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Moreno cabalga, Feijóo respira


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)
Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo en una foto de la Junta de Andalucía vía flickr. Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo en una foto de la Junta de Andalucía vía flickr.

A dos semanas de las elecciones andaluzas, se aprecia en el ambiente una singularidad sobre la que no había costumbre. El grado de favorito del presidente Juan Manuel Moreno cuenta para todos los expertos en encuestas, analistas y habituales del instinto e intuición de comportamientos electorales.

La mayor parte de los adelantos proféticos científicamente construidos colocan a Moreno a muy poca distancia de la mayoría absoluta y la noticia demoscópica se desdramatiza de tal modo que incluso las fuerzas de izquierda, fundamentalmente el Partido Socialista, encuentran tan razonable la continuidad de Moreno, esta vez ganador de elecciones, no como en 2018, que, de suceder lo contrario, constituiría una sorpresa insuperable.

Tan intocable parece el pronóstico favorable al candidato popular que la mayor oposición se dibuja en las filas de Vox, que hasta el pronunciamiento de los análisis de proyección aparecía como una fuerza que iba a demediar con división parigual el voto conservador.

Ahora, el estilo tranquilo de Moreno contemporiza y goza de los anhelos de Feijóo al tiempo que concita la concentración de inquina en el extremismo de Vox, cuya candidata, Macarena Olona, dará momentos de gloria durante la campaña con ese estilo jupiterino de cuya propiedad se encuentra tan encantada, tanto de haberlo puesto a su nombre como que se reconozca su producción.

Olona, de predilección por la retórica de Falange y su reinvención necesaria, no podrá olvidar el término “resuelta minoría”, que gustaba decir José Antonio Primo de Rivera, como se puede leer en el libro de Javier Pradera, “La mitología falangista” (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2014).

En este preciso instante, solo existe una persona con más disposición al festejo por las encuestas que el propio Moreno. Y esa persona es Núñez Feijóo, quien de confirmarse las cosas el 19 de junio, y no depender de Vox, podría desprenderse del plomo en las alas que viene soportando desde la constitución del gobierno en Castilla y León, con sonrisa cómplice de la inquilina de la Puerta del Sol, Díaz Ayuso, partidaria de la defensa de la batalla ideológica frente al equilibrio presupuestario y otras preocupaciones sobre las cuentas del Estado.

Son dos las grandes causas de los dolores de cabeza del líder gallego del Partido Popular: la existencia de Vox y la de Isabel Díaz Ayuso. Esa confraternización aparente de Feijóo con Ayuso se demostrará falsa antes o después y el origen del distanciamiento partirá de la Puerta del Sol antes que de la calle Génova, por ubicar en el callejero de la ciudad de Madrid los movimientos tectónicos que han de suceder.

Ahora que Génova, 13, recobra el interés urbanístico y de Registro de la Propiedad que había perdido en los efímeros tiempos del presidente Pablo Casado, empeñado en el fetiche del ladrillo más que en el reconocimiento de la podredumbre orgánica del partido que gobernaba, se ve que con mano insegura.

El estilo de Feijóo respecto de la formación ultra conservadora de Abascal es calculado siempre en función de los intereses del Partido Popular, como en el caso del presidente Fernández Mañueco, en Valladolid, a quien no hubo más remedio que dejar hacer, primero porque acababa de llegar y no se hubiese entendido un dictado que hiciese peligrar el gobierno de Castilla y León, aun cuando las simpatías del socio de gobierno, Vox, fuesen y sean muy limitadas para el dirigente gallego.

Llegado entonces al epicentro andaluz de la cita del día 19 de junio, si Moreno cumple las expectativas que pronostican los analistas, las asistencias de Vox no se revelarían necesarias y el entramado PP tendría el conjuro contra el error cometido a conciencia del gobierno en Castilla y León de la mano de ultras que en principio afearon el trazado de Feijóo.

Ahora bien, entonces se podrá comprobar el verdadero rostro de Macarena Olona ante la adversidad de su pretendido escenario. Olona puede convertirse en un error del propio Santiago Abascal, quien llegado el momento no podrá frenar la tendencia al exceso de la reconvertida granadina, tranquila en el inicio de campaña, pero apuntada en Andalucía llegado el caso al triunfalismo de Queipo de Llano, en 1936, “hemos tomado Montilla y mañana tomaremos Valdepeñas”.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.

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