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García Page, un camino entre la sinceridad y la verdad


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Establecer la diferencia entre lo posible y lo imposible es una tarea en ocasiones ardua que puede precipitar, si no se logra delimitar lo uno de lo otro, males que llegan a tener naturaleza de realidad muy difícil de arreglo o reparación. Homero Alsina Thevenet fue un crítico cinematográfico uruguayo muy traído por la argentina Leila Guerriero, especialmente en “Plano americano” (Anagrama, 2018), al que le gustaba decir que “siempre supe la diferencia entre lo que se puede y lo que no se puede”.

En esa línea de seguridad argumental no se encuentra a gusto el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, al que las huestes del Psoe no del todo alineadas con el manchego llaman en la acepción británica de su apellido “emy peiys”, para hacer sarcasmo y de paso homenaje al guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, estrella del rock de los setenta.

Todo lo que tiene de instrumentista el británico lo tiene de vocalista el toledano. Antes de su mayoría holgada que le permite gobernar en solitario en su territorio, lo hizo en compartimento de gobierno con Podemos, cuando todavía no era Unidas Podemos, pero tenia un vicepresidente que le ayudaba a presidir aquel gobierno. Es decir, que sin esa ayuda, ser presidente de aquel gobierno no hubiera resultado posible. Fernando Savater, quien desde sus púlpitos varios y desde su pertenencia a la independencia de criterio desmitifica a la izquierda, y únicamente a la izquierda, bien pudiera ser una referencia para Page. Y viene ello a colación de lo que dice Savater, en su autobiografía “Mira por dónde”, (Taurus, 2003), “ a los cuarenta años cada uno es responsable de su rostro”.

Desde la comisión gestora del partido socialista, de octubre de 2016, hasta mayo de 207, en que el actual presidente de gobierno hizo sonar la campana de la sorpresa, el dirigente con sede en Toledo, dueño de ese rostro de quien siempre “parece que a va terminar diciendo siglo X antes de Cristo” (Rosa Chacel, Barrio de Maravillas), no se encuentra bien hablando en términos de felicidad con el liderazgo de Pedro Sánchez.

Page se contiene, contemporiza, sonríe, incluso abraza pese a la devaluación del abrazo como señalética en política, se ha dado el caso según expertos en lenguaje de signos que le ha pagado alguna ronda a Sánchez en la calle Santo Tomé o en Zocodover. Su argumentación del momento político que vive el gobierno de coalición no coincide en modo alguno con el del propio ejecutivo y siempre que puede, con o sin la estimable compañía de Javier Lambán, presidente del gobierno socialista de la Comunidad de Aragón, afea las proximidades de Unidas Podemos, como ejemplos de lo que es romper España y sus instituciones, con autorizado olvido de la utilidad de Podemos en 2015 para su instalación en el poder.

En esta semana, después de una reunión de partido en Zaragoza con presencia del secretario general y el presidente manchego, Page, después de meditar profundamente las razones que le asisten, ha decidido abolir la palabra “conveniencia” de su vocabulario más reciente y ha dicho que “hay que elegir bien los apoyos del gobierno”, y, de paso ha manifestado que “su experiencia personal y política con Feijóo” solo puede ser calificada como óptima.

A falta de linealidad entre las diferentes comunidades autónomas, ese Estado de las Autonomías siempre perfectible y sin un Senado que engrase las actuaciones de la administración autonómica, se acaba de descubrir que lo que verdaderamente funciona en este estado plurinacional es la relación entre Galicia y Castilla-La Mancha, lo demás es prueba y ensayo, materia de reflexión y perfección.

Hay opinión que sostiene que el rasponazo de sinceridad de Page trae causa de sus aspiraciones por repetir como cabeza de cartel en mayo de 2023, cuando parece ser meridiano que su mayoría de gobierno es suficiente bagaje para ejercer como servicio de propulsión.

Gana más cuerpo la idea que explica su comportamiento en las ganas de ejercer el desahogo contra el presidente Sánchez, con quien Page siempre ha perdido la apuesta, en las primarias de 2017 con apoyo de Page a un candidato distinto al ganador, y la idoneidad de un gobierno de coalición ejerciente desde enero de 2019, lo que no parece de concepción y encomio del dirigente manchego.

Si es o no un duelo dialéctico y político, manifestado con alguna trompetería sin descartar el terreno pantanoso del elogio a Feijóo en este preciso momento, es calidad que solo Page podría esclarecer con ese gesto de saber más y antes que el resto. Emmanuelle Carrère, en “El adversario”, dice de un personaje que le dice a otro, Sophie, “que le ha dicho suficientes veces que la sinceridad y la verdad son cosas muy distintas”.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.

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