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La autofobia. La soledad no es Instagramable


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

¿Qué esconde la manía de sacar el smartphone en cuanto se está solo, sino el miedo al aislamiento? Este reflejo dice mucho sobre las paradojas de una era ultraconectada.

Es la cola de un cine en una tarde en la ciudad, el vestíbulo de una estación donde los horarios tardan en aparecer, un andén de metro abarrotado por la mañana... Muchas personas solas están allí, esperando a sus amigos, a un ser querido, a un tren... Observe a los actores -¡incluido usted! - de estas pequeñas escenas ordinarias. Todos están encorvados sobre sus teléfonos móviles, aparentemente absortos en fascinantes interacciones con misteriosos interlocutores. En realidad, a menudo están jugando a las cartas virtuales, ¡pero eso no importa! Todos ellos escapan a la vergüenza suprema de la primera mitad del siglo XXI: ser sorprendido en el acto de la soledad, aunque sea temporalmente.

No faltan otros indicadores tecnológicos de este miedo a parecer que se ha quedado atrás. Así, son legión las distintas apps que ahora permiten no almorzar en la oficina, en la única compañía de un poke bowl frente al ordenador. "Nunca comas solo", declaró el primero de ellos. El mandato es claro: las personas brillantes siempre tienen el almuerzo en la estufa. Y no es cuestión de dejarse ver en la cantina solo, en el abandono existencial...

Para la filósofa Marie Robert, autora de los bestsellers Kant tu ne sais plus quoi faire il reste la philo (1) y Descartes pour les jours de doute et autres philosophes inspirants (2), "las relaciones sociales se han convertido también en objetos de consumo. Ser joven, bello y, sobre todo, estar bien rodeado es el tríptico de la actualidad. Detrás de este culto a la pandilla, está la idea de que somos integrados y adaptables. Estar solo hoy es realmente ser disfuncional".

¿Se ha convertido la autofobia, la patología que describe el miedo mórbido al aislamiento, en una virtud? Parece que sí... Compartir piso, por ejemplo, se extiende ahora mucho más allá de la edad de los "estudiantes arruinados": al 41% de los trabajadores les gusta ahora esta forma de vida, y al 6% de los jubilados (encuesta del Observatorio 2020 de la colocación), y la principal motivación del 73% de ellos es conocer gente nueva, ¡no ahorrar dinero! Ser independiente ya no es una fantasía, sino que incluso es una desventaja. Vivir como eternos amigos, charlando en grupo entre plantas verdes y espejos de ratán, en cambio, es genial. A no ser, claro, que hayas encontrado el amor entre tanto, y la convivencia en pareja que ahora va de la mano... En ese caso, ¡nos aferraremos a él con fuerza!

La psicóloga estadounidense Elizabeth Lombardo, autora de best-sellers en el apartado de desarrollo personal, ha constatado la aparición de un nuevo síndrome contemporáneo: FOBU (o Fear of Breaking Up), que supone la muerte del buen adagio vintage "Es mejor estar solo que mal acompañado". ¿Por qué esta creciente incapacidad para afrontar la soledad, personal y socialmente?

Según Marie Robert1, es "porque no queremos oír. ¡No escuchar el vértigo que nos embarga cuando pensamos! No estar solo significa no tener que negociar con nuestros miedos, nuestra culpa y nuestra responsabilidad. La soledad impone una postura de lucidez, la luz cruda. ¿No decimos "No te quedes solo" en un momento delicado? Estar solo es una prueba metafísica. Pero estamos viviendo un periodo tan angustioso que mucha gente ya no puede soportarlo. Además, ¡la soledad no es muy Instagrammable! A menos que añadas una manta, un libro, un gato y un té caliente".

Las redes sociales son -como siempre- el catalizador perfecto en este oscuro asunto: "Te etiqueto, me gustas, te reengancho... ¡Si no tengo todo esto, es mucho peor que no estar invitado al baile! Siempre ha habido gente popular y gente solitaria, pero aquí los números presionan dolorosamente donde duele". Una cosa es estar solo, y otra es que te recuerden constantemente tu insignificancia social... Incluyendo a las parejas, muchas de las cuales se dejan absorber por una agitada vida tribal -viajes, vacaciones, cenas rituales- ¡y abundantemente publicitada!

Así que el infierno ya no serían los otros? ¿Y el grupo se habría convertido en una forma de nirvana envidiable? Más bien un purgatorio", analiza Marie Robert. Porque esta hiperpresencia del grupo no es un pensamiento de alteridad. No pienso en el otro cuando estoy con muchos otros... Y sin embargo, sólo el otro puede responder al abismo que nos habita y ayudarnos a dibujar nuestros propios contornos. Ni grupo ni soledad, ¡militemos por el uno a uno! No se puede decir mejor...

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1(1) Marie Robert autora de Kant tu ne sais plus quoi faire il reste la philo, coédition Flammarion/Versilio, Marie Robert, Descartes pour les jours de doute et autres philosophes inspirants, coédition Flammarion/Versilio.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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