HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

Sumar a la izquierda para hacer frente al ruido populista


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

'Hace tiempo que asistimos a la estrategia de disuasión masiva de la democracia y del voto progresista'.

Con la pandemia y la guerra en Ucrania se cierra una época y se abre otra de incertidumbre, con la aceleración de la transición al mundo digital y al nuevo orden geopolítico. Desde la sociedad líquida de Bauman y la sociedad del riesgo de U. Beck corremos aceleradamente hacia una sociedad gaseosa y explosiva de la inseguridad, marcada por las amenazas y las calamidades.

Así, en la pandema de covid19, como históricamente en todas las grandes pandemias, hemos pasado de la incredulidad al miedo y luego a la sensación de vulnerabilidad junto a la responsabilidad. Al final recurrimos al olvido, instalados en la incertidumbre y con una sensación de vértigo.

Ahora, la guerra de Ucrania es a la vez el canto del cisne del viejo orden y el comienzo de una nueva época de inestabilidad geopolítica protagonizada de nuevo por dos grandes superpotencias, China en alianza con Rusia de un lado frente a los EEUU junto con Europa de otro, con el riesgo nuclear siempre presente. Una guerra, tan inesperada como en su inicio lo fue la pandemia, y cuyas consecuencias económicas sobre la escalada de los precios ha acentuado, junto con los coletazos de la pandemia en la cadena de suministros, la misma sensación de inseguridad, también económica y la amenaza de una crisis global.

Por eso, el voto electoral mayoritario en el contexto de la pandemia se ha orientado hasta ahora en favor de la seguridad y de la continuidad, junto al incremento del voto populista del agravio y el rencor. Al final tiene que evolucionar hacie el voto a las candidaturas provinciales, de la vuelta al seno comunitario y al paroxismo populista: “la política no sirve”. Como si eso no fuera una afirmación muy política.

En este sentido, la política del neoliberalismo populista (el partido del pueblo de Ayuso es subproducto del populismo asumido inicialmente por la izquierda) es un producto más de consumo y las campañas electorales campañas de publicidad. Han cambiado los proyectos y las reformas por meros relatos autocomplacientes, los programas políticos por cartas a los reyes magos para el autoengaño y los debates por una polarización antagónica para la agitación de las hinchadas respectivas. Sin el combustible de la polarización el populismo se detiene. Por otra parte, los acuerdos entre adversarios ya no se estilan y cuando surgen tampoco se explican. Desde luego los acuerdos de Estado no pueden proliferar en este medio centrígufo.

En este contexto, la pregunta fundamental es por qué en las últimas encuestas la seguridad se asocia mayoritariamente a las derechas, cuando la realidad ha ido por otro lado, ya que la mayor parte de sus gobiernos autonómicos en España ni siquiera han sido capaces de culminar los cuatro años de la legislatura y no han destacado precisamente por su gestión de la pandemia, sino por utilizarla para hacer oposición a la actuación del gobierno central o para ignorarla. Tampoco en estos años de gestión han tenido otros resultados reseñables, salvo el conocido mantra conservador de la rebaja de impuestos, fundamentalmente a los más ricos, y de la liberalización del suelo, también a beneficio de promotores y constructores.

Y eso es así, quizás, porque, la imagen de la coalición-que no ha querido dejar de asentanrse en un modelo centrífugo- de las izquierdas en el gobierno central es sin embargo la del ruido y la inestabilidad e incluso para los sectores más los conservadores la sitúan como paradigma de la radicalidad, la crispación y fuera de la Constitución.

Sin embargo, a pesar de la pandemia y de la guerra o precisamente como consecuencia de ambas, pocos gobiernos europeos pueden presentar un balance tan ambicioso, sobre todo en políticas de sostenimiento y recuperación de la economía así como de avances en materia de protección social, primero en la pandemia y luego en el contexto de la guerra. Con instrumentos fundamentales como los ERTEs, el incremento del salario mínimo, el ingreso mínimo vital y la revalorización de las pensiones, se ha logrado un crecimiento por encima de la media, superar los veinte millones de afiliados a la seguridad social y que la mitad de los empleos creados sean como empleo fijo. Frente a un relato simplista de la derecha basado en el catastrofismo y la ruina, y una oposición de obstrucción y bloqueo.

Una posibe explicación es que las incertidumbres provocadas por las catástrofes de la pandemia, la guerra, el clima..etc están siendo tan profundas que a pesar de las medidas adoptadas, sus limitados efectos quedan diluidos en la realidad y más aún en la mente de los votantes, confundidos en tiempos populistas, entre el narcisismo de las promesas sin compromisos, el autoengaño y el agravio antipolítico tanto personal como comunitario.

Sin embargo, lo fundamental ha sido la primacía del ruido del debate populista de la deslegitimación de origen de la mayoría de gobierno, por la alianza con el independentismo y la polarización de las identidades, encabezada en particular por la ultraderecha, para dividir a la sociedad en torno a las consecuencias de la globalización y la digitalización, así como sobre las medidas adoptadas en favor de la igualdad de género, contra el cambio climático o frente al racismo en los sectores más tradicionales. Por otra parte, la deficiente estrategia de comunicación política del gobierno y el alineamiento mayoritariamente conservador de los medios de comunicación, para emular el populismo de las redes sociales, han contribuido también a distorsionar el mensaje final.

Sí a todo esto se añade el modelo centrífugo en el que se ha instalado la izquierda y que provoca el ruido interno de las desavenencias públicas en el seno del gobierno, de las tensiones y conflictos interminables entre los grupos parlamentarios de la mayoría de investidura, amplificados por la estrategia, también centrífuga de confrontación, deslegitimación y desestabilización de la oposición de las derechas compitiendo entre sí en radicalismo, en definitiva a lo que asistimos es a la disuasión masiva de la participación en democracia y en particular del voto progresista.

Mientras tanto, el votante agitado por la polarización contra la izquierda y sus aliados, últimamente con la ultraderecha como depósito de un conglomerado de agravios antisistema, y con el presidenciable Feijóo y su aparente moderación, las derechas cada vez se encuentran más movilizadas en una suerte de campaña permanente.

Así, hemos pasado de las elecciones autonómicas vascas, gallegas y catalanas, a lo largo de la pandemia, en las que ha primado el voto a la continuidad y la estabilidad, y luego a la urgencia de la salida y el olvido de la vulnerabilidad ante la perspectiva del final y el cansancio de la pandemia en las elecciones anticipadas de la Comunidad de Madrid, para confirmarlo recientemente en Castilla y León con el reparto entre la derecha de la estabilidad del gobierno y la ira de la ultraderecha en el gobierno de coalición. El laboratorio de la normalización de la ultraderecha en el futuro gobierno de España.

También, en Andalucía las encuestas apuntan a otra probable victoria de la derecha de la mano de la ultraderecha. Ya sea porque una parte de la izquierda todavía se asocia a un largo periodo de gobierno del PSOE culminado por el caso de los EREs, aún pendiente de recurso ante el Tribunal Supremo, mientras la otra parte, que proviene de la ruptura de Adelante Andalucía, se presenta dividida con respecto a la coalición de gobierno progresista y con desavenencias también en el propio seno de Por Andalucía, relacionadas con las reticencias de Podemos a la plataforma política 'Sumar' encabezada por Yolanda Díaz.

En resumen, el lastre para unos y otros se encuentra en su dificultad para gestionar la pluralidad sin conflictos y en las adherencias aún enormes de un paradigma populista que dificulta su proyecto, tanto en la coalición de gobierno, en Unidas Podemos, en la elaboración de las listas y en el parlamento español.

En definitiva, para recuperar el impulso perdido se trata de pactar el calendario normativo en las iniciativas fundamentales dentro del gobierno y con la mayoría de investidura para reducir al mínimo la sensación de inseguridad, de gestionar de otra manera las diferencias y las identidades, anteponiendo el diálogo más allá de la propoa izquierda y poniendo en valor los acuerdos. El objetivo también debe ser el establecer dentro de ese calendario las materias susceptibles de acuerdos institucionales o transversales, al objeto de romper el cliché y de trasladar la carga de la prueba a la oposición.

En la izquierda de la socialdemoracia, la del reformismo fuerte, se requiere un proceso de suma: de acuerdo interno y sobre todo de apertura sin sectarismos ni naves nodrizas y con voluntad electoral y de gobierno, pero también de construcción de una nueva fuerza política que retome la izquierda interrumpida en todas sus dimensiones, la filosófica, la política y la práctica. Este entronque con esa izquierda ya sucede en la acción de gobierno y es lo que ha provocado por una parte la posibilidad de detener la decadencia del proyecto reformista y por otra los mayores logros sociales y económicos del gobierno que antes se mencionaban. También se requiere para la viabilidad del propio sistema democrático.

He ahí donde se encuentra el principal reto de cara a las próximas elecciones autonómicas y locales de Mayo de 2021, para afrontar poco después y con garantías las próximas generales.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

Tu opinión importa. Deja un comentario...


Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso
y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider