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Los celos, cuestión ilegítima


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

“Traspasado el corazón por el agudo puñal de los celos, intranquilo en todas partes, loco y como huyendo de mí mismo, me fuí no sé á dónde para olvidar á mi amada perdida, causa de mi dolor, y de mis celos, y de mi inquietud siempre despiertos”.

Pág. 184. 1872, Augusto Ferrán, “Una inspiración alemana” :La España Moderna (Madrid), 1890

El imaginario colectivo tiende a pensar que los celos son un sentimiento ligado al amor. Esto significa que es una señal de la intensidad de nuestro apego a la otra persona, nuestro miedo a perderla. ¿Porqué si los amigos de nuestra novia o mujer son feos nos importa menos que si son muy atractivos y más jóvenes? ¿Porqué si las amigas de mi novio son feitas y gorditas no nos importa tanto que salga a cenar con ellas? Por el contrario, si las amigas de mi novio son pibones, vienen los celos o el sentimiento de: “me van a robar el novio de una y yo aquí en casa como una pringada”. La persona celosa quiere que alguien o algo en su interior muera. Sin embargo, en el imaginario colectivo, los celos siguen estando estrechamente ligados al amor. Tanto es así que todavía leemos en la prensa "La mata por amor", cuando no es el amor lo que mata, sino la brutalidad, la locura y la frustración. Terrible, a mi modo de ver, pero cada vez más común entre jóvenes. Los mensajes reggaetonero, bachateros, salseros o de cantautores (Sabina sin ir más lejos) van creando todo tipo de sentimientos -me refiero en concreto a los jóvenes- que en realidad no están conectados con la realidad, sino más bien, con la representación que uno mismo hace de la realidad.

En ocasiones, los celos son a menudo el resultado de la falta de confianza en uno mismo o en los demás, pero no un signo de amor. Los celos del amor no correspondido son probablemente la forma más romántica de los celos. Estos celos están motivados por la creencia de que la persona que amas está enamorada de otra. Este último es envidiado por la importancia que tiene en el corazón de la persona que ama, en secreto o no. El amante tiene celos de la tercera persona por ser un privilegiado al no haber podido tener una historia con la persona amada. Los celos ilusorios son la forma más común de celos. Es la sospecha de un amor o interés infundado entre la persona amada y otra persona. Esta persona es real pero también a menudo imaginaria. La persona celosa construye todo tipo de escenarios o posibilidades basadas en el miedo a ser traicionado por su pareja con otra persona. La persona celosa se ve entonces consumida por su imaginación y sus dudas, que siguen creciendo. Los celos de comparación son un sentimiento que surge cuando los dos protagonistas son muy diferentes en un punto considerado sensible o importante por uno de ellos. Las parejas que más a menudo son víctimas de este tipo de celos: una pareja con una gran diferencia de edad, de belleza, de nivel intelectual, de intereses "incompatibles"... Los celos de comparación se traducen en la aprensión de que el otro se aleje de la pareja por alguien más parecido a él en este punto sensible. Esta tercera persona es considerada mucho más "simpática" (más bella, más joven, más educada, etc.) por la persona celosa.

Los celos de abandono son causados por la pérdida de un amante que ha dejado al otro para irse con otro. La ruptura se justificó por los nuevos sentimientos hacia un tercero. El sentimiento de abandono se mezcla así con el de posesividad, porque se sigue queriendo a la persona amada a pesar de la separación. Por lo tanto, es en la tercera persona donde se trasladan los sentimientos negativos, provocados por los celos. Esta es, sin duda, la forma más peligrosa de celos, que hay que detener rápidamente para reconstruir. Los celos inducidos provienen del comportamiento de ciertas parejas seductoras. La persona amada quiere sentir que su poder de seducción aún existe. Así, mantiene conscientemente la ambigüedad sobre sus sentimientos o sobre la existencia de su relación, lo que le permite coquetear sin ningún fin. Juega con su encanto y la vaguedad de su hipotético celibato para mantenerse en una relación seductora durante algún tiempo. Aunque no llegue necesariamente a la traición, su comportamiento inspira constantemente la duda y la preocupación de que actúe en consecuencia. Esta actitud genera sentimientos de celos por parte de la pareja.

En definitiva, depende principalmente de cómo entendemos y vivimos los celos en la relación amorosa. Los celos son un sentimiento que revela nuestra personalidad más profunda y nuestra forma de ser. En este sentido, los celos pueden ser constructivos, siempre que percibamos las razones por las que estamos celosos: es la señal que nos permite trabajar sobre nosotros mismos, hacer introspección, tomando conciencia de las dificultades que nos impiden construir una relación serena, sana con la otra persona o con nosotros mismos, y afrontarlas.

Dejo por aquí esta cita curiosa de 1925 de una publicación doblemente curiosa:

“Los bestias, se pelean por la hembra, se destrozan, se muerden, y el vencedor se la adjudica como premio de su triunfo. Pero ella, permanece al márgen de la lucha. Cabe afirmar que los celos, vengados en la mujer propia, son una consecuencia del concepto del honor. Pero ¿aún existe ese honor? Shakespeare, al escribir su Otelo, tuvo buen cuidado de hacerlo negro y extranjero, porque la sociedad de su tiempo, no hubiera comprendido que anidase una pasión tan baja en el pecho o en el sexo de un ciudadano inglés. Los celos, que no son más que el despecho sexual, no pueden tener importancia más que en los países donde el desquite es difícil. En los sitios donde es fácil, la gente sabe muy bien, que a veces -muchas veces-, el roce de dos manos, o de dos miradas, tiene mas importancia que el contacto generativo.”

1925, AUTOR: Comenge, José Luis, TÍTULO: “El mayor monstruo, los celos”. Sexualidad. Revista ilustrada de divulgación científica de higiene social. Número 18.Problemática social.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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