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Efectos de las elecciones autonómicas andaluzas


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

La confirmación de los resultados de las elecciones autonómicas andaluzas, como ya anunciaban los sondeos, ha dado lugar a reacciones que parecen más propias de los aparatos de propaganda de los partidos que de un análisis objetivo de la situación política resultante. Por eso, conviene examinar las consecuencias prácticas de estas elecciones soslayando la fácil manipulación partidista a la que algunos van a tender.

Antes de examinar las consecuencias políticas reales de estas elecciones, puede ser útil avanzar algunas consideraciones previas que sitúen los antecedentes. El primer punto que merece una cierta glosa es el papel de Ciudadanos. Nacido como partido novedoso y moderno en Cataluña y afianzado como partido claramente opuesto al independentismo, su gran triunfo electoral en las elecciones de 2016 (al igual que Podemos) fue paradójicamente la causa de su fracaso (probablemente definitivo), porque los sondeos que se difundieron en 2018 hicieron creer a Albert Rivera que sería el sustituto natural de Mariano Rajoy en la Presidencia del Gobierno. Que Pedro Sánchez ganara la moción de censura en junio de 2018 no sólo trastocó los planes de Ciudadanos, sino las expectativas vitales del propio Rivera, que hizo del Presidente Sánchez el enemigo a abatir, como se vio en la campaña electoral de abril de 2019. Tras aquellas elecciones, si hubiera formado Gobierno con el PSOE, a Ciudadanos le habrían correspondido varios Ministerios y el propio Rivera habría sido probablemente Vicepresidente. Pero Rivera había acumulado demasiado despecho a Pedro Sánchez (se vio durante la campaña electoral) y no quiso oír hablar de coalición con el PSOE. En las elecciones de noviembre del mismo año, Ciudadanos se hundió y Rivera tuvo el fin de todos los políticos fracasados. A pesar de dimitir Rivera, su sucesora, Arrimadas, no cejó ni un momento de una política de derechas que competía con el Partido Popular en agresividad con el PSOE y, como ya había hecho Ciudadanos en Andalucía a comienzos de 2019, prefirió aliarse con el Partido Popular y regalarle el Gobierno en Castilla y León, y Comunidad y Ayuntamiento de Madrid. Viene a cuento este largo excursus porque en las anteriores elecciones andaluzas Ciudadanos obtuvo 661.371 votos (21 escaños) y esa cifra tan significativa correspondía a votantes conservadores, muchos de ellos antisocialistas. Por consiguiente, ya en 2019 se había asentado en Andalucía un voto conservador que, tras la campaña propopular de Juan Marín, ha regresado a la derecha. Con ese antecedente, solo una gran movilización del votante potencial de la izquierda, hubiera evitado la derrota conservadora.

La segunda reflexión atañe a la división del voto de la extrema izquierda. Si fue lamentable el final de la candidatura de Por Andalucía (con el posible boicot de Podemos, pues Iglesias Turrión no da puntada sin hilo), la separación de Teresa Rodríguez con su nuevo partido Adelante Andalucía, nos muestra la inmadurez (si no complicidad con la derecha) de cierta izquierda que prefiere fracasar como partido para mantener intacto el personalismo de ciertos dirigentes. Con una extrema izquierda tan dividida también era un milagro vencer a la derecha del Partido Popular.

La tercera reflexión es el relativo éxito de Vox. Como n va a condicionar al Gobierno andaluz todos hemos quedado aliviados, pero, aunque Vox haya retrocedido respecto a las últimas elecciones a Cortes, ha mejorado respecto a las anteriores autonómicas y ha tenido tantos votos y más escaños que toda la extrema izquierda. El fenómeno sigue siendo preocupante, como está pasando en Francia con el Reagrupamiento Nacional de Le Pen. Tenemos en España una extrema derecha fuerte y debemos reflexionar como se la aísla políticamente.

Tras estas consideraciones, vayamos a los efectos políticos de esta elección. Lo más repetido por la prensa conservadora es el supuesto cambio de ciclo, que prefiguraría un triunfo del Partido Popular en las siguientes elecciones a Cortes Generales. Pero el verdadero cambio de ciclo, al menos en Andalucía, se produjo en 2018 cuando las tres derechas obtuvieron 1.810.000 votos (aproximadamente), frente a unos 1.594.000 de la izquierda. Si Moreno Bonilla formó Gobierno con Ciudadanos es porque había Diputados suficientes, con independencia de que Ciudadanos podía haber repetido la coalición con el PSOE, pero la cabra tira al monte. El cambio relevante han sido los 120.000 votos que ha perdido el PSOE y que en buena parte se han ido a la abstención. Ese es el reto futuro y doctores tiene la Iglesia para fijar una estrategia de recuperación de un voto que todo hace pensar que son votantes que prefieren abstenerse antes que votar a las derechas. Por eso, es incorrecto hablar de cambio de ciclo que, vuelvo a decir, se produjo años antes, sin que ello impidiera al PSOE ganar las dos elecciones en 2019.

La segunda consecuencia de las elecciones será la política nacional del Partido Popular. Evitemos el tópico de la supuesta “moderación” de Moreno Bonilla y de Núñez Feijóo. Ha habido una campaña no agresiva, como hacía Pablo Casado. Pero nada nos hace pensar que el Partido Popular cambie su política agresiva en el fondo, no en la forma. Ni Aznar ni Rajoy fueron “moderados” y no lo va a ser Núñez Feijóo, porque la derecha política y la derecha mediática han olido sangre y van a presionar al Presidente del Partido Popular para que mantenga un pulso con dureza con el Gobierno y con el PSOE. Habrá que ver si Núñez Feijóo acaba aceptando la renovación del Consejo General del Poder Judicial, pero es de temer que, con alguna menor agresividad formal que Casado, la guerra al Gobierno, la petición de disolución de las Cortes, seguirá y hasta quizá se incremente. Es verdad que estas elecciones no son buena noticia para Díaz Ayuso, porque refuerzan a Núñez Feijóo, pero no debemos pensar que este se va a comportar con lealtad democrática, porque mantendrá la guerra que le cubre frente a Vox y frente a Díaz Ayuso. Ni moderación en la política de oposición (que tanto ha aplaudido Garamendi, haciendo que la CEOE se retrate como organización proclive al Partido Popular), ni moderación en el programa y en los objetivos que son los mismos de todas las derechas europeas.

Por consiguiente, hemos de pensar que las elecciones andaluzas ni suponen un cambio de ciclo (producido hace años), ni va a cambiar la política del Partido Popular, que seguirá siendo un partido duro y desleal con el Gobierno. Pero, el PSOE habrá de rediseñar su estrategia para recuperar a los abstencionistas que, por diversas razones, prefieren quedarse en su casa.

Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.

Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.

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