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Comunicación social: problemas reales tras la pandemia


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La competencia en comunicación lingüística es el resultado de la acción comunicativa dentro de prácticas sociales determinadas, en las cuales el individuo actúa con otros interlocutores y a través de textos en múltiples modalidades, formatos y soportes. Estas situaciones y prácticas pueden implicar el uso de una o varias lenguas, en diversos ámbitos y de manera individual o colectiva. Para ello el individuo dispone de su repertorio plurilingüe, parcial, pero ajustado a las experiencias comunicativas que experimenta a lo largo de la vida.

Esta visión de la competencia en comunicación lingüística vinculada con prácticas sociales determinadas ofrece una imagen del individuo como agente comunicativo que produce, y no sólo recibe, mensajes a través de las lenguas con distintas finalidades.

El DSM-51 introdujo (2014) un nuevo diagnóstico referido a los problemas o dificultades de comunicación. Es el trastorno de la comunicación social (pragmática).

Este diagnóstico se aplica a las personas que tienen problemas con la comunicación social verbal y no verbal, lo que da lugar a limitaciones en la participación social y el rendimiento académico o laboral, pero que no presentan los comportamientos estereotipados o repetitivos ni los intereses restringidos característicos del trastorno del espectro autista.

Muchas personas que cumplen los criterios de este nuevo trastorno fueron diagnosticadas en el DSM-V como Trastorno Generalizado del Desarrollo No Especificado (PDNOS) o, en menor medida, como Trastorno de Asperger .

Estos son los criterios de diagnóstico del trastorno de comunicación social (traducción de Psychomedia2):

A. Dificultades persistentes en el uso social de la comunicación verbal y no verbal, manifestadas por todas las características siguientes:

Déficit en el uso de la comunicación con fines sociales de forma adecuada al contexto social, como saludar o compartir información.

Capacidad reducida para cambiar la comunicación según el contexto o las necesidades del oyente, como hablar de forma diferente en un aula que en un patio de recreo, hablar de forma diferente a un niño que a un adulto y evitar el uso de un lenguaje demasiado formal.

Dificultades para seguir las reglas de la conversación y la narración, como respetar los turnos en la conversación, reformular cuando no se entiende y saber utilizar las señales verbales y no verbales para regular las interacciones.

Dificultad para comprender lo que no se dice explícitamente (por ejemplo, hacer inferencias) y el significado no literal o ambiguo del lenguaje (por ejemplo, modismos, humor, metáforas, significados múltiples que dependen del contexto para su interpretación).

Los déficits dan lugar a limitaciones funcionales en la comunicación efectiva, la participación social, las relaciones sociales, el rendimiento académico o el rendimiento laboral, individualmente o en combinación. Los síntomas aparecen durante el período de desarrollo temprano (pero los déficits pueden no hacerse totalmente evidentes hasta que las exigencias de la comunicación social superan las capacidades limitadas).

Los síntomas no se deben a otra afección médica o neurológica ni a una capacidad deficiente en las áreas de la estructura de la palabra y la gramática, y no se explican mejor por un trastorno del espectro autista, una discapacidad intelectual (un trastorno del desarrollo intelectual), un retraso global del desarrollo u otro trastorno mental.

Ciertamente, debemos añadir otros factores de índole psicológico o postraumático por ejemplo, en personas que han estado encerradas con la pandemia. El Covid también ha provocado este trastorno -en ocasiones bajo simulacro de cuestión neurológica- a muchos de sus pacientes, los cuales, han visto transformada su vida y sus relaciones entre unas cosas y otras. El temor a no “estar a la altura” de la tecnología, por ejemplo, en personas mayores con edad, pero con profesiones liberales, muy activos política y socialmente, empobrece la captación de la realidad. La progresiva pérdida de audición tanto en niños (otitis crónicas mal diagnosticadas) como en ancianos, ha demostrado que es causa de mayor aislamiento. La no comunicación, la poca práctica de verbalizar sentimientos, ideas, en definitiva, conversar, ha perjudicado enormemente la comunicación verbal y no verbal afectada por los problemas que la sociedad ha recogido en estos tres últimos años.

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1 DSM-5, Manuel diagnostique et statistique des troubles mentaux ("Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders"), publié par l'American Psychiatric Association en mai 2013.

2 http://www.psychomedia.qc.ca/

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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