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La guerra no puede ser confiada a los militares


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Aunque no cabe duda (Waltz, 2015) de que la naturaleza humana desempeña un papel en la creación de la guerra, no puede explicar por sí misma tanto la guerra como la paz, salvo por la simple observación de que unas veces lucha y otras no.

La guerra es un tema filosófico de primer orden porque plantea cuestiones importantes sobre la naturaleza humana, las relaciones intersubjetivas, e implica a muchas ramas de la filosofía (metafísica, epistemología, filosofía política, filosofía ética, etc.). La filosofía de la guerra (polemología en términos académicos) se ocupa de todos los aspectos de los conflictos institucionales y trata de responder a las siguientes preguntas principales: ¿Qué es la guerra? Lo que se quiera que sea, si está en manos de militares siempre saldremos perdiendo, porque son ellos quienes la hacen, la ejecutan y viven de ello. Es así. Pero…

¿Cuáles son las causas de la guerra? ¿Cuál es la relación entre la naturaleza humana y la guerra? ¿Hay guerras justas? Para definir la esencia de la guerra, es necesario determinar quién puede hacerla. La mayoría de las definiciones relacionan el Estado con la guerra: dos individuos que se oponen no están en guerra. Sobre las causas de la guerra, los filósofos de la libertad se oponen a los teóricos del determinismo. La siguiente pregunta es: ¿la guerra es consustancial a la naturaleza humana? ¿Elige el hombre la guerra o está inscrita en sus genes, en su cultura, en su razón?

Los filósofos siguen planteando la cuestión de la moralidad de la guerra. Desde Platón, algunos filósofos han pensado en casos límite en los que la guerra es aceptable, mientras que otros piensan que la guerra es siempre la peor solución, el mal absoluto. Cicerón definió la guerra general como "una afirmación por la fuerza"; Grocio añadió que "la guerra es el estado de fuerzas en competencia". Para Diderot, la guerra es "una enfermedad convulsiva y violenta del cuerpo político" y para Clausewitz "la guerra es la continuación de la política por otros medios".

Más recientemente, el politólogo Webster ha definido la guerra como un conflicto armado hostil entre estados o naciones. Esta concepción político-racionalista de la guerra presupone que ésta se declara explícitamente y tiene lugar sólo entre Estados. Rousseau dijo en su momento: La guerra está constituida por una relación entre cosas, no entre personas. La guerra es entonces una relación, no entre hombre y hombre, sino entre Estado y Estado" (Sobre el Contrato Social). Esta definición, sin embargo, no tiene en cuenta las guerras preestatales o las guerras entre un Estado y un grupo terrorista, por ejemplo.

La otra definición de la guerra es que es un fenómeno omnipresente del universo. En consecuencia, las guerras entre Estados son meras manifestaciones de un telos, un movimiento universal. Así, Heráclito afirma que "la guerra es el padre de todas las cosas". Del mismo modo, Hegel ve la guerra como el juego de la dialéctica y Voltaire la veía así: Todos los animales están perpetuamente en guerra entre sí.

Ni causas

Dos postulados filosóficos chocan en la cuestión de las causas de la guerra: el determinismo y el libre albedrío. Si el universo es impulsado por la guerra, entonces los hombres son sólo juguetes de una voluntad ciega que los trasciende. De ello se deduce que el hombre no es responsable de sus actos y, por tanto, no es responsable de la guerra. Los filósofos de la libertad hacen hincapié en la libertad del ser humano, ya que la guerra es producto de su elección, de la que, por tanto, es totalmente responsable. La guerra se considera entonces desde tres ángulos: como producto : biológico, cultural e intelectual.

Algunos filósofos afirman que el hombre es agresivo por naturaleza y que esta tendencia explicaría una propensión natural a la violencia. Pero Dawkins, por ejemplo, afirma que la evolución eliminará esta tendencia del hombre, mediante un proceso de autodomesticación.

Los culturalistas tratan de explicar por qué ciertas instituciones culturales son responsables de la guerra. Por último, los racionalistas insisten en el poder de la razón humana y, en consecuencia, proclaman que la guerra es un producto de la razón (o de la falta de ella). Los racionalistas apelan a la razón del hombre para salvarlo de la guerra: la teoría de Hobbes es interesante desde este punto de vista: si el estado de naturaleza es un estado de guerra, los hombres pueden salir de él gracias a la institución de un estado racional, que se encargará de ejercer la violencia en su nombre. Las respuestas a todas estas preguntas conducen a cuestiones éticas y políticas más específicas y aplicadas. En general, la filosofía de la guerra es compleja y requiere una reflexión coherente para articularse a través de los campos de la metafísica, la epistemología, la filosofía de la mente, ¿Es la guerra moralmente justificable?

La teoría de la guerra justa evalúa moralmente las motivaciones de las declaraciones de guerra (defensivas o agresivas). Los pacifistas absolutos niegan todo valor a la guerra (Kant), mientras que los pacifistas moderados admiten la guerra defensiva como último recurso. Chirac afirmó, por ejemplo: "La guerra es siempre la peor solución". Maquiavelo dijo: "Una guerra es justa cuando es necesaria". Santo Tomás va más allá y dice que una guerra "es justa si su causa es justa y persigue el Bien Común". Por ejemplo, ¿puede considerarse legítimamente moral la guerra en la guerra, a la defensiva? La mayoría de los filósofos realistas responden que sí.

Por último, los tratados internacionales (por ejemplo, la Convención de Ginebra) se encargan de introducir normas para la guerra (civiles, prohibición de la tortura, tregua y alto el fuego, armisticio, etc.), lo que demuestra que la guerra, si sigue siendo inmoral, puede llegar a ser éticamente admisible. Personalmente no creo en ello tal y como podemos vivirlo en la actualidad.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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