de una situación política volátil y en ebullición cuyo rumbo final aún no se conoce. Con unos datos que empiezan a sentarse vamos a examinar: a) el sentido de los resultados; b) las posibles causas de estos resultados; y c) las previsiones políticas inmediatas, tanto internas como en el ámbito de la Unión Europea.

El hecho de que haya ganado las elecciones una coalición de derecha extrema y, paralelamente, la haya perdido la izquierda, con el previsible resultado inmediato de la formación de un Gobierno también de derecha extrema presidido por Giorgia Meloni, ha levantado todas las alarmas en los medios democráticos europeos y españoles. La situación es grave, pero conviene examinar con detenimiento los resultados.

Sentido de los resultados

El primer examen de los resultados nos debe llevar, en primer lugar, antes que a los escaños de las dos Cámaras a los porcentajes de votos que ha obtenido cada partido. Y aquí tenemos un primer dato de cierta relevancia: Hermanos de Italia ha conseguido el 26% de los votos y el Partido Demócrata ha recibido el 19,1% de los votos. Si sumamos todos los votos de los partidos de la derecha nos ponemos en 42,9% de los votos emitidos, en tanto que los partidos de la izquierda han alcanzado el 38,15%, a los que habría que añadir el 7,8% de Italia Viva. Así tenemos un 45,95% de votantes contrarios a la derecha extrema. Resulta así que a pesar del alto porcentaje de abstenciones (un 36%, probablemente procedente más de la izquierda que de la derecha), la izquierda y el centro han obtenido más votos que la coalición de extrema derecha, lo que significa que en Italia hay más electores en contra que a favor de la coalición de extrema derecha. Entonces, ¿por qué ha vencido ésta?

Posibles causas de estos resultados

Cinco motivos principales explican la derrota de la izquierda y del centro. En primer lugar (muy en primer lugar), el endiablado sistema electoral que favorece, como se ha dicho constantemente, a las coaliciones. En la izquierda, como ha explicado Íñigo Domínguez (“La izquierda decidió que prefería perder”, El País. 27 de septiembre de 2022) y Anna Buj (“Letta renuncia a liderar el PD y urge a refundarlo para plantar cara a Meloni”, La Vanguardia, 27 de septiembre de 2022), Enrico Letta prefirió no coaligarse con el Movimiento 5 Estrellas, tanto por no enajenarse el centro denominado Tercer Polo, como por responsabilizar a Giuseppe Conte, ahora líder de Movimiento 5 Estrellas, de la caída del Gobierno de Draghi. Es cierta esa responsabilidad (con la sombra de Putin a la espalda de Conte para más inri), pero la piel fina se paga.

El segundo motivo de la derrota es la crisis permanente de la izquierda italiana desde que desapareció el Partido Comunista Italiano. Con un PCI que llegó a obtener la tercera parte de los votos y dominar Municipios y Regiones y con un Partido Socialista que siempre fue reducido, pero contó con figuras importantes como Pietro Nenni, Sandro Pertini, Francesco de Martino y Giuliano Amato y el influjo intelectual de Norberto Bobbio, la desaparición del PCI y del PSI y la desaparición de un Partido Demócrata (con elementos de la también desaparecida Democracia Cristiana) creó tal confusión en la política italiana que aún no han levantado cabeza. Los partidos de izquierda italianos no eran partidos cualesquiera, pues el PCI fue, a mediados de los años ochenta del pasado siglo el interlocutor del SPD alemán, y el viejo PSI, a pesar del baldón que supuso Tangentopoli con la huida de Bettino Craxi, arrastraba una larga historia de lucha democrática y antifascista. Quizá se pueda aventurar que uno de los motivos de la crisis que desorienta a los electores es que el PD no supo digerir bien la mezcla de socialdemocracia y democracia cristiana, pues algunas de las figuras más importantes del partido proceden de ésta última, como el recién dimitido Enrico Letta, que llegó a presidir las Juventudes del Partido Popular Europeo. Vista desde fuera de Italia, la izquierda socialdemócrata italiana da la impresión de cierta carencia de vigor, de fuerza y de penuria ideológica, como podemos comprobar ante la ausencia de publicaciones de prestigio. Aquellas publicaciones como la comunista Rinascita, la socialista Mondoperaio y el marxista disidente Il Manifesto han desaparecido de la vida cultural italiana y ello empobrece mucho el trabajo teórico de la izquierda.

El tercer motivo es el desprestigio de la política partidista. Ha habido grandes Gobiernos italianos presididos por figuras independientes como el de Mario Draghi y, antes, el de Mario Monti, impuesto por la Unión Europea y por el Presidente Napolitano para descabalgar inconstitucionalmente a Berlusconi. Ha habido Gobiernos presididos por un recién llegado a la política que aún no era militante del partido gobernante, como el de Giuseppe Conte con el Movimiento 5 Estrellas. Y otro gran Gobierno, el de la coalición El Olivo, presidido por Romano Prodi, que en aquel momento no tenía militancia partidista. Ese trasvase constante de antiguos democristianos hacia una socialdemocracia poco definida ideológicamente (el PSD alemán es, como partido socialdemócrata, mucho más sólido y firme) probablemente reste un perfil político firme al PD y contribuya al desprestigio de la política. Además, el último Gobierno de Draghi, siendo uno de los buenos Gobiernos (como los de D’Alema, Amato, Prodi y Monti) no ha contribuido a prestigiar la política partidista, ya que el propio Draghi tampoco era militante de ningún partido. Por acabar este punto, no debemos olvidar que un Presidente del Consejo de Ministros que ocupaba legalmente su puesto, como Berlusconi en noviembre de 2011, fue expulsado del Gobierno por decisión de la Unión Europea con el apoyo y la decisión del Presidente Napolitano. El hecho de que el ex comunista Giorgio Napolitano fuera un gran Jefe del Estado, que además se desembarazó de un Presidente del Consejo completamente tóxico como Berlusconi, no debe hacernos olvidar que éste fue expulsado ilegalmente de su puesto. Todo este conjunto de hechos ayuda a entender que la política partidista italiana está muy desprestigiada y ese desprestigio perjudica más a la izquierda que a la derecha.

El cuarto motivo del fracaso de la izquierda italiano en las últimas elecciones es el confuso papel que desempeña el Movimiento 5 Estrellas. El hecho de que quizá fuera un error táctico que Letta no quisiera coaligarse con el partido de Conte no impide ver que el Movimiento 5 Estrellas sigue siendo un partido poco fiable; una extraña izquierda extrema que fue capaz de aliarse con la Liga de Salvini y de contar con el apoyo de Fratelli d’Italia, no parece un partido fiable cuando se viene de una izquierda extrema y populista bajo el mando del histriónico Grillo. Y no ha sido sólo el Gobierno Conte-Salvini, también ha sido la operación de Conte para hundir al Gobierno Draghi siguiendo, según se dice, instrucciones de Putin. Por eso el reproche a Letta por no pactar con el Movimiento 5 Estrellas ha de atenuarse dadas las características de este partido. Con un Movimiento 5 Estrellas fiable, Letta habría pactado.

El quinto motivo de la derrota italiana no se origina en Italia. Es que, como ha dicho el 27 de septiembre Jordi Juan, director de La Vanguardia, la ultraderecha ya está aquí. Está en Suecia, en los Países bajos, en Francia y también en España, y ya no hay “cordones sanitarios” que disuadirían a los electores dudosos. No es una ultraderecha exacta a los fascismos de los años treinta del siglo XX, pero sí es antidemocrática y busca deteriorar la democracia. Además, como ocurrió en Alemania, tiene el apoyo electoral de sectores populares y obreros que votan a quienes van a eliminar sus conquistas sociolaborales.

Las previsiones políticas inmediatas internas y en relación con la Unión Europea

Más allá de constatar que el triunfo de Hermanos de Italia es una mala noticia para la política progresista europea, el análisis debe tratar de pronosticar las consecuencias inmediatas que tendrán estos resultados. El programa explícito de Fratelli d’Italia se conoce (véase Irene Savio: “La hoja de ruta de Meloni para Italia”, El Periódico de España, 27 de septiembre de 2022) y será un programa ultraconservador en lo ideológico y en los valores democráticos, pero en lo económico no irá más lejos que el nuevo Gobierno británico. Será también euroescéptico y quizá apoye a Hungría en su política pro-rusa. Pero este Gobierno es una incógnita, porque Berlusconi, como apuntaba el editorial de La Vanguardia el 27 de septiembre de 2022, intentará condicionar el programa de Meloni y hasta hacerlo caer si considera que su deriva antieuropeísta va muy lejos. Todo nos lleva a la conclusión de que la política del Gobierno de Meloni no va a ser más dañina para los intereses de las clases medias y trabajadoras que la política de la Primera Ministra británica Liz Truss. En lo que puede ser muy dañino es en la aplicación de patrones morales ultracatólicos y ultrareaccionarios (aborto, LGTB), en los valores de la Resistencia antifascista y respecto a los inmigrantes. Y también puede ser peligroso en la reforma constitucional para derivar hacia un modelo menos parlamentario. Es cierto que el euroescepticismo de Meloni puede crear un frente que debilite a la Unión, junto a Hungría, a Polonia y quizá pronto con Suecia. Y puede quizá, por influencia de Berlusconi, romper la unidad política de la Unión frente a la agresión rusa en Ucrania.

En todo caso, Italia no va a ser una dictadura. Será un país con políticas socioeconómicas duras y con tendencia a romper la unidad europea. Pero si la izquierda sufre una necesaria catarsis puede recuperar el Gobierno antes de que acabe la legislatura.

 

Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.

Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.

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