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El verano en que sobrevivimos entre catástrofes y profetas del apocalipsis


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)
Ilustración de Fito Vázquez. Ilustración de Fito Vázquez.

'El rostro del ángel de la historia está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de hechos, él ve una catástrofe única que no cesa de amontonar escombros'.

W. Benjamín.

El rostro del ángel de la política en la sociedad de las catastrofes, en cualquier dirección a la que dirija su mirada, se encuentra con escombros amontonados y cuando no con profetas que amenazan con realidades alternativas de ruina y furia.

Así, de la sociedad del riesgo hemos pasado, casi sin habernos dado cuenta, a la sociedad de las catástrofes. Un rosario de catástrofes y calamidades como la pandemia de la covid19, el volcán de La Palma y la tormenta Filomena o las consecuencias inflacionistas de la guerra de Ucrania y ahora a los incendios explosivos como parte de los graves efectos de la emergencia climática.

En el trasfondo de todo ello, avanza la catástrofe silenciosa del delirio del populismo en la política, en las instituciones y en la sociedad civil que busca su propio relato, aprovechando las actuales circunstancias, para diseñar la realidad alternativa entre el negacionismo y el catastrofismo.

Una respuesta simple y un enemigo cercano ante la complejidad y la situación de incertidumbre. Una de las consecuencias de la guerra es la escalada imparable de la inflación, que devalúa las rentas de los trabajadores y los sectores medios sembrando el malestar social. A pesar de todo se consolidan los datos de crecimiento y de empleo que siguen mejorando mes a mes en volumen y en calidad, al tiempo que la presidenta de la Comisión Europea felicita a España por su éxito en la consecución del segundo paquete multimillonario del fondo de recuperación y resiliencia, cuestionando con ello el discurso negacionista de los datos y el catastrofismo de la oposición conservadora y sus medios afines en base a una realidad paralela. No es de extrañar que los ciudadanos se sientan atrapados, unos la mayoría social entre la inseguridad y la resignación y otros la minoría influyente entre el agravio y el resentimiento.

Todo empezó con la pandemia y sus dramáticas consecuencias sanitarias socioeconómicas y también culturales: El incremento de la mortalidad y el descenso en la esperanza de vida, el síndrome post covid que se suma a las enfermedades crónicas, así como al aumento de la incidencia de los trastornos mentales como la ansiedad y la depresión.

Por otra parte, a pesar de las medidas de protección, aumentan la pobreza y las desigualdades y en lo cultural la sensación de desconfianza y de vulnerabilidad como consecuencia de las medidas de confinamiento y distanciamiento social. En un segundo plano han quedado ya la empatía y la solidaridad.

La incertidumbre ha continuado luego con la escalada de la inflación como producto de la guerra que deteriora las condiciones de vida y en especial la de los trabajadores y de las rentas más bajas. Una inflación que no es de demanda ni de consumo, sino debido a las consecuencias del estrangulamiento de las fuentes energéticas por efecto de la guerra. La reciente respuesta de la UE ha sido una subida de los tipos de interés, algo que también corre el riesgo de provocar una recesión. Por lo pronto, plantea problemas para las hipotecas, la deuda y para la recuperación económica. Como compensación el Banco Central Europeo ha establecido un mecanismo de antifragmentación para evitar la escalada de la prima de riesgo, todo ello a cambio de reglas fiscales y de deuda aún por delimitar.

En el mismo sentido, y para hacer frente a la posible escasez del gas ruso, la UE se ha planteado imponer un recorte lineal del gas que ha estado a punto de provocar la ruptura de la dinámica de cooperación y de acuerdos en el seno de la Unión Europea, precisamente en el momento político más delicado. El gobierno español que lo rechazó inicialmente, considerando que no era solidaridad sino austeridad lineal para los que habían hecho un mayor esfuerzo por la transición ecológica en favor de los que entonces no lo hicieron. No hay más que fijarse en las diferencias entre países en el gasto energético y en la parte de las energías limpias por persona.

Finalmente, el recorte del siete por ciento se considera asumible para España con la solidaridad de suministro de gas al norte de Europa y con la aprobación del plan de ahorro y eficiencia energética.

Además, el gobierno ha anunciado que a la vuelta del verano va a proponer a la Unión Europea acabar con la especulación en las tasas por las emisiones de CO2 y establecer un nuevo método para establecer el precio en el mercado mayorista de la electricidad.

A su vez, la mayoría parlamentaria que forma parte del gobierno ha presentado la proposición de ley, comprometida en el debate del estado de la nación, para la subida de impuestos a las compañías eléctricas y energéticas, optando por el sistema más simple de gravar en un caso los beneficios y en otro las operaciones.

Como era de esperar, la banca y las eléctricas han rechazado el nuevo impuesto. Se olvidan que unas y otras han recibido apoyo público, unas con los beneficios caídos del cielo y otras primero con el rescate financiero y ahora han mejorado su rentabilidad recortando veinte mil empleos, buen número de oficinas, precisamente en barrios y en las zonas más despobladas y han incrementado sus comisiones por todo tipo de gestiones en más de un diez por ciento durante el último año. Hablar de un estigma injusto y de impuestos inasumibles por quien los paga, entre otras ingenierías financieras, con cargo a créditos fiscales es una burla.

Se trata de que los más beneficiados por las consecuencias de la guerra contribuyan para financiar los paquetes presupuestarios destinados a proteger a las rentas más bajas.

El gobierno tendrá que defenderlo en los tribunales y que evitar en todo caso su repercusión en los clientes, mediante el estímulo de la competencia, las sanciones previstas y la vigilancia de la comisión de mercados y competencia.

La última calamidad han sido los incendios catastróficos favorecidos por la emergencia climática. Unos incendios en cadena provocados la mayoría por la imprudente mano del hombre y por la falta de previsión de las administraciones durante el resto del año con competencias en materia de prevención.

En este sentido la temática de las reuniones del presidente Sánchez con los tres presidentes del PP de Andalucía, Galicia y Castilla y León ha tratado de los incendios y del sistema de financiación. Los tres pretenden eludir sus responsabilidades en los incendios y sus mutuas diferencias en los criterios a ponderar en el nuevo sistema de financiación. En lo único que coinciden es en la atribución de las responsabilidades al gobierno central. Sin embargo la emergencia climática no espera y la Asamblea General de la ONU ha otorgado el derecho al medio ambiente sano el carácter de derecho humano universal. Y todavía habrá quienes desde el nacional populismo lo pongan en duda y lo atribuyan a la agenda 2030 y de los poderes globales ocultos de los plutócratas y de los organismos internacionales.

En cuanto al populismo institucional, la ofensiva de la judicialización conservadora de la política avanza en los últimos tiempos fuera y dentro de España, de manera que la responsabilidad in vigilando tiene distinto trato político o penal según sea el color del gobierno. Unos, los adversarios de la izquierda, son autores intelectuales y otros, los propios de las derechas, solo indican líneas de trabajo sin ninguna responsabilidad. Así, la sentencia de los EREs supone para unos el mayor agravio a la autonomía del parlamento y para otros el mayor caso de corrupción en España. El juez García Castellón sigue con sus investigaciones preventivas sobre Podemos, y con ello crece la polarización y el desprestigio provocado por la judicialización de la política.

Por eso el gobierno de España y la Generalitat optan por el diálogo para evitar la fractura social derivada de la lengua y para evitar la judicialización de la política.

Finalmente, Macarena Olona se va y la ultraderecha pierde su batalla por hacerse imprescindible en el área de gobierno.

En definitiva, las catástrofes y la inflación van carcomiendo la confianza en el gobierno. Los ruidos en la coalición y en la mayoría parlamentaria tampoco ayudan.

Mientras tanto, la derecha cultiva catástrofes y señala a Sánchez como culpable. El gobierno por contra señala a la minoría de los poderosos y espera que las medidas funcionen y que el rosario de catástrofes nos dé un respiro.

Se trata de pasar de la confianza, propia de la sociedad del riesgo, a la comprensión del reducido margen que le queda a la política ante la sociedad de las catástrofes. No será tarea fácil.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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