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Esperando a Sumar


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

El lema electoral Sumar ha sido recibido con expectación por amplios sectores demócratas de la población española. Lanzado al éter y registrado como plataforma política el verano pasado por Yolanda Díaz (Fene, A Coruña, 1971) parece dirigido hacia las capas trabajadoras y medias de España. Las mismas capas que, sintonizando con la democracia, se sienten preocupadas por su acoso, recelan de instituciones como la judicatura, y sienten y comprenden la necesidad de alterar la relación de fuerzas entre las clases mayoritarias y los grupos de poder que pugnan por poner el Estado a su servicio privado y no al servicio de la sociedad en su conjunto.

El propósito político de Sumar, según Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo del Gobierno de Coalición PSOE-Unidas Podemos, parece ser el de vertebrar el voto disperso de los demócratas de izquierda, de centro o incluso de derecha moderada, en una coalición cívica de amplio espectro desde la cual innovar la política y la democracia españolas en clave social. Y hacerlo desde la conciencia de una cualificación unificadora del pluripartidismo que, tras sus primeros y exitosos despliegues y su anuncio del fin del ciclo bipartidista en España a partir de 2015, ha vagado por la escena electoral perdiendo ascendiente y empuje en las urnas.

Figura central de este proceso preludiado por el lema operacional matemático es Yolanda Díaz Pérez, de 51 años, licenciada en Derecho, casada y con experiencia de décadas en la vida municipal, partidista y regional de Galicia, fogueada social y políticamente en la defensa de [email protected] [email protected] como abogada laboralista. Sus convicciones son igualitarias, léase comunistas, feministas y ecologistas. De trato afable, capaz de otorgar más peso a la escucha que al discurso, su valoración social supera hoy la de los demás líderes políticos españoles. Sus relaciones con los distintos nacionalismos son fluidas y su imagen, de serenidad y eficacia, procura un efecto balsámico en la electrizada escena política española. En la bóveda de sus convicciones se percibe que figura la idea de la redistribución de la riqueza –y del poder- en términos democráticos así como una feminización de la cultura y de la actividad política.

Una propuesta organizativa

La expectación en torno a Sumar se ve acompañada por dudas razonables de los sectores sociales que saludan su salida a la superficie, salida que consideran necesaria y esperanzadora. Pero, al mismo tiempo, ven con preocupación la demora en el surgimiento de una propuesta organizativa propia de Sumar. Y ello porque en la cultura democrática española, más acentuadamente en la de la izquierda, la organización equivale a la vida. El sentir general es que le va quedando poco tiempo para vertebrar un armazón orgánico, de personas, grupos, partidos e ideas, un programa, con el cual acudir pertrechados a las urnas en las próximas convocatorias, municipales, autonómicas y generales. Asimismo, cuanto más se demore su propuesta, más tiempo tendrán los de siempre, heraldos de la reacción y la desdicha, para guisar la pócima tóxica con la que acabar con ella.

Si bien y a grandes rasgos, los partidos políticos muestran erosiones por doquier, destacadamente las derivadas de la verticalidad y de prácticas personalistas débilmente democráticas, desdeñar el potencial organizativo y estructural del que siguen contando los partidos para poder trenzar los mimbres básicos de cualquier plataforma electoral o política se convierte en un error que ha mostrado efectos tan adversos para la izquierda como implacables.

Todo parece indicar que Sumar, antes de formular su esperada propuesta organizativa, quiere cosechar un alto valor de uso, es decir manojo de decisiones con logros económicos y sociales tangibles y palpables que, convenientemente transformados, por acumulación, en valor de cambio, prestigien y legitimen su plataforma política-electoral ante las urnas. Pero también, se propone que sirvan para ampliar esa legitimación de nuevo cuño a la política, la izquierda y la democracia española en su conjunto, tan dañadas por las crisis económicas globales y por los efectos de la guerra, así como por la deriva autoritaria de la fracción hegemónica de la peor derecha y de los dirigentes centristas hoy tan desnortados.

Es, precisamente, el rescate del centrismo en clave democrática una de las metas más anheladas de las gentes que acompañan a Yolanda Díaz en esta iniciativa. Y ello habida cuenta del desastre político que, en su día, implicó el escoramiento del principal partido centrista del país hacia posiciones de la derecha más reaccionaria. Desde luego, Sumar se enraíza hondamente en los sindicatos mayoritarios, UGT y Comisiones Obreras, en los cuales reside el presumible y prioritario vivero inicial de sus votantes.

La máxima figura de Sumar, Yolanda Díaz, se ha comprometido en la acreditación de la política de izquierda mediante la toma de decisiones políticas gubernamentales de amplia proyección social. Así, tal propósito ya ha dado sus frutos en la protección de las mayorías frente a la crisis, como el alza el salario mínimo, la extensión del ingreso mínimo vital, el fortalecimiento de las políticas feministas, la recuperación de la negociación colectiva con los poderes reales y, por sobre todas las demás conquistas, el restablecimiento de derechos laborales, perdidos por [email protected] [email protected] tras la contrarreforma del PP y recobrados ahora merced a decisiones del Gobierno de coalición.

En el seno del Ejecutivo, Yolanda Díaz es vista como expresión del principal empuje hacia metas sociales de izquierda de las que Pedro Sánchez participa o no pone inconveniente en asumir. Y, pese a algunas reservas de [email protected] de sus [email protected], no se opone porque, o bien sintonizan o bien forman parte del ideario socialista y socialdemócrata, aparcado u olvidado por distintas razones –y sinrazones– en los primeros Gobiernos del partido de la rosa.

Sumar sin restar

Otra característica atribuida al proyecto Sumar es la fijación de la mujer que lo lidera por no restar fuerza electoral al Partido Socialista Obrero Español sino, más bien, fortalecerlo, pertrechando el espacio ideo-político que queda a su izquierda. La pérdida de un solo voto por parte de los socialistas perjudicaría a la nueva plataforma de la izquierda.

Hay una particularidad muy singular en la trayectoria de Yolanda Díaz. Aparte de la amabilidad en las formas, como divisa en sus relaciones políticas –amabilidad tan gratamente percibida frente a la confrontación basada en el No sempiterno del olvidable Pablo Casado y corifeos- Díaz no busca el enfrentamiento abierto con el PP –al que siempre brinda datos elegantemente razonados. En otro orden de cosas, ella tampoco se enfrenta a quemarropa con su socio de Gobierno Pedro Sánchez ni con los sectores socialistas que con él se alinean. Por el contrario, desde el seno del Gobierno, más precisamente desde la Vicepresidencia Segunda y la cartera de Trabajo y Economía Social, que ella desempeña, despliega la persuasión y mantiene como axioma, desde Unidas Podemos, la necesaria unidad de acción con el PSOE. Y ello pese a las diferencias ideológicas que distinguen sus preferencias.

Sentido de Estado compartido

En esta prudente contención mostrada por Yolanda Díaz y combinada con la audacia de encarar los problemas que preocupan a la mayoría social, como ha hecho al restablecer el diálogo con la patronal, parece residir su popularidad. Pero más relevante aún es que tal actitud permite comprobar que cuenta con la sensatez necesaria para adquirir un sentido de Estado que ya aporta a la política española la experiencia del Partido Socialista y la de Pedro Sánchez. Tan deseable sintonía dota a su tándem gubernamental de un potencial evidente, capaz de afrontar como ya hemos visto numerosos retos de la envergadura de la pandemia, los desastres naturales, los efectos económicos de la guerra en Ucrania o el amparo de Europa a las medidas para combatir las crisis. Y esto merced a una cultura política compartida que, si prosiguen en gestionar mutua y eficazmente sin abismarse en inútiles peleas, podrá permitir al PSOE-UP reeditar, pese a tanto pronóstico en contra, la coalición gubernamental hoy en escena. Y acometer además tantos otros desafíos como los que emergen en el horizonte continental europeo, donde el crédito estatal de España como socio fiable, al decir de la presidenta Úrsula von der Layen, es considerado hoy un valor seguro.

Culminada la fase inicial de adanismo, Podemos, coaligado con la experimentada Izquierda Unida, una vez pasado ambas por el cedazo del Gobierno y tras asomarse al mirador desde el cual se vislumbran las entrañas del Estado, la izquierda más joven, que UP y Sumar encarnan, está en condiciones de proporcionar a España savia democrática nueva, complementaria de la experimentada savia estatal socialista. Con ambas y con alianzas bien trenzadas con los sectores más coherentes del nacionalismo, podrá verse garantizado un futuro prometedor de prosperidad justa y democrática para [email protected], por el que tantas generaciones lucharon con tanto ahínco durante décadas.

Redistribuir la riqueza

Quienes, por considerar que no hay dinero para acometer las promesas económicas anunciadas, dudan de su viabilidad, han de tener en cuenta las ya conseguidas hasta ahora y no olvidar que el volumen de la riqueza existente en España, tan desigualmente repartida, lo permite. Y exige una redistribución sensata, que haga justicia a quienes con su trabajo y su esfuerzo, desde las fábricas al campo, los hogares, los barrios, las aulas y el funcionariado, generan y recrecen la riqueza cada día, protegiendo asimismo a los excluíos. Una vez lograda esta meta, las justas causas que afectan a minorías escarnecidas por la marginación, el desdén o el odio, podrán ser defendidas y conquistadas con mayor vigor y eficacia. La mejora de las condiciones básicas de la existencia de [email protected] es la clave de bóveda para avanzar en la conquista de nuevos espacios de libertad y bienestar, dado el potencial transformador que a las mayorías sociales, en alianza con las minorías también democráticas, pertenece. La transversalidad como ámbito de acción es percibida ya como la mejor garantía para asegurar la diversidad social, ideológica y política que a [email protected] nos enriquece.

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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