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El sesgo cognitivo del partidista o partisano no resiste la fuerte realidad que vivimos


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Un sesgo cognitivo es una interpretación errónea sistemática de la información disponible que ejerce influencia en la manera de procesar los pensamientos, emitir juicios y tomar decisiones. El concepto de sesgo cognitivo fue introducido por los psicólogos israelíes Kahneman y Tversky en 1972. Cada segundo nuestro cerebro ejecuta millones de procesos mentales. La probabilidad de que algún sesgo cognitivo influya en tu comportamiento es alta, y por cierto, ocurre con toda naturalidad. Es fácil que las personas actúen movidas por sesgos ocultos cuyo efecto puede llegar a sorprenderles. Lo vemos cada día con las preferencias en política o nuestra afiliación a uno u otro partido sin saber por qué.

La cuestión de si la proximidad a un partido político permite emitir juicios más objetivos o conduce a distorsiones en la relación con la información, ha sido durante mucho tiempo una preocupación de las ciencias sociales. Numerosos estudios han demostrado que los individuos interpretan la información a la que están expuestos en función de sus compromisos partidistas. Este conjunto de sesgos cognitivos se conoce como sesgo partidista, partisano o razonamiento partidista motivado, que consiste en buscar información que confirme nuestras opiniones políticas, contradecir y rechazar la información que las desafía, y considerar más relevantes los argumentos que son coherentes con nuestras convicciones políticas (Taber & Lodge, 2006). Aunque cortocircuita la racionalidad objetiva basada en juicios de hecho, el sesgo partidista satisface, sin embargo, necesidades psicológicas profundas: nos permite producir situaciones que se ajustan a nuestra identidad política o incluso tener un efecto placebo, casi inexplicable. Todo el mundo desarrolla racionalizaciones más o menos fundadas para preservar sus propias creencias ideológicas y mantenerse fiel a los grupos políticos con los que se identifica. Nos identificamos con un partido en concreto al margen de lo que diga o de lo que postule. Algunos estudios han demostrado que el sesgo partidista suele colarse en los medios de comunicación y en la información que transmiten, beneficiando a unos partidos en detrimento de otros, especialmente durante los periodos de campaña electoral.

Factores de sesgo partidista

El sesgo partidista tiene fuertes implicaciones en la acción pública, ya que los individuos se inclinan a aceptar y encontrar efectivas certezas en política simplemente porque están asociadas a los partidos que apoyan; y viceversa. La percepción del estado de la economía es un buen ejemplo: es más probable que los ciudadanos consideren que la economía va bien cuando los partidos a los que han votado están en el poder. La propensión a respetar los gestos de barrera ha proporcionado recientemente otra ilustración del sesgo partidista. Se ha demostrado que, en Estados Unidos, los demócratas son más propensos que los republicanos a pensar que la pandemia del covid-19 fue grave, y debían cumplir con las medidas de distanciamiento físico. Lo mismo sucede ahora con la viruela del mono hoy. (Muchos ya sabían que EEUU compró hace año y medio millones de vacunas de viruela, insólito ¿verdad?) El mecanismo es sencillo: demócratas y republicanos han desarrollado percepciones de la crisis sanitaria y comportamientos de protección coherentes con su creencia partidista en la gestión de la administración Trump (Christensen et al., 2020; Rothgerber et al., 2020). Este mecanismo se vio reforzado por la fuerte politización de la cuestión sanitaria por parte de un presidente que buscaba la reelección. El resultado fue una menor tasa de mortalidad por covid-19 entre los demócratas (Gollwitzer et al., de próxima aparición).

Sin embargo, se sabe que el sesgo partidista no es completamente inmune a la influencia de factores más objetivos. Diversos estudios han constatado que, en épocas de grave crisis económica, ahora energética y de sequía, todos los individuos percibirán que la economía está en mal estado, que el campo se va a pique como siempre, independientemente de su lealtad partidista. Diferente será “lo que hagan a sabiendas de la realidad”.

El mecanismo también es muy sencillo: en un contexto de fuertes turbulencias económicas, los individuos están expuestos a mucha información negativa sobre la situación económica o ecológica -que no hay una sin la otra- lo que dificulta el funcionamiento de los filtros partidistas (De Vries, Hobolt y Tilley, 2018). Con la guerra de Ucrania/Rusia sucede lo mismo, nadie en realidad sabe qué hacer o cómo ordenar en su capacidad cognitiva acontecimientos que no tienen explicación partidista, porque está entremezclada toda la verdad.

En otras palabras, en ciertas circunstancias políticas, económicas o sociales extremas, el sesgo partidista no resiste la prueba de la realidad. A ver qué se hace ahora.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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