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Bonilla con Ayuso contra el síndrome de Robin Hood en pro del efecto Mateo


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Moreno Bonilla se fija en los mejores, asegura. Eso le hace imitar a la presidenta madrileña y suprimir un impuesto que afecta únicamente a las grandes fortunas, al eximir de tributos a patrimonios de gran tonelaje. La idea es que se produzca un efecto llamada y los millonarios decidan fijar su residencia en Andalucía, cotizando allí sus elevados ingresos. De paso los pobretones podrían entender que no pueden codearse con los ricachones y mudarse a otro lugar. Con eso se matarían dos pájaros de un tiro para hacer una comunidad más próspera.

Se diría que Bonilla o Ayuso no aprecian las leyendas que circularon en tono a Robin Hood, ese defensor de los pobres y oprimidos que luchó contra unas autoridades que pretendían acaparar las riquezas de los discrepantes. Parecen más bien firmes partidarios del efecto Mateo, ese principio económico que decreta desnudar al indigente para revestir aún más al opulento. Nada mejor para conseguir ese fin que generar micro paraísos fiscales en el propio terruño, para evitar la fatigosa ingeniería fiscal de testaferros y demás zarandajas.

Hay que tener tiempo para gastar el dinero y tampoco es cuestión de perderlo estudiando cómo evadir impuestos, cuando en ciertas autonomías te lo dan hecho. Cómo se ha señalado resulta curioso que Andalucía o Madrid pidan luego dinero a España y abran sus arcas a fondos europeos. Esas partidas no caen del cielo, como ciertos desmesurados beneficios empresariales. Existen gracias a las aportaciones de muchos contribuyentes con finanzas poco saneadas.

Presidir una Comunidad Autonóma se diría una labor bastante cómoda. Te apuntas los éxitos y endosas al gobierno central todo cuanto sea un fracaso. Rebajas la presión fiscal a tus votantes, pero exiges que los compatriotas no censaros en tu territorio aporten parte de sus cuotas. Es un negocio redondo. Similar al de los bancos que reparten dividendos y si quiebran socializan las pérdidas entre la ciudadanía. Unos pagan el pato mientras otros no dejan de ponerse las botas.

Así se potencia entre los privilegiados una mayor libertad para consumir, a costa de una lacerante desigualdad para la mayoría. Lo llamativo es que a gestores así les voten quienes no se benefician de sus elitistas medidas. Pero la demagogia siempre ha logrado conseguir este tipo de resultados paradójicos. Basta con desacreditar al adversario y decir que lo hace peor.

La quiebra del Estado de bienestar, a costa del mejor vivir de unos pocos, hace peligrar el sistema democrático. Una creciente polarización genera un ambiente hostil entre ricos y pobres que da paso a tentaciones totalitarias. Contra lo que creímos hasta hace muy poco, en Europa la extrema derecha va conquistando cuotas de poder. Los partidos conservadores pactan con ella para desalojar a la socialdemocracia, tal como sucedió en el ocaso de la República de Weimar, creyendo que podrían instrumentalizar al nazismo.

Presumir de rebajas fiscales debería tener su límite. Si la receta es tan maravillosa y es una panacea para reactivar la economía, generar empleo y auspiciar la prosperidad general, en realidad se deberían suprimir todos los impuestos de una vez por todas y no de forma paulatina. Eso conllevaría no poner el cazo para pedir diezmos de recaudaciones ajenas. Lo malo es que, reduciéndolo al absurdo, porque probamos que suprimiríamos la sociedad civil.

Vivimos en comunidad para prestarnos un mutuo apoyo. Para vernos asistidos cuando estábamos indefensos o somos más vulnerables, en la infancia, la vejez o la enfermedad. Poniéndonos la zancadilla tan sólo avanzan unos cuantos a los que sobran quienes muestran una mayor debilidad. El distinguir entre ganadores y perdedores no deja de suscribir implícitamente cosas tales como la eugenesia, el edadismo y diversos tipos de fobias que delatan otra tantas psicopatologías onto-filogenéticas.

Rebajar impuestos es una medida harto popular y propia del partido que lleva ese nombre. Ojalá explicaran que las prestaciones públicas requieren de una financiación y que con menos impuestos van privatizándose subrepticiamente todo. Quienes tienen medios para ello, aún tendrán más recursos para pagar colegios y sanidad privados. Pero el sistema público sanitario y educativo seguirá degradándose por falta de inversiones. ¿Por qué les votan entonces quienes van a salir perjudicados? Ya se respondió antes a esta inquietante cuestión.

 

Profesor de Investigación en el IFS- CSIC (GI TcP) e Historiador de las ideas Morales y Políticas. INconRES (PID2020-117219GB-I00) / RESPONTRUST (SGL2104001) / ON-TRUST CM (2019HUM5699) y PRECARITYLAB (PID2019-105803GB-I0)

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