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Unas meditaciones, probablemente pertinentes, antes de que se apruebe la Ley de Memoria democrática


(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

Por un monte de papel

asoma la luna fría.

¡Oh dolor de la verdad!

¡Oh dolor de la mentira!

Federico García Lorca

Parece que antes de que acabe el presente mes de julio, se aprobará la Ley de Memoria Democrática, que a mi juicio lleva un tiempo excesivo, aparcada. Ya es hora de que vea la luz.

Experimento una sensación de alivio. Esta Ley es un compromiso que busca un futuro estable y seguro para la convivencia en nuestro país. Pretende, además, alzar un muro democrático que conjure las involuciones totalitarias. Que lo consiga o no, depende en buena medida de nosotros.

Traer a la memoria es una invitación expresa a que no olvidemos. Traer a la memoria es, asimismo, revivir un diálogo, un intenso diálogo entre el presente y el pasado. Es fijar nuestra atención sobre lo que fuimos y, asumiendo pasados errores, formular en común el inacabado proyecto de lo que queremos ser.

La memoria no es solo individual. Hay una memoria colectiva, social y cultural que deberíamos comprometernos a preservar entre todos y a defender de las insidias y asechanzas que, desde posiciones totalitarias y antidemocráticas, disparan sobre ella, cotidianamente, balas cubiertas de odio.

Somos, querámoslo o no, lo que en la Italia, tras la segunda Guerra Mundial, dio en llamarse la generación del después. Es una oportunidad que no debemos desaprovechar para salir de este callejón sin escapatoria en el que nos encontramos.

Es más necesario que nunca, plantar cara enérgicamente al silencio y al olvido. En las medidas del tiempo existe un antes y un después, más lo importante, lo determinante es el ahora, porque es el momento de adoptar decisiones que pueden ayudar y mucho, a encarrilar el futuro.

No es tiempo de relojes de arena. La memoria organiza los recuerdos, los fija, reestructura y recompone. La memoria es algo más que el recuerdo. Es la savia nutricia del futuro. La memoria es y, debe seguir siendo, lugar de encuentro y de responsabilidad.

Es necesario y urgente superar y dejar atrás al ‘Departamento de los rencores’, seguro que ustedes conocen perfectamente algunos socios numerarios de esta institución. Su repulsiva misión es seguir retorciendo y prostituyendo… palabras y conceptos.

La situación en nuestro país no es precisamente apacible. Las aguas son más bien turbulentas. Algunos medios de comunicación más que informar procuran irritar y empujar a la confrontación a diario.

En la Europa convulsa que vivimos, el tedio y el vacío existencial, dan lugar a una ‘liquidez’ que debilita las democracias y que nos hace más y más vulnerables.

Pese a todo, debemos continuar –entre otras cosas por la cuenta que nos tiene- apostando por la racionalidad y el espíritu crítico que son las dos características que han presidido los momentos más brillantes de la historia del viejo continente.

La Ley de Memoria Democrática va a corregir determinados flecos de la Ley de Memoria Histórica, elaborada y promulgada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero en 2007; pretende, asimismo, introducir determinados avances que harán de la nueva Ley un instrumento útil para rendir un merecido tributo a la memoria y a todos los que han venido pidiendo, insistentemente durante años, reparación y justicia.

Hay aspectos de nuestra historia reciente marcadamente violentos, vengativos, crueles y sanguinarios que no deben volver a repetirse bajo ningún concepto. Finalizada la Guerra Civil, la represión fue brutal, inmisericorde y ni tan siquiera el humor se vió libre de una venganza planificada. Todo esto no debe caer en el olvido.

Voy a describir un hecho injusto, brutal y desprovisto de toda lógica que he extraído de las página de Todo lo carga el diablo, novela de Benjamin Prado. En este libro de la saga de Juan Urbano, nos narra que finalizada la contienda, al director, Vicent Miguel Carceller y al dibujante, Carlos Gómez Carrera, de la revista humorística La traca (que se venía editando en la Comunidad Valenciana desde 1884, con una tirada de más de medio millón de ejemplares) se les juzgó en un Consejo de Guerra sumarísimo y fueron condenados a muerte.

La sentencia se cumplió semanas después contra los muros del cementerio de Paterna. ¿Qué delito habían cometido? Publicar diversas viñetas en que aparecía caricaturizado el jefe de los golpistas. Probablemente, sea oportuno reproducir un párrafo de la sentencia dictada por un tribunal militar. Se les acusó de ’dedicarse de la manera más baja, soez y grosera a insultar a las más altas personalidades representativas de la España Nacional’ y ya puestos, a menospreciar la dignidad de la Iglesia y de los principios fundamentales del Glorioso Movimiento Salvador de Nuestra Patria.

Quiero suponer que los lectores no darán crédito a lo que acaban de leer, aunque por desgracia, acusaciones de este jaez, se repetían cientos, miles de veces y llevaban al paredón a centenares de republicanos por el solo delito de haberlo sido. El motivo esencial de las condenas era el de ’adhesión a la rebelión’. Poco o muy poco importaba, que quienes se sublevaron contra el orden constitucional establecido fueron los militares golpistas.

La andadura de la Ley de Memoria Histórica, ha sufrido innumerables zancadillas por parte de los sectores más reaccionarios e inmovilistas de la derecha, que han procurado en los momentos en que han gobernado, vaciarla de recursos haciendo todo cuanto estaba en su mano porque no se pusiera en marcha o por dificultar, todo lo posible, el desarrollo de su articulado.

Es sobradamente conocido, que Franco murió en la cama, a diferencia de Mussolini, que fue linchado o de Hitler que se suicidó en su bunker berlinés. Por eso, la Transición y el ‘desmontar’ el siniestro andamiaje de la dictadura, ha sido una tarea lenta, tan lenta que todavía no ha concluido.

El texto, que va a ser aprobado en breve, contiene aspectos más que interesantes. Así el régimen franquista pasa a ser definido como ‘ilegal’. Por otro lado, causa sonrojo y es vergonzoso que cientos de víctimas permanezcan en fosas comunes y en las cunetas sin que sus descendientes –ya no hijos sino nietos- puedan al menos reparar su memoria con una sepultura digna. Antes de que llegue el día 14, en que presumiblemente se aprobará la Ley y lamentablemente –algunos siguen anclados en el pasado- tendrá el voto en contra de Ciudadanos, PP y Vox, es decir de los nostálgicos de un tiempo pasado dictatorial.

Pese a todo, se habrá dado un paso cualitativo hacia una memoria compartida. La ley de Memoria Democrática, sustituirá a la de Memoria Histórica (2007) y corregirá alguna de sus lagunas y carencias, que han sido en innumerables ocasiones puestas de manifiesto. ¿Cuáles son las principales? En primer lugar que el Estado asume ser el agente principal en la tarea de localizar y exhumar las fosas (incluso se llega a mencionar Planes Plurianuales para este fin).

Otra modificación, ‘de calado’, anular las sentencias de los tribunales franquistas, lo que va más allá de la Ley de Memoria Histórica, que declaraba ilegítimos a dichos tribunales, mas ahí se paraba. Tiene su importancia que el término ilegitimo se sustituya por el de ilegal, de mucha más precisión jurídica.

Me gustaría comentar que la Fundación Progreso y Cultura y la Escuela Julián Besteiro, ambas de UGT, han organizado conjuntamente un ciclo sobre Memoria Democrática, que se desarrollará entre los próximos meses de septiembre y marzo y que inaugurará Juan Lobato, Secretario General del Psoe-M.

Es importante rendir tributo a la memoria y mantener ‘viva la llama’ revitalizándola y dimensionándola. La memoria no es algo muerto, sino vivo y que a todos nos importa. Es metáfora de la mirada democrática y de todo lo que captamos a través de ella. Es un cristal a través del cual recuperamos el pasado desmarcándonos, eso sí, de lo que tiene de ignorancia, violencia e irracionalidad.

Si somos inteligentes, deberíamos extraeré las consecuencias oportunas, aprender de lo que fuimos, dimensionar lo que nos hace mejores y superar el enfrentamiento estéril y el espíritu guerracivilista.

Son inútiles –y por tanto condenados al fracaso- los intentos de seguir manteniendo las esencias de un pasado excluyente y falaz. Hay quienes con su insistencia dictatorial y ultranacionalista han convertido el pasado en un tren que descarrila y acabará precipitándose en el vacío.

Considero que ha quedado definitivamente atrás un tiempo opaco y gris, en el que las mentiras de unos son asimiladas acríticamente por los que una y otra vez son manipulados, engañados, por un falso concepto revisionista de la historia de nuestro país. Habrá que decir, alto y claro, que hay que poner fin al discurso monótono de los arribistas y de quienes se niegan a romper los vínculos sentimentales con un pasado totalitario.

La memoria ha de formar parte esencial de la cultura. Algunos intelectuales, historiadores, politólogos y sociólogos como el filósofo búlgaro, Tzvetan Todorov, se han mostrado recientemente partidarios de explorar un nuevo culto a la memoria. No conviene, en modo alguno, pasarlo por alto y más en unos tiempos de un uso selectivo del olvido.

Por mi parte, considero que no es exagerado apostar por una auténtica memoria compartida que, en cierto modo, actúe como un nuevo contrato social entre demócratas. La memoria democrática debe ser y está llamada a ser, una manifestación de la conciencia colectiva.

La frase se ha atribuido a diversos historiadores y pensadores, uno de ellos, Marco Tulio Cicerón: ‘La historia es maestra de la vida’. Quienes petrifican la historia no son conscientes de que se están petrificando a sí mismos. De la misma forma que quienes miraban los ojos de Medusa, acababan convertidos en estatuas de sal. De tanto afilar la espada de Damocles, acabará cayendo sobre sus propias cabezas.

En estas reflexiones no puedo dejar de mencionar que el rencor es manifiestamente toxico. Hay paisanos nuestros que no han aprendido nada en el último siglo y medio, por ejemplo, por no citar más que un caso ostensible, que no es lo mismo justicia que venganza. En nuestro país, la única modernidad posible es dejar atrás un país atrasado y fanático, de pistoleros y crucifijos. Una tarea fundamental es sustituir en nuestro horizonte vital la intransigencia por la tolerancia.

Las palabras articulan, dan forma a nuestro pensamiento y dicen mucho de ‘nuestro ser colectivo’. Otra de las tareas que hemos de explorar sin dilación es la de dejar de juzgar a las personas por su ideología.

Lo que es imprescindible es trazar una gruesa línea roja entre demócratas y añorantes de consignas retóricas y vacías, propias de regímenes totalitarios.

Todos aquellos que crean en las formas y principios democráticos, se sentirán a gusto con una memoria compartida. Quienes queden al otro lado, en unos años solo serán ‘fantasmas de un pasado imperial o ultraderechistas erráticos y sin raíces’.

Claro que para llegar ahí es preciso, entre otras cosas, la independencia de la justicia, que es en no pocos aspectos, una deuda pendiente como lo prueba el hecho de que sea una de las instituciones, peor valoradas por los ciudadanos.

Quienes no creen en la democracia son, perfectamente conscientes de que con sus manifestaciones antidemocráticas y sus dudas orquestadas por los medios de comunicación afines, no hacen otra cosa que restar credibilidad tanto a las Instituciones como a los principios y valores democráticos, es más, intentan dinamitarlas y hacerlas explosionar.

En otro momento, continuaremos con estas reflexiones. Me sentiría enormemente satisfecho, con que en vísperas de que el Congreso de los Diputados sancione y entre en vigor la Ley de Memoria Democrática, algunos de los lectores de El Obrero, lean con atención estas reflexiones y compartan los puntos de vista aquí expuestos.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.

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