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Feijóo y la alternativa del Senado


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Alberto Núñez Feijóo en una foto del Partido Popular. Alberto Núñez Feijóo en una foto del Partido Popular.

El presidente del PP, Núñez Feijóo, hace su presentación con montados, como se refería en la antigua tauromaquia, el próximo día 7 de junio, en sede parlamentaria del Senado, institución que constitucionalmente sirve a los intereses de representación territorial y llamada Cámara Alta, como si el Congreso de los Diputados, con mérito de menor catadura, fuese de naturaleza inferior, pese a que todas las sesiones gloriosas de memorables chasquidos verbales entre diputados se hayan celebrado en su espacio de debate.

Salvo alguna comparecencia recordada en la primeras Cortes, donde el Senado, en 1977, tenía una cuota de designación real, con mucha autoridad en distintos campos de relevancia social y académica, el Senado viene a ser una plaza de segunda en un orbe de representación inclinado hacia el prestigio del Congreso. Feijóo, pese a ello, no tiene otra opción para el empeño de rivalidad pública con el presidente Sánchez que rendirse a las escasas posibilidades que le brinda la segunda tribuna de exposición parlamentaria. Con esos caprichos que permite la mecánica del Senado, con designación de senadores por las comunidades autónomas, Feijóo ha entrado en su seno en una suerte de procedimiento sobre el que la gente ni pregunta, del mismo modo que el senador Javier Maroto representa a Castilla y León vía Sotosalbos, cuya filiación y registro residencial sorprenden al propio interesado más que a todos los demás.

El líder gallego ha dado a conocer su pregunta al jefe de gobierno –“¿considera que su Ejecutivo está a la altura de las necesidades de las familias españolas?"-, a la que cualquier interpelado estaría tentado de contestar con un monosílabo rotundo sí. Y ya está. Todo parece indicar que este inicio de oposición cara a cara ofrece un enorme marco de decepción porque esta pregunta escapa a todas y cada una de las expectativas depositadas en el potencial recambio de los destinos de España. El Senado no parece ser el escenario adecuado para que la opinión pública esté pendiente del acontecimiento. Aquellas prisas por reventar el futuro de Pablo Casado para evitar el enfado de Isabel Díaz Ayuso en lo que parecía y parece un caso de utilización familiar en provecho no menos familiar precipitaron la eclosión de Feijóo, quien carecía de condición de diputado.

En el año y medio restante para el final del mandato de noviembre de 2019, las ocasiones en que se verán frente a frente el jefe del ejecutivo y el de la oposición no serán superiores a siete u ocho. A menos que el crecimiento de redes sociales y otras modalidades mediáticas sean capaces de ocupar el vacío de rivalidad, el transcurso de este tiempo pre electoral será un lapso desértico para la formación de una arquitectura de oposición, sobre la que debe forjarse el aprovechamiento de Pedro Sánchez, con manejo de la situación desde los resortes que proporciona el ejercicio del poder. El optimismo que emana de las encuestas en las elecciones andaluzas sobre las posibilidades del PP, y Feijóo, carece de la posibilidad añadida de la exhibición de la esgrima verbal de los debates en la sede del Congreso y con motivo de lizas extraordinarias.

El Senado, el mismo donde en la transición Camilo José Cela, antes del Nobel, mandaba “ a tomar por culo” a los periodistas, en medio de la risotadas de su clientela, o asediaba los comportamientos del cura Xirinacs con desahogo orgánico cuando el primero pedía amnistía, es sustituido ahora por un espectáculo menor con el jefe de la oposición haciendo los deberes para forjarse esta rebeldía sobrevenida, ya con una edad, la del opositor gallego, sesentera y alejada de los espasmos de las conquistas de votos por el camino del riesgo y el exceso. Feijóo, ante el reparto de sus preocupaciones, como el personaje de Luis Landero, en “ Lluvia fina” (Tusquets, 2018), “de pronto nos enfrentamos a la inmensidad del universo, pero también a la duda de si quedará mermelada de naranja para el desayuno”. Sería el primer presidente español en rebasar la edad de sesenta años para cruzar el umbral de la Moncloa y el paso previo del Senado parece insuficiente para el adiestramiento de las primeras armas.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.

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