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Sin autoridad para combatir la adicción


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Se define una adicción como una actitud o conducta generada como consecuencia de una dependencia. La adicción es el abuso habitual, independientemente de la voluntad, de una sustancia o actividad, con resultado de dependencia. El incremento tan importante en el uso de internet los últimos años ha conducido en determinados casos a un uso “patológico” del mismo, que se ha catalogado como adicción a internet y a las nuevas tecnologías como teléfonos móviles, videojuegos, etc. También se conoce como trastorno adictivo a internet.

El uso patológico de internet y de otras nuevas tecnologías puede afectar a cualquier persona, pero se ve con preocupación cómo afecta cada día con mayor frecuencia a jóvenes de ambos sexos hasta el punto que se les ha denominado generación “net”. Los chicos usan más el “chat” y los videojuegos que las chicas, aunque estas escuchan más la radio y dedican más tiempo a grabar la música que luego escucharán o intercambiarán.

¿A quién afecta especialmente?

Los jóvenes occidentales de 15 a 24 años, según un informe de la Comisión Europea de 2001. Usan regularmente la informática en casi la mitad de su tiempo libre. El teléfono móvil –el próximo artículo trataremos esta adicción ampliamente- es la nueva tecnología más usada, ya que se utiliza por 9 de cada 10 jóvenes. El uso del correo electrónico aumenta con la edad aunque, el uso de videojuegos se reduce también con la edad. El “chat” es la forma más habitual o incluso preferida de comunicación de numerosos adolescentes y jóvenes.

Formas adictivas

Existen varias formas de adicción a internet según el tipo de abuso realizado entre los más frecuentes se encuentran: cibersexo, foros de debate, juegos por internet, búsqueda patológica de información. Especialmente se han encontrado indicios y se han desarrollado estudios que muestran que los juegos en línea han sido los grandes potenciadores de la adicción. El problema es que las modalidades de estos juegos online no tienen fin y siempre es posible añadir nuevos niveles y retar al jugador con nuevas pruebas. Además, existe un componente competitivo con otros jugadores que hace que el tiempo frente a la pantalla se prolongue hasta conseguir ser el número uno. Pese a ello, nada es suficiente para los adictos.

Por otra parte, el origen de la adicción puede tener su causa en problemas familiares, síntomas de depresión y necesidad de recibir reconocimiento. Es habitual que los adictos vean en este tipo de juegos la evasión de la realidad que necesitan y las recompensas o motivación que buscan.

Otro grupo estaría integrado por los llamados “hakers” o piratas informativos catalogados como una tribu moderna o grupo marginal. Estas personas generalmente jóvenes con grandes conocimientos informáticos, a menudo autodidactas, han creado nuevos rituales, nuevos lenguajes y ritmos especiales que inducen a la adicción.

Los jóvenes dependientes de internet y de las nuevas tecnologías generalmente dedican un excesivo tiempo a estas actividades en claro detrimento de otras como los estudios o el trabajo, el descanso y el sueño, la lectura de libros, ver la televisión, pasear o simplemente charlar con familiares o amigos, con el consiguiente empobrecimiento de las relaciones sociales.

El tiempo dedicado a estas actividades, los motivos de uso son dos variables que ilustran eficazmente sobre el grado de dependencia y necesidad preferente de estas nuevas tecnologías. Son jóvenes grandes consumidores de todo producto tecnológico virtual, donde el consumismo constata más en la estética y en la moda que en el uso necesario del producto en sí, generándose una cierta avidez o deseo de comprar siempre lo más nuevo, potente y sofisticado del mercado, independientemente de la necesidad real y de su uso.

Por el excesivo tiempo que pasan estas personas delante de la pantalla del ordenador, pueden surgir problemas como irritación de los ojos, dolor de cabeza, dolor de espalda. Asimismo puede aparecer sedentarismo y aumento de peso, incluso obesidad, falta de productividad en otros ámbitos, irritabilidad, trastornos del sueño, etc. Se ha observado en estos jóvenes, una reducción de la capacidad de expresión, principalmente en el lenguaje escrito y tendencia al aislamiento y la soledad.

Se ha constatado también que un uso problemático de internet puede asociarse con trastornos psiquiátricos, como un trastorno en el control de los impulsos, comportamientos obsesivos, comportamientos sociales disfuncionales e incluso una enfermedad psiquiátrica llamada trastorno bipolar o trastorno maníaco-depresivo.

Ciertamente por la misma razón que se intenta saber qué hacen los hijos en el colegio, escuela y demás, con qué amigos se relacionan y qué hacen fuera de casa o qué actividades o deberes deben realizar en casa, es necesario preocuparse por los sitios de internet que visita, las personas con las que se comunica a través de la red o el grado de conocimiento que posee. Por más que se informa, las familias repiten el mismo esquema.

La negociación con ellos debe convertirse en una estrategia válida para que entre todos se pueda hacer un uso racional de las tecnologías. La preocupación es grande para pediatras y organizaciones educativas. Algunos consejos son: No permitir que el joven navegue solo en internet en casa, si es posible debemos ayudar o vigilar. Evitar poner el ordenador en su cuarto, ubicando la pantalla en algún lugar que esté visible. Se debería saber manejar el ordenador al menos al nivel del joven, igualmente con las aplicaciones móviles, rastreos, etcétera. Utilizar todos los sistemas de protección disponibles para evitar el acceso a sitios no permitidos. Muchos se enganchan a la ludopatía y otros vicios inesperados para los padres.

Algunos se convierten, por ejemplo, haters, sin que los padres ni siquiera lo lleguen a sospechar. Consensuar el uso, evitar que tengan cuenta de correo electrónico sin estar tutelado por un adulto, pero estas “recomendaciones” todos las sabemos y sin embargo, el problema va a más. La autoridad de los adultos de la familia pierde su efectividad ante la imposibilidad de seguir “negociando” con un adolescente que va haciéndose mayor, va creciendo, creando su espacio…ahí tenemos al adicto, casi imposible de rescatar.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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