HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

Los ochenta de Pepe Domingo Castaño


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Si veinte años no es nada y febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra, ochenta años son cuatro veces nada, y es la constatación de que es un soplo la vida, aunque cuando se tienen veinte años uno es infinito. Pepe Domingo Castaño, que también tuvo veinte, es ese hombre que hoy se multiplica por cuatro en el micrófono, figura o estrella de la radio desde aquellos tiempos antiquísimos y dorados en que la SER era la Sociedad Española de Radiodifusión, Guillermo Sautier Casaseca escribía best sellers en el aire, y Matilde Conesa, Eduardo La Cueva, Pedro Pablo Ayuso y Juana Ginzo formaban el start system del Hollywood radiofónico. Pepe Domingo Castaño, que entonces se hacía llamar José Domingo, porque la juventud es a veces más formal que edades más tardías, había llegado desde su Padrón natal, con un máster radiofónico en Radio Galicia, después de dejar atrás el seminario, del que casi sale ordenado fraile, con un revoltijo de sueños en su cabeza yeyé, una voz cálida y vibrante, y un verbo resuelto en torrente. La música fue la isla desde la que rompió cuarenta corazones sin freno ni marcha atrás y en la que se hizo grande junto a pioneros como Joaquín Luqui. En su libro de memorias “Hasta que se me acaben las palabras”, el locutor cuenta las dudas con que vivió su marcha a Madrid, porque en Santiago, en poco más de dos años, se había hecho un nombre, casi un renombre, pero necesitaba dar el salto y se vino a la capital, mano sobre mano, a vivir de su voz, en un tren nocturno que salió de Santiago en 1966 y llegó a Madrid en 1967. Aquella fue la nochevieja más extraña de su vida. Según cuenta, salió de Santiago en medio un aguacero fabuloso. La verdad es que en muchas páginas del libro de Pepe Domingo diluvia, como si Santiago se hubiera disfrazado de Macondo.

Yo lo escuchaba los domingos a mediodía en el Gran, gran, gran Muusisical de la SER y mi vocación trepidante de radiofonista, mi corazón caliente y desbocado se movía al compás de aquel terremoto de palabras y gritos con que pintaba el paisaje de la música joven, ese mester de fantasía que, surgido a partir de la revolución de los Beatles, había convertido en prehistoria las melodías de Machín, Nat King Cole y Conchita Piquer, e incluso había orillado la voz imponente de Frank Sinatra. En aquel islote de los prodigios radiofónicos sonaban Los Diablos y Abba, el Dúo Dinámico y Supertramp, Pecos y Boney M, y oficiaba como solista Pepe Domingo, que compaginó por temporadas la radio con la televisión, aunque no brilló en las 625 líneas con intensidad similar a como sacudía las ondas hertzianas. Su vértigo de comunicador urgente no enamoró a aquel medio frío, aunque tuvo relaciones amistosas y educadas con él. La popularidad del joven locutor llegó a ser tan grande que las discográficas pensaron en él como cantante y lo lanzaron a la carrera musical donde alcanzó un sonoro éxito y el número uno en las listas de España y algunos países latinoamericanos. Su canción “Neniña” le llevó a las nubes de la industria, pero él no se dejó seducir por los cantos de sirena de una fama efímera y prosiguió en lo que era su auténtica vocación, la radio. En realidad de ahí no se ha movido nunca en sesenta años, lo demás, tele, interpretación, no han pasado de ser excursiones pasajeras.

La carrera radiofónica de Pepe Domingo transcurre durante veinte años junto a la de Joaquín Prat, de quien es reconocido admirador. Ambos son animadores, una figura hoy en vías de extinción, y que señala a unos locutores especiales por su capacidad para convertir las ondas en fiesta y celebración permanente. De hecho, cuando Prat dejó la SER, Castaño lo sustituyó en “Carrusel deportivo”, encargado de hacer de la publicidad un componente esencial del programa, que lejos de espantar al oyente lo fideliza. Antes, Pepe Domingo, en pleno éxito, había abandonado “El gran musical”, contra la opinión de los directivos de la Cadena SER, que no entendían esa espantada en un momento estelar de su carrera y con la caja registradora a pleno rendimiento. Pepe Domingo estuvo ineludiblemente unido a la SER hasta que hace doce años se produjo un hecho que dio un vuelco no solo a su trayectoria profesional sino a la radio española. Unas semanas antes del Mundial de Sudáfrica, que concluyó con España como campeona, en la mayor gesta que vivió jamás nuestro fútbol, en una decisión arbitraria los directivos de la SER sancionaron y apartaron del micrófono a Paco González, director del “Carrusel”. González era un referente radiofónico, pero eso no hubiera pasado de una anécdota (¡cuántas figuras, empezando por José María García, no han sido silenciadas!) si Pepe, osado, desafiando a la autoridad, no hubiera plantado cara a la dirección de la cadena, con un discurso que conviene escuchar por lo que tiene de valiente y audaz. Fue el comienzo de una rebeldía que acabó con más de cincuenta periodistas de la SER abandonando la casa y emigrando en masa a la COPE. De “Carrusel” a “Tiempo de juego” con Paco González, Pepe Domingo Castaño y Manolo Lama como grandes figuras. De esta manera, un hombre a punto de jubilarse en su empresa de toda la vida, en un acto de solidaridad que fue también gallardía escribió una página sin precedentes en la radio de nuestro país. Ese hombre, Pepe Domingo Castaño, desafiando la gravedad de los años y la lógica laboral sigue en la brecha. De forma que aquel locutor gallego que a los veintipocos se hizo famoso en Los cuarenta (principales) ha cumplido 80 y sigue en el aire.

Juan Antonio Tirado, malagueño de la cosecha del 61, escribe en los periódicos desde antes de alcanzar la mayoría de edad, pero su vida profesional ha estado ligada especialmente a la radio y la televisión: primero en Radiocadena Española en Valladolid, y luego en Radio Nacional en Madrid. Desde 1998 forma parte de la plantilla de periodistas del programa de TVE “Informe Semanal”. Es autor de los libros “Lo tuyo no tiene nombre”, “Las noticias en el espejo” y “Siete caras de la Transición”. Aparte de la literatura, su afición más confesable es también una pasión: el Atlético de Madrid.

Tu opinión importa. Deja un comentario...


Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso
y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider