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Encrucijada político-preelectoral


(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

Aunque aún queda un año y medio para el final de la XIV Legislatura del actual ciclo democrático español –es decir, poco menos de la mitad–, algunos empiezan a debatir la situación actual con enfoques netamente preelectorales. En realidad, nos encontramos ante una encrucijada político-electoral compleja y abierta que aún no permite aventurar, con un mínimo de seguridad, cómo se orientará la vida política y social española después de las próximas elecciones legislativas. Elecciones que plausiblemente tendrán lugar a finales de 2023, cuando se cumplan cuatro años de las celebradas el 10 de noviembre de 2019, en un semestre en el que le corresponderá a España la Presidencia rotatoria de la Unión Europea.

Correlación de fuerzas políticas

La situación de partida de los principales partidos ante estas futuras elecciones presenta no pocos aspectos abiertos en el verano de 2022. En los espacios de la derecha y el centro derecha, los movimientos tectónicos recientes no se han asentado aún en un escenario estable. De momento, el partido más asentado en la derecha continúa siendo el PP. Sobre todo, después de la práctica desaparición electoral de Ciudadanos; otra experiencia fallida del centro en España: UCD, CDS, UPyD y ahora Ciudadanos. Algo que resulta difícil de entender en un país en el que las potencialidades sociológicas y políticas del centro son muy notables, y en el que una mayoría de la población se autoubica en los amplios espacios del centro, con cierta inflexión hacia el centro izquierda.

Aunque diversos partidos de centro han tenido momentos estelares, como la UCD liderada por Adolfo Suárez, y Ciudadanos en las elecciones de 2015, 2016 y abril de 20191, en las que Albert José Félix Tezanos Director de TEMAS Rivera acarició la idea de sorpassar a un PP muy castigado por los escándalos, al final todos estos partidos han terminado con descalabros notables. Descalabros que tienen explicaciones generalmente relacionadas con una excesiva decantación de sus líderes y sus estrategias hacia la derecha-derecha. Lo cual ha supuesto sucesivos suicidios para partidos que quieran tener una mínima credibilidad de centro. Así que al final sus electorados han acabado interiorizando los argumentarios derechizantes de sus líderes, votando por el partido de derechas que garantiza una mayor rentabilidad práctica de sus votos. En este caso el PP.

A su vez, la tendencia de buena parte del electorado de Vox puede ser la de volver a su redil, de donde procedían. Lo que supone un estímulo indirecto –pero de enorme potencial práctico– para los líderes del PP para endurecer sus discursos críticos –a veces tremendistas– intentando recuperar unos electores que se les fueron en momentos de desconcierto y confusión de liderazgos. Debido a lo cual han procedido a deshacerse de la noche a la mañana de líderes que no acababan de despegar en las encuestas, pese a toda la fanfarria demoscópica que se organizaba desde Génova; y que de pronto todos los poderes del PP negaron u olvidaron como por ensalmo. Lo cual plantea un asunto politológico no menor, como es saber quién manda realmente en el PP y quién o quiénes quitan y ponen líderes con tan notable poderío. Por si no estaban claras las cosas.

Movimientos preparatorios

El balance general de todos estos hechos y movimientos ha sido un toque general a rebato para que todo el voto de la derecha y el centro-derecha se concentre en torno al PP de cara a las elecciones generales de finales de 2023. De forma que los adelantos de convocatorias en Madrid, Castilla y León y Andalucía no han sido otra cosa que estrategias localizadas en territorios favorables –donde ya gobernaba el PP– para afianzar posiciones y demostrar fortalezas que pudieran presentar al PP como una “marca ganadora”, que es en lo que tienen interés determinados poderes fácticos.

La encrucijada preelectoral actual nos sitúa ante un escenario político complejo, aún bastante abierto, en el que no está claro cómo se van a traducir en las urnas y en los escaños las potencialidades reales de las principales fuerzas políticas que operan en España en estos momentos.

Sin embargo, el balance de esta operación de “afianzamiento de marca” no les ha salido tan bien como deseaban. En primer lugar, porque en Madrid han creado un liderazgo alternativo tan potente como disfuncional –Isabel Díaz Ayuso– que no se diferencia prácticamente en nada de Vox y que no duda en aplicar una estrategia de confrontación propia, que no es tan ingenua, caprichosa y espontánea como algunos creen.

La radicalidad de Ayuso y su entorno, ni en el fondo ni en la forma, casa bien con la de otros líderes implicados en estos tanteos. No lo hace con el Presidente electo de Andalucía que exhibe modales diferentes, que le permiten atraer a otros electores, ni con Fernández Mañueco, cuyas ambigüedades y falta de carisma dieron lugar a un crecimiento notable de Vox en Castilla y León – lo contrario de lo que pretendían–, al tiempo que el PSOE se mantenía a solo un punto de distancia del PP, de forma que con apenas 3.000 votos más el PSOE hubiera podido dar la vuelta al resultado electoral. Algo que fue cuidadosamente ocultado en los análisis ulteriores del poder comunicacional; en unos casos intencionadamente y en otros debido a la pobreza analítica en la que han caído algunos medios.

Indeterminaciones preelectorales

De cara a las próximas elecciones generales, el PP tendrá que clarificar si su línea general es la de Ayuso, la de Moreno Bonilla o la de Fernández Mañueco. U otra nueva y más ambigua y diversa a la vez, que pueda acumular y comprender las tres anteriores.

En cualquier caso, la traducción político-electoral de las tendencias y potencialidades de voto que reflejan las encuestas en julio de 2022 no está clara. De momento, después del subidón de Andalucía, los datos indican que el PP ha logrado activar prácticamente a todo su electorado potencial. Lo cual no significa, hoy por hoy, que eso le garantice una futura mayoría suficiente de escaños para formar gobierno. Algo que no va a resultar fácil para la derecha española, sin contar con otros apoyos. Lo cual resulta congruente con la realidad sociológica de un país como España, en el que una mayoría clara del electorado se sitúa en posiciones de izquierda y centro-izquierda, y en el que es muy notable la incidencia de otras variables políticas y culturales, en Cataluña, País Vasco, Valencia, Galicia, etc.; y últimamente también en otros territorios en los que existe una conciencia arraigada de postergación, como Teruel Existe, etc.

Esta complejidad sociológica y politológica explica el enconamiento estratégico en el que han caído determinados poderes comunicacionales y de otra índole, que se han ido deslizando hacia estrategias de colisión, descalificación y barullo hostil, en un intento por crear todo el ruido, la confusión y el descrédito que sea posible, con el propósito de que determinados sectores del electorado se queden en sus casas resignados y pasivos. De forma que así puedan ganar las fuerzas de la derecha que tengan los apoyos sociológicos necesarios. Como ha ocurrido en Andalucía.

La encrucijada de las izquierdas

En el campo de las izquierdas el panorama preelectoral a medio plazo también es complejo, aunque sus bases sociológicas potenciales superan en casi un tercio a las de la derecha.

El principal partido político en este campo continúa siendo, a bastante distancia, el PSOE, que precisamente por esta razón es el objetivo central de las campañas de agresión y descalificación de los poderes fácticos. No solo del PP como tal, con sus caras y sus siglas.

El acoso estratégico anti-PSOE tiene objetivos y propósitos bien definidos: descalificar sistemáticamente –“calumnia, calumnia que algo queda”–, sembrar dudas e incertidumbres entre los electores progresistas, suscitar conflictos y contradicciones en sus filas y entre sus diversos sectores –algo en lo que algunos se muestran bastante duchos–, desprestigiar, llevar al pesimismo y el derrotismo, etc.

Aunque la mayoría de los electores progresistas y de izquierdas no son tontos, ni se dejan manipular fácilmente, no puede negarse que las influencias de una estructura de comunicación tan sesgada como la española está logrando que una parte del electorado del PSOE se sitúe en un punto de arranque preelectoral un tanto distanciado, o incluso pasivo. Lo que se traduce, por ejemplo, en que en las encuestas rigurosas entre aquellos que no se definen electoralmente, en estos momentos en torno al 5%, digan que el PSOE es el partido con el que más simpatizan –aunque no le votarían ahora–, respecto a solo un 1% que refieren lo mismo del PP. Lo cual significa que el electorado del PP, después de Andalucía, está prácticamente movilizado en su totalidad. En tanto que en el PSOE en estos momentos hay un 5% de españoles que simpatizan con él, pero dicen que no le van a votar.

Lo mismo sucede con aquellos que consideran, por ejemplo, que el PSOE es el partido más cercano a sus ideas, que superan en más de cuatro puntos a los que mencionan al PP en este sentido, ocurriendo algo parecido en el caso de Podemos o de Izquierda Unida.

Posiciones y tendencias que también se dan en lo concerniente a los liderazgos, más allá de las puntuaciones medias que se atribuyen a cada uno (condicionadas en las “medias” por las puntuaciones sumamente negativas). Si nos atenemos a los líderes preferidos como posibles Presidentes de Gobierno en las encuestas del CIS, que cualquiera puede consultar en su página web, los que prefieren presidentes de izquierdas (Pedro Sánchez y/o Yolanda Díaz) son cerca del 50% de la población decidida, mientras que los que se decantan por los tres principales líderes de la derecha (Núñez Feijóo, Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso), se quedan en su conjunto en torno a 10 puntos por detrás.

Potencialidades a la izquierda del PSOE

No debe olvidarse que en la práctica las cosas no son solo cuestión de “potencialidad”, sino de traducibilidad práctica concreta. O como diría un hegeliano cursi “hay diferencias entre la potencia y el acto”.

Por eso, en los mapas preelectorales de conjunto hay que calibrar lo que pueda ocurrir en “los espacios políticos a la izquierda del PSOE”. Espacios en los que están teniendo lugar revisiones teóricas, movimientos tácticos y debates es- tratégicos muy intensos.

En este caso, se trata de debates e iniciativas que llevan produciéndose durante el último cuarto de siglo pasado y a lo largo de las primeras décadas de este, cuando bastantes dirigentes y electores de los antiguos partidos comunistas –muchos de ellos ya “eurocomunizados”– intensificaron sus procesos de revisión teórico-práctica en busca de nuevos enfoques e identidades que les permitieran cumplir un papel útil y beneficioso para determinados sectores sociales, en los nuevos tipos de so- ciedades emergentes.

En España habrá que ver de qué manera concurrirán a las próximas elecciones generales los distintos sectores que se aglutinaron en Podemos en los últimos tiempos, agregando los votos y esfuerzos que permitieron que este sector lograra sumar y optimizar sus representaciones electorales. En este sentido, hay que entender que la complejidad sociológica y política que se da a la izquierda del PSOE va a tener no pocas dificultades teóricas y prácticas para lograr las sumas efectivas de votos y escaños que faciliten alcanzar representaciones parlamentarias más acordes con el peso que determinadas ideas y criterios tienen en el conjunto de la sociedad española; y cuya buena resolución no puede negarse que redundaría en la funcionalidad de nuestro sistema político en su conjunto.

1 Hay que recordar que en abril de 2019 el PP tuvo 66 escaños y Ciudadanos 57 (respecto a los 40 de 2015 y 32 de 2016).

José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.

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